CICLISMO

Raúl Andrés “El Flaco” Broggi

Un ciclista de antaño que se forjó su propio camino en nuestra ciudad.

Nací en Junín. Vivía con mis padres en el Campo y por lo tanto no conocía otra cosa. Rara vez mi viejo venía a la ciudad con el sulky y su caballito de batalla, que para mí era todo un acontecimiento.

Fui a la escuela rural, que estaba al lado de donde hoy está la Clínica La Pequeña Familia. Le decían la escuela de Doña Benita porque ella era la directora. Te hacía marcar el paso peor que en el servicio militar. Pero educaban y sacaban personas de bien. Eran otros tiempos.

En esa escuela había un patio grande donde en el recreo te permitían jugar al fútbol. Teníamos una pelota de goma. En realidad yo no jugaba mucho fuera de la escuela. Muchos practicaban este deporte, pero yo tenía un amigo en el campo y salíamos a cabalgar. Me gustaba andar a caballo, tenía un petiso y nos íbamos hasta el Campo la Cruz.

Después nos vinimos a vivir a la ciudad, que en realidad no era lo que es hoy en día. Nos mudamos a Paso al fondo y había cinco casitas, el resto parecía un desierto. No había luz, ni servicios, ni nada. Fuimos los primeros que llevamos la luz para ese lado, dos cuadras y media de la ruta para al pueblo.

Yo tenía locura con la bicicleta, pero con qué la compraba. Éramos seis hermanos y laburaba mi viejo solamente. En el campo ayudábamos todos, sembrábamos maíz con el arado a la par de los mayores, también pasto para los animales.

A los trece años mi papá compró una bicicleta para uso particular y yo la agarraba cada vez que podía. Los domingos sí estaba más a disposición y salíamos con los amigos, pero había que cuidarla porque el viejo al otro día salía a laburar.

Conocí en el barrio a Cattelani, hablábamos siempre de ciclismo y comenzamos a ir a ver las carreras.

Corrían tipo carretera, hacía un circuito hasta la Oriental por camino de tierra porque no había asfalto, ni siquiera estaba la Ruta nacional 188. Recién llegó el asfalto cuando me tocó la colimba, a los 18 años.

Comencé a correr a los 14 años, porque un amigo me prestaba la bicicleta. Luego conseguí un laburito porque como me gustaba andar en bicicleta me puse a repartir diarios. Tenía un reparto enorme, por toda la ciudad.

Ahí comencé a juntarme unos pesitos, primero compré el cuadro, luego las ruedas y con la propina de fin de año pude adquirir el resto de las cosas que me faltaban. Así me armé la primera bicicleta propia para poder competir en las carreras. No era un lujo, pero como era livianito andaba bárbaro.

En la primera carrera que competí se hizo un circuito que salió de Villa Belgrano, en la puerta del club Los Andes. Se hicieron dos carreras juntas, la de menores de quince y otra para menores de catorce años.
Yo gané la de catorce años por mucha diferencia y salí segundo en la de quince años que no la gané por muy poquito.

Después me pude comprar la Torpado, que ya con esa volaba. Todavía la conservo. Había entrado a laburar a Cirigliano y tenía un buen sueldo.

Empecé a salir a la ruta con todos los Ciclistas de la ciudad. Íbamos para el lado de Agustín Roca a practicar, llegábamos hasta la “S” donde cruza la vía del tren y volvíamos.

Después íbamos a competir a La Oriental, teníamos que ir por tierra, se corría en Pergamino, Rojas, Chacabuco, todos los pueblos de alrededor. No se competía en equipo, sino en forma individual. Nos juntábamos cuatro o cinco, alquilábamos un camión para las bicicletas y arrancábamos. Siempre la pasábamos muy bien.

Había un pozo que se hacía con la inscripción y por ahí si te iba bien te traías algunos mangos. En algunos lugares jugaban plata de afuera, pero nosotros no entrábamos en esa.

Acá había un velódromo en la zona del club Independiente, un poco más acá. Pero estaba descuidado, roto, lleno de pozos. Y después hicieron el actual, pero no alcancé a correr ahí.

Debo haber ganado más de cuarenta carreras en total. Tengo todos los trofeos en la vitrina de casa.
Ha cambiado el Ciclismo con el tiempo. La preparación física, la bicicleta fundamentalmente que hoy pesa menos de la mitad que una de antes. Corríamos con bicicletas de 10 a 12 kilogramos y hoy andan en cinco o seis kilos con caños de titanio, impensado en aquellas épocas.

Cada vez veo menos aficionados, hay menos carreras y todo está demasiado caro. Para este deporte hay que dedicar unos pesos extra y no todos lo tienen en estas épocas difíciles.

En la época andaban bien Marino Castellani, Emilio Distéfano que fueron co equiper mucho tiempo. Castellani, para mí fue el mejor de todos los tiempos.

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