María Eugenia Vidal hace campaña como si fuera candidata, para robustecer las posibilidades de Esteban Bullrich.
María Eugenia Vidal hace campaña como si fuera candidata, para robustecer las posibilidades de Esteban Bullrich.
PANORAMA POLÍTICO DE LA SEMANA

Mirada política, más allá de las elecciones

La política bonaerense opera por estas horas como si la elección legislativa hubiera pasado. No sólo eso: en base a un presunto resultado que dejaría en las alforjas de Cambiemos la victoria electoral del domingo 22.
No es que oficialismo y oposición estén desentendidos de los comicios. Los candidatos siguen las recorridas, encabezan pequeñas movidas y buscan seducir a un electorado que, según marcan las encuestas, muestra una escasa porción de indecisos. Trazan estrategias para estas dos últimas semanas clave de campaña en la que pretenden conmover a los votantes con la mira puesta en los sondeos que le acercan asesores y comedidos.
Sin embargo, existe una suerte de sensación en el sentido de que aparece en el horizonte un resultado previsible. Y en función de esa percepción -ayudada por los números que arrojan la mayoría de las encuestas que circulan por estos días- los principales actores de la política provincial ya dirigen la mirada al escenario post electoral.
La semana que acaba de concluir dejó varios mensajes y acciones dirigidas al más allá de los comicios. El peronismo aportó lo suyo con fotos y reuniones de fuerte contenido y mensajes inequívocos.
Lo más notorio quizás haya sido la reunión entre un grupo de intendentes del Conurbano con el senador nacional Miguel Angel Pichetto.
El legislador es una de las cabezas de la reorganización que se piensa para el peronismo nacional luego de la elección. Es además, uno de los arietes para cercar a Cristina Kirchner en el Senado y procurar restarle influencia en el rearmado que imaginan los gobernadores, lejos del universo K.
A su despacho acudieron algunos alcaldes de peso como Gustavo Menéndez (Merlo) y Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas). Ambos vienen sosteniendo la candidatura de Cristina pero, curiosamente, ya dibujan un armado en el que la ex presidenta y su sector más cercano como La Cámpora carezcan de ese poder omnímodo del que hicieron gala hasta no hace mucho tiempo.
Aquél encuentro empieza a marcar cierta tendencia predominante en el peronismo bonaerense. De hecho, Menéndez pretende ser una de las cabezas visibles de esa suerte de renovación: ya piensa en que para robustecer ese cambio de ropaje surge imperioso desplazar de la conducción partidaria al matancero Fernando Espinoza, hoy bien cercano a la ex presidenta. Se ofrece, claro, para liderar ese proceso.
Un escenario con Cristina derrotada en dos semanas afirma la idea de Sergio Massa de participar a ese armado alejado del universo kirchnerista. Empezó a blanquear que se reúne con gobernadores y dirigentes bonaerenses para explorar una confluencia, mientras lidia con quien se le planta en la coyuntura como su peor enemigo: la voluntad del electorado.

Partida compleja
El tigrense libra una partida compleja. “Nos está costando mucho mantener lo que sacamos en las PASO”, admiten en el Frente Renovador. La polarización que genera la figura de Cristina y las acciones que despliega Cambiemos para profundizarla, lo expone a una sangría peligrosa para su intención de emerger como una de las figuras clave en el armado del neoperonismo del que está particularmente interesado en participar.
De hecho, el tigrense ya decidió concentrarse en la Primera sección electoral donde reúne sus principales adhesiones. Allí dedica casi todos sus esfuerzos en la aventura por evitar que se le siga escurriendo apoyo. Incluso Tigre, su perla dorada, está amenazada por el avance de Cambiemos.
Lo que pierde Massa va, casi sin estaciones intermedias, a parar al candidato oficialista Esteban Bullrich. Es todo un dilema para el candidato de 1 País: necesita mantenerse en pie pero al mismo tiempo sus planes futuros requieren que Cristina resbale feo en dos semanas.
Si fuera por Cambiemos, tacharía sin más del almanaque los 14 días que restan para las elecciones, que nadie haga olas y que la campaña no se aparte de la relativa calma por la que discurre.
Comienza a robustecerse la idea del que el triunfo frente a Unidad Ciudadana está adoptando formas más marcadas, pero aun así la premisa es no bajar la guardia.
El oficialismo batalla contra la idea de que la elección “está ganada”. No se trata solamente de evitar que su tropa baje la guardia, en especial en el control de los comicios donde verificó diversas falencias en las Primarias. Procura mantener en escena el temor al retorno del kirchnerismo, motor de un alto porcentaje de las adhesiones que cosecha Cambiemos.
No es para nada casual la vuelta al discurso del “pasado” que salieron a reverdecer las principales espadas oficiales como forma de incentivar no sólo a votantes de Massa que rechazan a Cristina, sino también a ese universo de ciudadanos que no participaron de las PASO pero que ven con mayor simpatía al Gobierno que al kirchnerismo.
Vidal, mientras tanto, empezó a pensar también en el día después. Quiere aprovechar el eventual triunfo oficial para enviarle un mensaje a los bonaerenses. Y esa señal será el ajuste de la política.
Está en pleno diseño un achique de gastos en la Legislatura para aplicar el año que viene, que estará anudado con una reducción de estructuras en el propio Ejecutivo. ¿Fusión de ministerios? Nadie lo descarta, pero es probable que la Gobernadora transite por el mismo sendero que Macri, que pretende inaugurar los dos últimos años de su mandato con menos cargos y andamiaje burocrático.
Menos contratos para los legisladores y hasta establecer una suerte de presentismo para diputados y senadores, aparece en los borradores oficiales.
Sería ese sólo uno de los aspectos en los que trabaja el gobierno provincial. No tardará mucho en arribar al Parlamento una reforma a la ley electoral que pulverice las históricas y cuestionadas boletas sábanas.
Vidal aguarda que las elecciones dejen consagrada una mayoría propia en la Legislatura que le permita avanzar con éstos y otros cambios. Pero también, que un triunfo de Cambiemos le despeje de obstáculos para las negociaciones clave que se avecinan.
En el Gobierno aspiran a que antes de fin de año quede cerrada la discusión salarial 2018 con docentes y estatales. Nadie quiere arriesgar cifras, pero ya da vueltas una supuesta pauta nacional que oscilaría entre el 9 y el 11%, ajustable por inflación. No aparece como un desafío sencillo, aun cuando Bullrich termine derrotando a Cristina.

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