Omar Orlando ”Patón” Atondo en el recuerdo
A 26 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DEL DESTACADO FUTBOLISTA

Omar Orlando ”Patón” Atondo en el recuerdo

Brilló en Sarmiento y River Plate de Junín y también se destacó en Atlanta, Colón de Santa Fe y Los Andes.

El periodista de “Sentimiento Bohemio” y simpatizante de Atlanta, Edgardo Imas, hizo en las redes sociales un análisis sobre el futbolista juninense Omar Orlando Atondo (“Patón”), al cumplirse recientemente 26 años de su fallecimiento
El equipo auriazul de la Capital Federal contó en sus filas con Atondo, quien previamente había deslumbrado en Sarmiento de Junín, entidad con la cual fue campeón logrando el ascenso a la Primera “B” en 1977, con el “Patón” como gran figura.
Omar había nacido en nuestra ciudad el 10 de marzo de 1954, se inició en River Plate de nuestra ciudad y además de Sarmiento y Atlanta, jugó en Colón de Santa Fe y en Los Andes.
Edgardo Imas, en su nota, señala:
“Víctima de una cruel enfermedad, hace veintiseis años fallecía el ´Patón´ Omar Orlando Atondo, ídolo de Sarmiento, quien llegó desde Junín a Villa Crespo en 1978. Sentimiento Bohemio recuerda a este notable volante, que permaneció dos temporadas en el club hasta el descenso a la “B”. Se nos fue un 25 de abril de 1993, pero quedaron en la memoria bohemia su clase distintiva para jugar y sus peligrosos y certeros tiros libres.
Recuerdo perfectamente cuando el ´Patón´ llegó a Atlanta desde Sarmiento para el Torneo Metropolitano de 1978. Un año aciago para el país, como lo fueron todos aquellos del último lustro de los ’70. Para el club de Villa Crespo, eran las últimas temporadas en Primera División de su casi centenaria historia -sólo volvería a estar en la “A” en 1984-, ya que después se hundiría en la ciénaga del Ascenso y la debacle institucional.
¿Quién no había escuchado o leído las excelentes referencias, mensurables en goles y buen juego, que traía desde su Junín natal Omar Atondo?
Claro, hoy es habitual ver por TV cuatro o cinco partidos del fútbol de Ascenso por semana, pero en aquel entonces no, y la única posibilidad de conocer, seguir, y amar u odiar a un jugador del fútbol sabatino consistía en concurrir a la cancha o hacerse una idea de él mediante la lectura de diarios y revistas o la audición de la radio.
La cuestión es que Atondo venía con grandes pergaminos y marcando, de algún modo, una continuidad en la provisión por parte de Junín de grandes valores al fútbol argentino. Desde Cosso y Barrionuevo, pasando por los que había recibido Atlanta: Luis Artime (si bien había nacido en Mendoza), Osvaldo Zubeldía, Miguel Ángel Villafañe, Miguel Ángel Villegas, Alberto Curini, entre otros. Incluso, Pablo Mallegni, también mendocino y juninense por adopción, fue durante muchos años representante de Atlanta en esa ciudad bonaerense, aun sin haber jugado nunca en el club, ya que había actuado en Vélez.
Indudablemente, el ´Patón´ cumplió con creces, a pesar de que los resultados deportivos no fueron buenos e incluyeron el descenso a Primera ´B´ en 1979. Durante dos años, los 65 partidos disputados con la casaca auriazul y los 19 goles convertidos bastaron para dejar un buen recuerdo por Villa Crespo, aun en la exigente platea bohemia.
Porque a pesar de cierta lentitud y andar algo cansino en la cancha, sobresalía su espigado físico y una imagen que apenas disimulaba muchas horas de potrero de pueblo y un aire de vago y atorrante. Todo ello se traducía en la precisión de su atildado toque, la justeza para meter un pase, la inteligencia -sí, aquella que va más rápido que el físico-, para resolver distintas situaciones en el campo de juego. Y, por supuesto, su calidad y contundencia para ejecutar los tiros libres. Era común ver a la gente en la tribuna cómo se frotaba las manos ante cada tiro libre sancionado cerca del área rival; Atondo les hacía recordar a otro gran shoteador y goleador, Juan Antonio Gómez Voglino.
A la memoria vienen algunos goles importantes: el tercero del empate en tres a Gimnasia en el ´Bosque´ y el que le hizo a Gatti en cancha de Ferro, que puso a Atlanta 2 a 1 arriba frente a Boca, aunque éstos luego lo dieron vuelta. O aquel tanto del empate, también en 3, nada menos que en el ´Monumental´, frente a River por el Nacional 78.
Tras el “cuadrangular de la muerte” de 1979, Atlanta descendió y peleó codo a codo con Sarmiento el Campeonato de Primera B de 1980. Por su parte, el Patón ya se había ido a pasear su bohemia y su exquisitez futbolística a Santa Fe, Lomas de Zamora y luego de vuelta a su casa, a Junín. Un día como hoy, hace diez años, tras pelear durante mucho tiempo no ya por una pelota sino por la vida, lo vinieron a buscar desde arriba. Quizás fue en ese momento -suele ocurrir- cuando cobró mayor dimensión todo lo que nos dejó como deportista y como ser humano”, finaliza la nota de Imas.

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