Román Riquelme.
Román Riquelme.
OPINIÓN

El Topo Gigio

Boca, sabemos, es un mundo aparte dentro de ese mundo aparte que suele ser el fútbol. Para bien y para mal. Si gana, Boca puede ser “el mejor equipo del mundo”. Pero, si pierde, pobre, Boca vuelve a ser un “cabaret”. Tocó derrota. Y, entonces, tras la caída contra el descendido Tigre en la final de la Copa de la Superliga, se exagera y Boca es presentado casi como aquel viejo “cabaret” de los años ’90. Está claro que todo se potencia porque estamos en año electoral en el club. Y también porque el receso de la Copa América dejó a Boca sin partidos inmediatos que pudieran reparar parte del último daño. ¿Cómo entender, si no, que el plantel potencialmente considerado el más rico de Argentina, tenga que apelar otra vez a la chequera para comenzar a hablar de nuevos fichajes millonarios? ¿Cómo puede Boca, por más dinero que tenga, darse el lujo de ostentar, aunque sea mediáticamente, una posible oferta de 17 millones de dólares por Maximiliano Meza, cifra que sería record histórico para el fútbol argentino, y por un jugador que pasó sus últimos meses como suplente en el Monterrey de México?

¿Jugará luego entonces en las elecciones Román Riquelme para el equipo del presidente? ¿O jugará para opositores como Ameal o José Beraldi?

Salvio le cerró las puertas a Boca y a un posible retorno a la Argentina. Meza, 26 años, no es el único nombre. Allí están también, algunos ya descartados, los del italiano ex Roma Daniele De Rossi (35 años), los rumores de retorno de Ever Banega (30), Nicolás Lodeiro (30) y Matías Silvestre (34), o el caso de Eduardo Salvio (29).
Son nombres pesados. ¿Habrá lugar algún día para darle espacio a juveniles propios? Difícil en un grande como Boca. Especialmente si sufre derrotas supuestamente humillantes en finales ante el rival clásico o ante un equipo descendido. Es cierto que hay apuestas por jugadores grandes y caros que pueden salir bien. Allí muestra River a Lucas Pratto, por ejemplo. Como sea, se trata de fichajes ruidosos. Y demasiado ruido, sabemos, ayuda a que se hable de otra cosa. Como los rumores de posibles partidas de Christian Pavón, Nahitán Nández y Agustín Almendra y hasta del colombiano Sebastián Villa. Pero no es justo que hablemos de ruido para describir la breve gestión que lleva Gustavo Alfaro. Si bien de juego irregular, el técnico tiene una eficacia notable. Y la gran derrota sucedió, paradójicamente, en el partido que, acaso, su Boca estaba jugando mejor que nunca. Pero el parate de estas semanas impedirá hablar del juego. Ahora se habla de fichajes. Y, también, del cabaret.
El cotilleo, eso sí, no llegó esta vez por internas de vestuario, sino por críticas de ex jugadores. “En el club hay mucha gente acostumbrada al fracaso”, apuntó, primero el ex zaguero y capitán Jorge Bermúdez, el “Patrón” colombiano que ganó todo en tiempos de Carlos Bianchi. “Estos chicos -añadió Cristian Traverso- tienen la pesada mochila de haber perdido y soportar la derrota más dura en la final más importante de la historia”. “La mochila es demasiado pesada. Lo de Madrid no sé hasta cuándo nos va a seguir doliendo”, sumó otro colombiano, Mauricio “Chicho” Serna. “Cierren el orto”, respondió a todos el ex arquero Pablo Migliore.
“¿Qué necesidad hay de volver al pasado?”, se enojó también Martín Palermo. Darío Benedetto, goleador hoy sin goles, dijo que “no hace falta estar matando a todo el mundo para recordar que sos ídolo”. Pero hay un jugador que no habló. O sí. Lo hizo tal vez a través de su amigo Marcelo Delgado. “Con el presidente”, escribió el Chelo en las redes sociales, foto incluida. El “presidente” es Juan Román Riquelme.
Daniel Angelici, que dejará la presidencia de Boca y designó como sucesor a Christian Gribaudo, admite la influencia de Riquelme.
Por eso, buscará que Román se sienta bien a gusto en setiembre en la Bombonera, en su partido homenaje (anunciado por Angelici, no por Riquelme). ¿Jugará luego entonces en las elecciones Román para el equipo del presidente? ¿O jugará para opositores como Jorge Ameal o José Beraldi? “Ojalá Boca no se pierda su brillantez e inteligencia”, confió Serna. Nadie duda de esa “brillantez” e “inteligencia” de Riquelme-jugador. ¿Se puede trasladar eso a los escritorios? Los casos de Daniel Passarella en River y de Carlos Babington en Huracán no son exactamente un buen ejemplo.
Boca acrecentó antipatías en los últimos años por su vínculo estrecho con el poder político. Un Gribaudo presidente (el dirigente es titular del Instituto de Previsión social de la Provincia de Buenos Aires) marcaría esa continuidad, aunque, a las elecciones de Boca, se le suman ahora las del país y la continuidad del macrismo dista de ser algo seguro. ¿Serviría la inclusión de Riquelme para atenuar por un lado esa sensación y, por otro, para acercar socios hoy críticos con la gestión Angelici? ¿Cómo jugará Román? En la cancha, aún en su condición de número uno, Riquelme jugó siempre en equipo. Su Boca giraba todo en torno suyo. Alrededor de sus pies, sus tiempos, sus talentos y sus lagunas. Y de sus sorpresas. Hasta podría ser todo una gran broma. Como sea, suena difícil imaginarse que Riquelme, como sugieren algunos, anuncie una eventual postulación opositora el día que el oficialismo le ceda la Bombonera para su homenaje. Si llegara a hacerlo, sería una especie de Topo Gigio II.

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