Mauricio Macri, frente a la crisis cambiaria, admite que necesita fortalecer el área política y negociar con la oposición.
Mauricio Macri, frente a la crisis cambiaria, admite que necesita fortalecer el área política y negociar con la oposición.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Exploran acuerdos de gobernabilidad que eviten una crisis de proporciones

Acuciados por la fragilidad económica, en el oficialismo creen que llegó la hora de negociar con el PJ y con Massa, mientras que Cristina Kirchner, al margen de esas conversaciones.

“Hasta hace no mucho tiempo, la teoría aceptada en el Gobierno era que todo se basaba en la economía y la comunicación. Pero eso se cayó, porque la economía no funcionó como se pretendía y la comunicación se quedó sin tener qué comunicar. Entonces se tuvo que volver a la política, que era la pata que faltaba”. Bien podría pensarse que la frase pertenece a un dirigente de la oposición, pero no deja de sorprender que haya salido de boca de un referente oficialista.
Uno que, incluso, integra las mesas políticas que el presidente Mauricio Macri restituyó en medio de la crisis cambiaria, que derivó en el auxilio del Fondo Monetario Internacional y en posteriores cambios en el Gabinete nacional. Aunque de acuerdo a este dirigente, esos cambios que impactaron en el ala económica del Gobierno –la más cuestionada por imperio de la realidad- deberían extenderse ahora al ala política, que debe ganar en volumen para recuperar autoridad.
El razonamiento que sigue este funcionario de la primera línea de Cambiemos es que el programa económico también se vio afectado -entre otras cosas- por la división de la responsabilidad en diversos ministerios, sin que ninguno de ellos tuviera la decisión final y que hasta hubiera contradicciones importantes. En términos políticos, eso perjudicó directamente al presidente Mauricio Macri y al jefe de Gabinete, Marcos Peña, quienes fueron señalados por la falta de coordinación. Pero como ellos están en la cúspide del poder, el esquema se cobró otras víctimas.
La primera, en forma prematura, fue Alfonso Prat Gay, quien amagó con reclamar mayor poder de decisión y salió eyectado del Gabinete. La segunda, más cerca en el tiempo, fue Federico Sturzenegger, a quien pueden achacársele maniobras erráticas en la política monetaria del Banco Central y metas demasiado ambiciosas en el combate de la inflación, pero que tampoco pudo desarrollar sus planes a raíz de las interferencias políticas, materializas en aquel famoso 28D.
Ahora, que con la mini-corrida del dólar del jueves y viernes últimos, las miradas se posan sobre Luis Caputo (BCRA) y Nicolás Dujovne (Hacienda y Finanzas), la dupla que empoderó finalmente Macri para el manejo de la economía, no son pocos los que en el oficialismo se preguntan si no llegó la hora de fortalecer a uno o dos funcionarios del ala política, que le otorguen al Presidente un margen de maniobra menos acotado que el actual para las arduas negociaciones que se vienen.

Tríos de poder
En ese punto, las miradas están puestas sobre Peña. El jefe de Gabinete es un funcionario clave para Macri, prácticamente su alter ego, pero no tiene predicamento sobre referentes decisivos de Cambiemos como la gobernadora María Eugenia Vidal, el alcalde Horacio Rodríguez Larreta y el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Tampoco exhibe poder de convencimiento sobre los líderes de la oposición dialoguista, Miguel Pichetto, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey.
Ambos tríos, tanto el oficialista como el opositor, son hoy determinantes para entender lo que está sucediendo y lo que sucederá en los próximos meses en la política argentina.
El primero de ellos busca convencer a Macri de que debe dar señales políticas para sacudirse la crisis de confianza que se expresa en la volatilidad de los mercados. El Presidente ya avaló en parte esa postura al sacar del Gabinete a los ex ministros Aranguren (Energía) y Cabrera (Producción).
Pero el envión del dólar de los últimos días se convirtió en otra señal de alarma para el jefe de Estado. Tal vez esos cambios resulten insuficientes y la crisis continuará horadando su imagen ante los argentinos. ¿Será el momento de recategorizar a Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, dentro del Gabinete? La pregunta corrió como un reguero de pólvora en Cambiemos porque este funcionario será el encargado de negociar el Presupuesto de 2019, post acuerdo con el FMI.
En especial, Frigerio deberá conseguir el acuerdo de los gobernadores provinciales, sobre todo los del PJ, para que los diputados y senadores de esas provincias le den el visto bueno a un proyecto que incluirá fuertes recortes presupuestarios. El reciente despido de 350 empleados de la agencia de noticias estatal Télam es un ejemplo de ello: un tercio de su plantel quedó afuera. Más allá de cualquier consideración, esa misma será la medida del ajuste para cumplir las metas del Fondo.
Claro que los gobernadores no aceptarán mansamente un hachazo a los recursos. Y como tienen poder de negociación, ya adelantaron condiciones: la primera de ellas es que se fije una adenda al Pacto Fiscal firmado el año pasado entre la Nación y las Provincias, que les permita a estas últimas seguir cobrando impuestos como Ingresos Brutos, cuya rebaja perjudicó la recaudación de los distritos. En un momento de extrema necesidad, el Gobierno estaría dispuesto a concederla.

Recalculando
La Casa Rosada y el Ministerio de Hacienda también estarían recalculando otros aspectos tributarios, como las retenciones a las exportaciones agropecuarias. El próximo martes, sin ir más lejos, el presidente Macri se reunirá con la Mesa de Enlace. ¿Les pedirá comprensión y apoyo para superar la crisis? “La situación está muy complicada y tenemos que llegar a fin de año”, se le escuchó decir a un asiduo concurrente a la Rosada, que no descartó una decisión resonante.
Por afuera del Gabinete, los que se mueven para que el “peronismo racional” no le termine haciendo el juego a Cristina Kirchner –quien se mantiene en silencio - son la gobernadora Vidal y el alcalde Larreta. Ambos se ocuparon de mantener abierto el diálogo con dirigentes como Pichetto, Massa o Urtubey cuando arreciaba el “purismo amarillo” y el manual del consultor Durán Barba los catalogaba como exponentes de la “vieja política”.
Al tándem Larreta-Vidal se sumó en las últimas semanas el diputado Monzó, quien fue indultado por la Gobernadora por la razón de que se necesitaba masa crítica para fortalecer el ala política de Cambiemos, frente al predominio –ineficaz a la vista de los resultados- de los Ceos del Gabinete nacional. Monzó había reclamado inicialmente ampliar Cambiemos con una pata del PJ. Pero ya es tarde para eso. Ahora se conformaría con que el peronismo no vuelva detrás de Cristina Kirchner.
Monzó tiene un diálogo fluido con Massa. A tal punto, que vio el partido que la Selección argentina le ganó a Nigeria –previo a la eliminación de ayer ante Francia- en una oficina que el líder del Frente Renovador tiene en Tigre. También estuvo allí el diputado oficialista Nicolás Massot, jefe del bloque del PRO.

Oportunidad para negociar
Monzó estima que el massismo se unirá al PJ federal en la Cámara baja desde agosto. Y que en ese conglomerado reside la oportunidad de negociar. Massa sabe que será requerido para eso, por lo que ya se reunió con el salteño Urtubey, el único de los gobernadores del PJ que expresa su intención de ser candidato a presidente en 2019. ¿Avanzaron en esa charla a solas en un acuerdo para integrar una fórmula conjunta? Tal vez eso sea demasiado prematuro, pero lo que con certeza estuvo sobre la mesa es un análisis de la situación del país y de la forma en que se plantarán sus diputados ante los pedidos del Gobierno.
Ambos vieron con buenos ojos el nombramiento de Dante Sica en el Ministerio de la Producción, aprobación a la que se suman gobernadores del PJ como Juan Schiaretti (Córdoba) y Carlos Verna (La Pampa). Pero en el fondo, creen que el rumbo económico que sigue Cambiemos no funcionará en un contexto en el que se revalúa el dólar a raíz de la guerra comercial entre China, Estados Unidos y Europa. Pero al igual que Pichetto, no son refractarios a un acuerdo político que privilegie la gobernabilidad.
Con todos los problemas a cuestas, ese es justamente el camino que ya explora el Gobierno.

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