Más de 700.000 pollos se faenan para consumo en la Argentina.
Más de 700.000 pollos se faenan para consumo en la Argentina.
CAMBIO DE HÁBITOS

Pollo y cerdo hacen pata ancha

Fuerte crecimiento en la producción y el consumo de carne aviar y porcina: la faena de pollos se duplicó en 15 años y se comen 20 kilos más por persona y el consumo de cerdo crece a una tasa del 10% anual desde hace cinco años.

La ecuación del consumo de carnes en la Argentina, que siempre se caracterizó por el fuerte protagonismo de los cortes vacunos, comienza a equilibrarse. Los argentinos ya comen más de 45 kilos anuales de pollo por habitante y 14 kilos de matambre, costillitas, pechito, tapa y bondiolas de cerdo.
Sumados, estos dos tipos de carne llegan casi a los 60 kilos anuales por habitante y “en combo” tienen una demanda similar a los bifes, la carne picada y el asado. Durante el 2017 se consumieron 58 kilos de cortes vacunos por persona, según las estadísticas del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.

El pollo levanta vuelo

Al analizar la producción y la demanda de carne de pollo, el crecimiento es muy significativo. En el 2000 se faenaban 348.384 cabezas y en el 2016 -último año con cifras consolidadas- el volumen procesado se duplicó y superó los 700.000 animales, de acuerdo con los datos del Ministerio de Agroindustria.
Hace 15 años, el consumo per cápita de pata, pechuga y muslo oscilaba cerca de los 25 kilos por habitante y ahora supera los 45 kilos por persona. En la tendencia influyó, a finales de la década pasada, la fuerte reducción del rodeo bovino: entre 2008 y 2010 se perdieron diez millones de cabezas por la sequía y las intervenciones del Gobierno anterior en la comercialización de carne.
Entre 2010 y 2011, el consumo de pollo creció 5 kilos y al año siguiente superó la barrera de los 40 kilos anuales por habitante. En cambio, la carne vacuna se replegó de los más de 70 kilos que cada argentino comía a mediados de la década pasada, a oscilar entre los 55 y 60 kilos, incluso con pisos más bajos en algunos momentos.
Pero la producción de carne de pollo enfrentó algunas dificultades en los últimos cuatro años, inclusive con reclamos de parte de los productores asociados a las empresas de faena por el precio que pagaban por cada kilo de pollo vivo. Esas tensiones se reflejan en el volumen procesado: en el 2012 se habían faenado más de 734.000 pollos y en el 2017 30.000 aves menos (una caída del 4%).
Más del 40% de las granjas avícolas se concentran en la provincia de Entre Ríos. En orden de importancia después viene Buenos Aires -la otra gran provincia productora, con más del 30% de los establecimientos-, y luego siguen Santa Fe y Córdoba.



La culpa es del chancho

En el caso del cerdo, el año pasado la faena trepó hasta las 6,7 millones de cabezas, con un aumento del 7,3% en comparación con el 2016, de acuerdo con los registros del Ministerio de Agroindustria y el consumo trepó a 14 kilos por persona.
Un punto sensible para los productores son las importaciones, ante el temor de que puedan ingresar enfermedades que compliquen el estatus sanitario. En el 2017 crecieron un 31% y totalizaron 46.010 toneladas (equivalentes res con hueso). Las exportaciones también se incrementaron un 56%, pero tienen un volumen muy inferior (algo más de 3.500 toneladas) a lo que se importa, que sobre todo utilizan las fábricas de embutidos y chacinados.
Un estudio de Coninagro, que analizó la coyuntura del sector porcino, destaca que en los últimos cinco años el consumo de este tipo de carne, que es la más demandada a nivel global, se incrementó a una tasa del 10% anual en el país.
En las granjas porcinas, el ritmo de engorde y procesamiento se disparó. “En la Argentina se duplicó la producción de carne de cerdo en el transcurso de los últimos siete años, al pasar de 280.000 toneladas en 2010 a 565.000 toneladas estimadas para 2017”, precisa el informe de Coninagro.
El 70% del stock porcino se concentra en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, en la región central del país. En esta tendencia tiene un peso central la cercanía con la zona maicera, ya que el cereal es el principal insumo de la ración de engorde. En los últimos años, también se instalaron granjas importantes en el centro de Chaco, noreste de La Pampa, centro de San Luis, Salta y Formosa.

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