None
REVOLUCIÓN AGRÍCOLA

Cómo hacer del desierto un vergel

Novedosa “siembra” de vida vegetal en terrenos yermos y desertificados, efectuada por un grupo ecologista argentino, que aplica una vieja técnica oriental.

Si uno de los saltos evolutivos como civilización ocurrió cuando el ser humano comenzó a cultivar la tierra en lugar de recolectar sus frutos de manera itinerante, ahora se está gestando una revolución de la agricultura urbana, a mucha menor escala, pero más espectacular, la de las denominadas “bombas verdes”.
Es una pequeña revolución pacífica impulsada por los llamados “articultores”, o artistas-agricultores, que arrojan bolas de tierra, arcilla y simientes en espacios verdes abandonados para devolverles el verdor. Se inspiran en las “guerrillas verdes” de Estados Unidos y Gran Bretaña y demuestran que la ecología y la agricultura pueden ser muy creativas y versátiles.
El movimiento de “articultores” (www.articultores.net), cuyo lemas es “arte + huertas + comunidad” lo impulsa Judith Villamayor, una artista argentina que trabajaba en esculturas sembradas y figuras hechas con semillas, cereales y alimentos.
Para llenar de belleza y vegetales comestibles los terrenos desatendidos, Villamayor y otros participantes de la denominada “guerrilla huerta”, aplican una idea del fallecido biólogo y agricultor japonés Masanobu Fukuoka: unas bolas de arcilla y tierra que contienen semillas de hortalizas que brotan con la lluvia.
Este colectivo convoca a reuniones donde los voluntarios aprenden a elaborar y también confeccionan las “bombas de semillas”, que se dejan dos días en reposo para que se sequen antes de ser arrojadas.
Estas “bombas” son arrojadas en terrenos baldíos donde no se puede acceder de otra forma, y en espacios públicos o privados, siempre a la luz del día, para que los vecinos conozcan su actividad y sigan cuidando y cosechando lo sembrado, si así lo desean.
Para conocer las actividades y objetivos de estos guerrilleros ecológicos que realizan sus “ataques” en Buenos Aires y diversas ciudades argentinas y efectúan periódicos talleres didácticos en otras ciudades, como Madrid.
Judith Villamayor, coordinadora de Articultores, a cargo de la cuidadosa elaboración de estas “bombas de semilla”, dijo que “son bolitas de tierra, arcilla y semillas, de unos dos centímetros de diámetro, amasadas con agua y que se dejan orear en un lugar donde no le dé el sol directo, para que no se quiebren”.
“La tierra será el primer alimento de los brotes. La función de la arcilla es endurecerla un poco para que ningún roedor o pájaro se la lleve y que, al deshacerse con las lluvias, vaya armando una especie de “camita” donde la tierra rica no se escurra muy lejos de esos brotes y pueda contener la humedad durante más tiempo”, señala.
Según Villamayor, la arcilla “es necesaria pero no debemos excedernos, ni usar arcilla refractaria, porque no se disolverá con la lluvia”.
Para elaborar las bolas de cultivo, los “articultores” sugieren usar semillas de huerta, porque tienen un ciclo corto de vida. Las más adecuadas son las acelgas, espinacas, remolachas, habas, porotos, maíz, girasol y amaranto.
La experta añade que “usando este tipo de semillas ayudamos a concienciar a la gente sobre la necesidad de consumir alimentos que se produzcan cerca de casa y esto se logra, además, mediante unos vegetales tan bellos como las plantas ornamentales de jardín”. 

COMENTARIOS