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Cómo mejorar los cultivos

La soja demanda nitrógeno, elemento que suele ser deficitario en los suelos cultivables argentinos.

El suelo, un recurso vital, en territorio argentino es altamente exigido y si bien un elevado porcentaje de productores practica la rotación de cultivos, en materia de nutrientes y de análisis de suelo, la situación no es nada sencilla.
Los principales nutrientes claves para el buen desempeño de los cultivos son el nitrógeno, el fósforo y el azufre y en materia de micronutrientes, el boro juega un papel fundamental en el desarrollo de las raíces o de las hojas de la planta. Uno de los principales déficits que presentan los suelos de las zonas agrícolas argentinas se concentra en el nitrógeno, uno de los nutrientes que demanda la soja, al tomarlo del suelo por fijación biológica o del aire.
Estos fueron algunos de los aspectos analizados por el experto en fertilización, Martín Díaz Zorita, durante la presentación que hizo en una reciente jornada organizada por el Semillero Don Mario, en Chacabuco, Buenos Aires.
Por cada tonelada de granos que se produce, se exportan 80 kilos de nitrógeno, cantidad que se cubre en parte por la toma del nutriente del aire, además de lo que pueda absorber la planta del suelo a través de las herramientas de que dispone como la inoculación biológica a través de los risobios.
De acuerdo con estudios realizados en la última década, se comprobó que en el 76% "la respuesta de la planta a la nutrición fue positiva y los incrementos en promedio representaron una mejora de 230 kilos", explicó Díaz Zorita.
"Un estudio realizado sobre 1.500 casos de empresas agrícolas durante ocho años demostró que en el 54% de las condiciones en las cuales se hace inoculación, el resultado es positivo, hay un buen manejo de la inoculación, pero si lo vemos desde el lado del vaso medio vacío se detectó que en un 46% de los casos en los cuales se inoculó creyendo que las cosas se hacían bien, se falló, señaló.
"Al agotarse la oferta nutricional se piensa en un solo nutriente, pero se pone en riesgo todo el sistema nutricional, por eso al hablar de inoculación se debe pensar en la calidad del tratamiento y por otro lado la calidad de la producción", agregó Díaz Zorita.
Con respecto al fósforo, la planta lo captura desde la raíz, la oferta que pueda aportar el suelo, o a partir de la adición del nutriente faltante.
En la Argentina las deficiencias de fósforo en el suelo son generalizadas, no son totales. Un relevamiento hecho por el INTA, junto con Fertilizar, demostró que aproximadamente el 60% de las situaciones de producción en cultivos agrícolas muestran una limitación en la oferta de fósforo: "si no se corrige este nutriente en el 60 por ciento de los suelos, nuestra producción va a ser menor que la que se podría alcanzar con la decisión del manejo del cultivo, de genética, inoculación, herbicidas, fungicidas o fechas de siembra", añadió Díaz Zorita.
Pero, para saber dónde es necesario reforzar la presencia de nutrientes es necesario identificar el déficit y, para ello, la única herramienta disponible es el análisis del suelo.
En ese sentido, se echa mano a una serie de estudios que se hicieron en distintas zonas agrícolas que demostraron lo siguiente: "Sobre un área sembrada con soja y con el 40% al 45% del área fertilizada, los análisis de suelo son menores al 10%, esto significa que producimos soja en un escenario a ciegas, sabemos que hay un 60% de posibilidades de estar fertilizando en forma insuficiente o sobre fertilizando, pero no tenemos al diagnóstico como una herramienta incorporada", afirmó el investigador.
Otro estudio hecho en 2002 muestra que en la medida en que se aumente la presencia del fósforo en el suelo, hasta niveles cercanos a las 14 partes por millón, al corregir con este nutriente se encuentra respuesta a la producción y se puede segmentar.
"De acuerdo con datos de las tres últimas campañas, con una aplicación muy moderada de fósforo, que no alcanza a cubrir la demanda total del cultivo y los niveles de respuesta media sobre 24 situaciones que cubren toda la región de producción de soja en la Argentina están entre 6 y 12 partes por millón en promedio y esperamos una respuesta cercana a los 240 kilos por hectárea", resumió Díaz Zorita.

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