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El Chelo Díaz fue el autor del gol en un partido inolvidable.
ENFOQUE

La pelota sigue rodando

Desde la perspectiva de los sentimientos que constituyen al fútbol en tanto expresión cultural y universo alegórico, saben igual de natural y por qué no deseables el júbilo de los seguidores de Racing como las lamentaciones de los de Independiente.
De eso abrevan las derivas de un rito cuyo vigor crece de manera exponencial de norte a sur del planeta, mucho más allá del lastre que suponen el profesionalismo en el linde mismo de la obscenidad y los efectos colaterales de la saturación de estímulos: cadenas de televisión, portales, redes y demás.
Al fin de cuentas, dos son los valores intrínsecos del fútbol que gozan de estatura de anticuerpos infalibles: el arte de un juego “contranatura” (¡sus destrezas se cultivan con los pies!) y el jugar por identificación que es propio del hincha.
Identificación masiva, vigorosa y de crédito ilimitado, en la medida que en la suerte de los colores de la camiseta amada se cifran también algo de la desdicha o el infortunio personal y existencial.
Si como supo observar Ernst Cassirer el género humano se define por su condición de animal simbólico, pocas fuentes de interés parecen más vigorosas e influyentes que las emanadas del alegre rodar de la pelota número 5.
De ahí que a estas mismas horas muchos hinchas de Racing estén subidos a la alfombra mágica de una felicidad que quieren creer definitiva y como contracara otros muchos de Independiente andan por la vida en clave de fin de mundo.
Nada más absurdo que laudar en las emociones del prójimo, desde luego, legítimas per se, pero a la vez tampoco será un desatino reponer que las cosas son como son y al tiempo como ciertos estados emocionales impiden ver.
“Este resultado desprestigia la historia del club”, declaró Daniel Bertoni, otrora gloria de Independiente siempre dispuesto a vestir la ropa del fiscal de turno, un rol que por ejemplo en River suele ocupar Norberto Alonso, en Vélez es cosa de José Luis Chilavert y en Boca de Mauricio Serna, Cristian Traverso y algún otro.
Y la verdad es que la historia de los clubes está jalonada de una impronta, de una serie de hitos, de sucesos contrastables y de metálicas estadísticas que aún en el mejor de los casos contienen un dinamismo reñido con las fantasías de pureza.
La historia de Independiente, habría que recordárselo a Bertoni, ofrece un buen número de epopeyas y unas cuantas páginas aciagas que no necesariamente se agotan con el descenso a la B Nacional y que incluso trascienden la derrota del domingo último en el Cilindro de Avellaneda, por dolorosa y desdorosa que haya sido.
La historia de Independiente se escribe cada día y cada día se escribe la historia de Racing, porque así funcionan las leyes de la naturaleza, las leyes de los hombres y el carrusel del fútbol: y lo entretenido y lindo que es, ¿verdad?.

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