None
JOSÉ MARÍA LORANT

Otro de los ídolos olvidados que llevó a Sarmiento a la “A”

Desde Argentino de Rosario le dio una mano al Verde para subir a la “B” y al otro año se vino para acompañar el proceso del ´80. Treinta y siete años después nos devela la trama secreta del ´77.

“Yo soy de Victoria, Entre Ríos. De chico mi familia se mudó a Rosario. Jugábamos en el campito. Había una banda de jugadores muy buenos. Los sábados el que llegaba tarde no jugaba porque hacíamos un torneo. Un día un señor me dice por qué no me iba a probar a algún club. Yo jugaba descalzo. No tenía para comprarme zapatillas. A tres kilómetros había un club, Sparta,  y me acuerdo que estaba Alto Monte como entrenador. Terminó la práctica y me dice que después de bañarme vaya a la oficina que tenía que decirme algo. Llego y me dice por qué no me iba a probar a un club con proyección porque tenía muchas condiciones para jugar al fútbol. ´Si le dicen que no, usted se vuelve conmigo´, acotó. Me fui a Argentino de Rosario. Jugué directamente con la primera en un partido entre semana. Al otro día me agarraron de los pelos y me llevaron a firmar. Después fui a Central. Estaba Griguol y quedé. Pero le había mentido porque les dije que yo tenía el pase. Timoteo me esperó al otro lunes que llegara para firmar y nunca fui”.

Argentino de Rosario

“Debuté en la C a los 14 años entre todos los grandes. Me hice a los golpes, porque la patada más chica te la daban en el pecho. Argentino me dio la pensión completa. Volvía a casa los fines de semana. Cuando jugaba en Buenos Aires volvía los domingos y cuando éramos locales, después del partido los sábados a la tarde, me iba con los míos y me volvía el domingo a la noche.
En un momento pensé que tenía que salir de este club porque ganaba y avanzaba diez centímetros.  Yo aspiraba a más”.

La trama secreta del ´77

“En 1977 Sarmiento peleaba palmo a palmo el ascenso con Español, pero ninguno se despegaba de la punta, iban juntos.
Español tenía que ir a Rosario. Entonces nosotros entre semana le aseguramos a los dirigentes de Sarmiento que le ganábamos sí o sí. Y no solo le ganábamos, sino que le pegamos un paseo bárbaro.
Sarmiento nos dio como incentivo 250 mil pesos para repartir entre el plantel. De mi parte le di a mi vieja la mitad y con el resto me compré mis primeras zapatillas Adidas, mi primer Levy, fue muy lindo.
Después se dio lo de Sarmiento al año siguiente y me vine con Del Bono. El gringo no quería venir porque el sueldo que nos daban era poca plata. Yo en ese momento le dije que él pidiera más, pero que yo de Argentino tenía que salir porque no despegaba más en mi carrera. El gringo hizo otro arreglo con Sarmiento, pero yo me vine igual por menos guita. En ese momento Atondo se fue a Atlanta”.

El ascenso a la “A”

“Yo estoy así por mi culpa. Nunca me hice valer. Venía cualquiera de Buenos Aires y pedía cualquier dinero, ganaban diez veces más que yo y hasta hotel y departamento le daban. A mi esos jugadores me tenían que lustrar los botines. Yo vivía arriba en las plateas de Sarmiento. Recién en el ´80 vinieron los jugadores experimentados que se logró el ascenso y ellos me hicieron mejorar el contrato y darme una casa. Estaban Hernandorena, Peremateu, Espósito. Yo estaba con Salces en un costado de una reunión. Me llaman y me dicen cuánto ganaba y dónde vivía. Me hicieron ganar dos veces más y me hicieron alquilar un chalet. Hasta comíamos en el centro, en lo de Vilchez. Era un mundo de gente para almorzar y cenar. Ponían los tablones en el medio y compartíamos todo.
Ese año fue una etapa muy linda, Junín era todo verde. Eso que los primeros seis partidos no la agarrábamos ni con la mano. Lo que pasaba era que Cacho Cadars había formado el equipo con los jugadores y si tenía que sacar a uno que no andaba no lo hacía porque era amigo de todos. Cuando vino Montes hizo la limpieza que tenía que hacer y perdimos un solo partido. Perdimos de visitante con Chicago 2-1 y menos mal porque si no no salía nadie vivo de allá. Fue el día de los cadenazos a los hinchas, nos habían puesto vaselina en el vestuario para que no entráramos. Tuvimos que pasar por otra puerta donde nos pegaron de todos lados. Fue una locura en aquella época donde no había barras bravas, era la pesada común. Hoy donde hay guita en el medio directamente te matan. Ese año ascendimos a la A”,

Llegar solo

“A mí no me ayudó nadie. Yo llegué solo a todos lados por las condiciones que tenía. En la B me querían todos. Por eso jugué en Tigre, Temperley, Estudiantes. Me casé en el ´83 cuando volví de Ecuador. Me fui de luna de miel a Mar del Plata y no sé cómo se enteraron los de Temperley  -que estaba en la A- y me fueron a buscar allá. Pero tuve un problema con Zuccarelli que había traído siete jugadores de Estudiantes de La Plata y los bancaba a muerte.
Yo siempre les digo a los chicos cuando dirijo algún equipo. Nunca hay que entregarse, siempre luchar. Yo era el primero en llegar  y el último en irme.
A Temperley lo salvé del descenso en el anteúltimo partido en Rosario contra Newells. Faltando diez minutos salgo y se para todo el estadio de para aplaudirme. Al otro año me contrataron ellos y después me fui a Chile.
Pero no me alcanzaba la plata. Tendría que haber arreglado como el Tata Martino. Él se llevaba 80 mil y yo 25 mil. En la pretemporada de Necochea me tocó en la pieza Basualdo y Ciraolo. Ellos me pedían consejos y aspiraban a cobrar 25 mil. Les dije que pidieran 40. Arreglaron en 35. Diez más que yo”.

Amigo del Tata

“En la pretemporada le hago siete caños a Martino. Se calentó y nos agarramos a trompadas. Se metieron dos a defenderlo. El preparador físico me felicitó porque fui el primero en enfrentarlo, porque era el caudillo del equipo y nadie le decía nada, hacía lo que quería. Después nos hicimos amigos. Un tipo bárbaro, igual que Almirón. Entre los dos me regalaban cinco mil pesos para que llegara a fin de mes porque a mí no me alcanzaba la guita.
Además le erro porque me alquilaban un departamento en Boulevard Oroño y yo como cabezón me fui a La Florida. Ahí los amigos de toda la vida me venían a pedir plata todos los días y yo nunca supe decir que no. Siempre fui mano suelta y así me fue. El auto lo usaba dos o tres veces a la semana porque no le podía echar nafta y andaba en colectivo.
Si a mí se me hubiera acercado un tipo para manejarme yo hoy hubiese estado en Junín porque me encanta la ciudad, pero no en las condiciones que estoy. Nunca me hice valer”.

Entrenador

“Yo siempre le digo a los dirigentes de los clubes que no voy por tres meses o un año y después me tiene que echar por tal o cual cosa. En Villa Belgrano estuve 3 años, 7 en Defensa Argentina, me fui 2 años a Olimpia de Rosario y luego me vine a Chivilcoy 3 años. Posteriormente arreglé en River de Junín dos años y más tarde recalé en La Pampa dos años pero me vine porque no había espacio para crecer. Ahí todos los jugadores se creían titulares, fue una lucha. Ningún jugador había salido a otro club y no querían ser suplentes. Además a los 18 años se iban a estudiar y dejaban de jugar con buenas condiciones. Era un pueblo de 6000 habitantes. Ahora tuve ofertas laborales pero el problema es la plata. Yo no tengo un buen trabajo o un buen negocio. Yo vivo del fútbol. Lamentablemente lo que pido no me lo pueden pagar. Pero no bajo los brazos. Yo no voy de 1 a 3 y miro la hora para irme. Yo voy a la 1 y me vuelvo a las 8 o más tarde si amerita el caso”. 

COMENTARIOS