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El clima siempre fue un factor de riesgo para la producción agrícola.
AVANCES TECNOLÓGICOS

Agricultura y clima, una simbiosis inteligente

Inundaciones, sequías, altas temperaturas y tormentas cada vez más intensas tienen efectos directos sobre los sistemas agroalimentarios, que deben adaptarse para mitigar el impacto.

El cambio en el clima es una variable constante. La transformación en el régimen de lluvias y de temperaturas a escala global tienen efectos directos sobre los sistemas agroalimentarios. En este punto, la clave para el sector agropecuario estará en implementar las prácticas necesarias para minimizar los impactos ambientales y adaptarse para no quedar en el intento.
“Debemos avanzar hacia una agricultura climáticamente inteligente”, aseguró Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA, quien detalló: “Es necesario implementar sistemas más resilientes y basados en tecnologías de procesos, reciclado de productos y menos uso de agroquímicos”.
En lo que respecta al sector agropecuario, “lo que estamos viendo es que estos cambios están vinculados no solo a la variabilidad del clima, sino a los cambios en el uso de la tierra y lo que hacemos con ella”, señaló el director del INTA y ejemplificó: “La expansión de la frontera agropecuaria hacia el norte y el oeste, debido al incremento de lluvias”.
Asimismo, Taboada consideró que el aumento de las siembras de maíz a mediados de diciembre, cuya finalidad es evitar la falta de agua y las altas temperaturas que ocurren en enero, o el avance en los sistemas de riego y la siembra de variedades resistentes a plagas y a sequía, son ejemplos de adaptación.
 “El sistema agroalimentario debe modificar sus formas de producir para mitigar los efectos del cambio climático sobre las producciones agropecuarias”, expresó Andrea Maggio, del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (CIPAF), quien puso el foco en los sistemas productivos de la agricultura familiar de las economías regionales. 
En cuanto a los desafíos para los próximos años, Taboada consideró que, si bien “las mejoras tecnológicas van a permitir desarrollar más germoplasmas adaptados y con resistencia a plagas, dependerá de nosotros hacer un uso más eficiente del agua que cae y volver a los sistemas de doble cultivo, cultivos de cobertura e impedir la deforestación”.

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