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PLAGA PERSISTENTE

La isoca bolillera volvió con fuerza

La isoca bolillera, una plaga que volvió a instalarse a mediados del 2000, es una oruga de difícil combate, según afirmó uno especialistas argentinos en protección de cultivos. El ingeniero agrónomo Daniel Igarzábal, director de L.I.D.E.R. (Laboratorio de Investigación Desarrollo y Experimentación Regional, de Sinsacate, Córdoba) fue convocado por DuPont Agro para opinar sobre la plaga.
Recordó que "la oruga bolillera hizo su aparición en la soja a fines de los años 80, se tomó un descanso entre mediados del 90 y principios del siglo, pero retomó su actividad con mayor o menor incidencia a partir de mediados del primer decenio", del 2000.
"Pareciera que ya firmó el pase definitivo y jugará hasta el final en la soja. Eso sí, a préstamo por unos meses en los cultivos de invierno para estar bien entrenada durante el verano. Está para quedarse, y según las malas lenguas, nada la va a parar, ni siquiera la soja Bt", explicó Igarzábal en una información distribuida por la firma.
En este sentido, destacó que "al iniciarse la siembra directa, la bolillera prácticamente desapareció de los lotes de soja" pero "en la campaña 2003-2004 (con sequía) tuvo una nueva arremetida".
"Es como si se hubiera despertado después de un letargo. Siempre estuvo en uno que otro lote, pero sin causar alarma entre los técnicos ni productores", expresó. Así la Isoca Bolillera dejó de ser un insecto "de baja incidencia en el cultivo" para transformarse en "una plaga principal".
"Hoy en día ya se la puede considerar un problema para el cultivo de soja, que se va agravando con las siembras invernales de lenteja, garbanzo, poroto mung, y otras plantas que le sirven de hospederos arrancadores antes del cultivo estrella" que es la soja, dijo.
Igarzábal consideró que "las estrategias de manejo con insecticidas también deben variar de acuerdo al estado del cultivo y al comportamiento de la plaga". También recomendó "tener especial atención a las aplicaciones para lograr un buen mojado de los tallos y para lograr las concentraciones del producto en hojas nuevas para que ejerza este efecto".
"En la etapa vegetativa plena y en floración la planta tiene mayor volumen de hojas, por lo que los insecticidas persistentes en hojas son los más aconsejables, sobre todo en temporadas de alta incidencia poblacional", precisó.
En la fase final, varía la estrategia ya que "la oruga sólo come los granos", por lo tanto la ingestión como estrategia deja de tener importancia y se impone el volteo con insecticidas de contacto".
"Literalmente debe tocarse el insecto que está con su cabeza metida dentro de la chaucha alimentándose del grano", agregó.

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