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ANTICIPOS ECONÓMICOS

Macri busca un huracán de inversiones

Mauricio Macri buscará dar un golpe de efecto en sus primeras semanas de gestión anunciando numerosas inversiones y medidas diarias para generar un “torbellino de confianza” que permita normalizar rápido las múltiples variables desalineadas, como la cambiaria.
Esto se complementará con el objetivo de llegar a un rápido acceso a más de 20.000 millones de dólares de distintas fuentes: swap con la Reserva Federal (2.500 millones), mercados (5.000 millones), cerealeras (10.000 millones) y Brasil (3.000 millones).
El objetivo será transmitir señales de confianza al mercado, que ya recibió en forma positiva al nuevo gabinete nacional -formado por varios ejecutivos de empresas-, y ve como positivo para la gobernabilidad que los principales distritos del país sean del mismo color político.
El equipo de Cambiemos ya tendría una lista de al menos 20 grandes inversiones para comenzar a anunciar a partir del 11 de diciembre próximo, a las cuales se sumarían préstamos de organismos multilaterales como el BID y el Banco Mundial, ya previstos, a lo que se podría sumar un sorpresivo respaldo del Tesoro de los Estados Unidos, ansioso por incentivar un giro político en la región que termine arrastrando a Brasil, Venezuela y Ecuador.
A esto se sumaría la liquidación, entre diciembre y marzo, de unos 10.000 millones de dólares retenidos por el sector agropecuario, impulsado por la rebaja de retenciones a las exportaciones de trigo, maíz, girasol, carne y, en tramos, a la soja.
Con ese paquete de dólares, Macri considera que estaría listo para dejar flotar el tipo de cambio, un tema para el cual convocó no sólo a sus futuros ministros, sino también a expertos de otros partidos, en especiales quienes debieron conducir la crisis del 2001/2002.
Entre los consultados sobre cómo salir del cepo cambiario se encuentra el exministro Roberto Lavagna, asesor de Sergio Massa, y también Aldo Pignanelli, quien debió conducir el Banco Central durante el gobierno de emergencia de Eduardo Duhalde.
El objetivo de Macri es poner toda la “materia gris” disponible para tratar de desarmar las bombas de tiempo que le deja Cristina Fernández, quien se va del gobierno con una economía al borde de la bancarrota.
Es que no sólo dejará un Banco Central sin reservas, sino un déficit fiscal equivalente al 7 por ciento del Producto Bruto -el más alto desde 1982-, una balanza comercial en rojo, una industria en recesión hace más dos años, y una economía que no logra repuntar, más obligaciones ocultas de las que recién tomará conocimiento al tomar posesión del cargo.
Además, el gobierno de Cambiemos buscará poner en forma rápido blanco sobre negro las estadísticas oficiales, empezando por el índice de pobreza, que el gobierno oculta desde el 2013.
Para el equipo de Macri, hay unos 14 millones de pobres en la Argentina, pero además la desocupación es mucho mayor a la que se admite.
Por eso buscará acelerar la normalización del INDEC, un organismo que el kirchnerismo destruyó a partir de una furiosa intervención que obligó a sus principales profesionales a irse.
Pero el principal objetivo de Macri, y de su ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, es dar un shock de liquidez que calme las expectativas de devaluación del mercado, que ya imagina un dólar oficial cercano a los 15 pesos cuando se disponga la flotación libre, administrada por el BCRA.
Para amortiguar el impacto de una devaluación que el futuro gobierno considera inevitable, ya negocia con un grupo de bancos de inversión para que consigan fondos frescos.
Si este objetivo se logra, Macri ganará tiempo para retomar la negociación con los fondos buitre en Nueva York, ya que no se trataría de una emisión de deuda y por lo tanto no podría ser embargado.
El objetivo es avanzar con todo el arco de financiamiento posible: multilaterales como Banco Mundial y BID, préstamos directos, swaps con banco centrales de otros países, y eventualmente volver a emitir deuda.
Cristian Rattazzi, el CEO de FCA Fiat Chrysler que fue voluntario de Cambiemos para fiscalizar la elección en el balotaje, aportará su grano de arena.
Fiat anunciará inversiones por 700 millones de dólares para producir un nuevo modelo liviano en su planta de Ferreira, en Córdoba, y exportarlo a la región.
Cuando Rattazzi se lo contó a Macri, fue música para los oídos del próximo presidente.
Espera la misma actitud de al menos una docena de empresarios con los que habla regularmente, incluyendo a su amigo de la infancia, Nicolás Caputo, el zar inmobiliario encargado de llevar la plata del rescate del ahora presidente electo cuando lo secuestraron en 1991 y permaneció parte de su cautiverio en un ataúd.
El frente más complicado aparece en Nueva York, un litigio que el gobierno argentino siempre subestimó y que ahora se transformó en una bola de nieve de proporciones descomunales.
En lo inmediato, Macri aspira que el juez Thomas Griesa reponga temporalmente el stay a cambio de que la Argentina se siente de nuevo a negociar con los holdouts.
Este escenario pretende ser utilizado por los “lobos” de Wall Street, que ya acercaron algunas propuestas informales a sabiendas de que la Argentina necesita dólares frescos.
Entre esos bancos de inversión ansiosos por cerrar negocios con la Argentina se anotan JPMorgan -viejo conocido de Prat Gay-, Merrill Lynch, UBS, Credit Suisse y Goldman Sachs.
La expectativa de Macri es conseguir dólares frescos a una tasa inferior al 7 por ciento anual. Está convencido de que hubo al menos tres razones clave en su ajustado triunfo ante Daniel Scioli:
-Un reclamo de aire fresco tras el asfixiante ritmo de confrontación política impuesto por Cristina Fernández.
-El rechazo a una forma de hacer política cercana al autoritarismo que se profundizó a lo largo de doce años y medio, y acercó el país más al modelo chavista que al de una República.
-Y la promesa de normalización cambiaria, con eliminación del cepo incluida, que ahora deberá cumplir en breve.

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