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INSTITUTO NACIONAL DE TECNOLOGÍA AGROPECUARIA

Cómo afrontar esta trilla del trigo

En un año difícil por las intensas y repetidas lluvias se generó una presencia fuerte de fusariosis en la espiga y, ante esa situación, es indispensable saber qué hacer en la cosecha.

En años con elevado promedio de precipitaciones, como los años “Niño”, tal como sucede en esta campaña de cosecha de trigo 2012, es normal detectar la presencia de elevados porcentajes de espigas con granos dañados por el hongo fusarium, que trae como consecuencia el desarrollo de granos anormales que quedan junto a los sanos y limpios al momento del almacenaje o comercialización.
El Proyecto Eficiencia en Cosecha y Postcosecha de Granos (PRECOP) de INTA Balcarce destacó la importancia de tener en cuenta la problemática de la fusariosis en los granos, ya que los dañados afectan directamente y en gran medida la calidad de las harinas, luego de la molienda.
Es por eso que durante la etapa de cosecha la regulación de la máquina no debería generar demasiada molienda en la paja de trigo y trillar solamente la porción de la espiga con granos sanos, para posteriormente facilitar el trabajo del sistema de limpieza y provocar el volado de los granos de menor peso hectolítrico durante la limpieza.
Teniendo en cuenta esta condición sanitaria que puede presentar el cultivo al momento de la cosecha, el PRECOP expuso distintas regulaciones que pueden hacerse en la trilladora. Sus técnicos comentaron que lo primero que hay que regular, para morigerar los perjuicios que puede ocasionar este hongo es el cabezal.
Si el cultivo se presenta en posición erecta o “normal”, la cuchilla de corte tiene que trabajar, idealmente, unos 30 centímetros por debajo de la espiga. De esta forma se disminuye la relación paja/grano y se facilita la labor de trilla en el rotor o cilindro, explicaron. Además, en días ventosos, esta altura de corte más cercana a la espiga obliga a utilizar una pantalla protectora de tejido, tipo “sorguera”, para evitar el volado de las espigas desde el cabezal, ya que las mismas tienen menor peso al poseer menor paja.
Siguiendo el camino de la espiga dentro de la cosechadora, los técnicos se refirieron al ajuste del sistema de trilla como el siguiente paso. En este caso es importante regular la agresividad del conjunto cilindro-cóncavo tratando de trillar sólo los granos con calidad comercial.
Como primer punto, sería importante iniciar las labores de cosecha con un 17% a 18% de humedad del grano, de forma tal de lograr una mayor diferencia en el peso específico entre el grano sano, entero y con mayor humedad, y el grano atacado por fusariosis.
Al momento de regular un rotor o un cilindro -dijeron los técnicos- se debe evitar un excesivo desmenuzado de la espiga, tratando de separar el grano sano y dejar adherido a las puntas y colas de espiga los granos enfermos de Fusarium o afectados por heladas tardías, algo que también ocurrió en determinadas zonas del país durante esta campaña.
Para aclarar, los técnicos brindaron un ejemplo sobre el ajuste del cilindro-cóncavo.
Considerando como promedio un cilindro de 610 milímetros de diámetro (trilla convencional), trabajando con 17%-18% de humedad del grano, se debe intentar comenzar el trabajo con 1.000 revoluciones por minuto (rpm) o menos del cilindro y una luz entre el cilindro y el cóncavo de 15 milímetros.
Para estas mismas condiciones, pero pensando en una trilla de tipo axial, se recomienda comenzar el trabajo con 100 a 150 rpm menos y cerca de 20 mm de separación entre rotor/camisa. Aclararon que esta es una recomendación a partir de la cual, por prueba y mediciones de pérdidas, se debe ir ajustando la regulación de acuerdo a cada lote en particular, recordando siempre la idea de realizar una trilla lo menos agresiva posible en lotes atacados por este hongo.
Finalmente, siguieron con las regulaciones del sistema de limpieza, la última etapa del trillado de los granos. Para este sistema la velocidad del ventilador o la turbina de limpieza deberá trabajar en un rango desde los tres cuartos de velocidad hasta el máximo, ajustando la regulación del zarandón a esas condiciones.
Una vez que el productor realizó todos los ajustes recomendados, tiene que evaluar, en el lote y con las primeras mediciones de pérdidas, si las colas y puntas de las espigas que están saliendo por la cola de la máquina poseen algún grano todavía de valor comercial. De no tenerlo, no se cambiará nada en la regulación, pero si se pierden granos de calidad, el tercer sector del zarandón se deberá abrir lo necesario como para enviar al retorno esa cola y punta de espiga y recuperar ese grano con valor comercial.
Disminuir las pérdidas promedio de cosecha de trigo, que están en los 100 kg/ha a nivel nacional, es un gran desafío. Si a esto se suma una nueva variable con la que lidiar (la presencia de una enfermedad que afecta a la espiga), obliga a extremar los cuidados para no perder más quintales.

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