Argentina afuera del Mundial de Rusia, una de las imágenes que dejó el 2018.
Argentina afuera del Mundial de Rusia, una de las imágenes que dejó el 2018.
OPINIÓN

Luces y sombras

¿Qué imagen podría elegir el deporte argentino del 2018 que se va? Fue el año de los dos Mundiales: el Mundial de Rusia y el “Mundial” de River-Boca. Porque así fue tomado el Superclásico, que duró inclusive más que una Copa de la FIFA, pero no tuvo a 32 selecciones, sino a los dos clubes más grandes de nuestro fútbol. Lo que debía ser un orgullo (finalistas de la Libertadores) terminó siendo una vergüenza, un show de arrogancia y manipulaciones que concluyó, claro, con uno campeón y el otro derrotado, pero con la sensación de que perdió todo el fútbol argentino, de que ya ni siquiera basta jugar sin visitantes, sino que ya directamente se hace difícil jugar. ¿Aprenderá algo el fútbol argentino de esta derrota tan grande? ¿Podrá la pelota defenderse mejor de todos aquellos que liberan zonas, tiran piedras y solo juegan para ver quién humilla más, quién humilla mejor?
La Superliga sufrió daños inevitables con los dos grandes dueños de todo el escenario. Curioso, uno de sus jugadores emblema, figura además en la conquista de la Libertadores, el Pity Martínez, partió hacia un mercado menos cotizado (Estados Unidos) y por un dinero bajo, unos 10 millones de dólares limpios para River, apenas algo más de lo que Boca logró por la venta de Lisandro Magallán al Ajax. La venta de los mejores, daño crónico para nuestro campeonato, sigue siendo el principal ingreso de los clubes, tradición de un fútbol acostumbrado a ser una fábrica de jugadores. Pero a venderlos mejor de lo que recibe River por el Pity. Otros, es cierto, se van sin jugar casi nada. Allí lo vemos al pibe de Estudiantes Juan Foyth, jugando cada tanto en el Tottenham de Mauricio Pochettino. Allí están ahora los rumores de que Nicolás Balerdi puede partir al Borussia Dortmund por 12 millones de euros. ¿En serio Boca puede vender ya a Balerdi? ¿Cuánto habrá gastado Boca buscando zagueros en los últimos cinco años? Hay negocios del fútbol que siguen siendo difíciles de explicar.

A nivel de Selecciones está ahora mismo el Sudamericano Sub-20 de Chile, con un equipo preparado a último momento, señal de que se aprendió poco de Rusia 2018.

Tampoco estará ya en 2019 Maxi Meza, aporte de la Superliga en la despedida del Mundial ruso, la caída 4-3 ante Francia, que fue un campeón de VAR, contragolpe y pelota parada (y dos atacantes formidables) en una Copa que, para Argentina, no podía terminar bien si había comenzado tan mal, con una eliminatoria penosa y tres cambios de técnico y el último que dilapidó él mismo el prestigio con el que había arribado. Jorge Sampaoli acordó días atrás nuevo trabajo en Brasil con Santos, un club célebre, pero de presente difícil, obligado a mejorar si no quiere descender a Segunda. Y allí está Leo Messi. Con rumores de vuelta en marzo. Su pos Mundial, siempre con Barcelona, volvió a ser notable, al punto que cerró el año con su quinta Bota de Oro como máximo goleador en Ligas de Europa. Capitán titular del equipo catalán, es un Messi que luce más maduro fuera y dentro de la cancha. Ojalá la pausa que se tomó de la selección lo haya ayudado a examinar qué sucedió en Rusia. A entender, todos, no solo él, por qué su liderazgo falló allí como nunca. Y por qué acaso habrá derecho a renovar esperanzas para Qatar 2022, un Mundial cuyas eliminatorias comenzarán en octubre de 2019.
A nivel de selecciones está ahora mismo el Sudamericano Sub 20 de Chile, con un equipo preparado a último momento, señal de que se aprendió poco de Rusia 2018. Dos de las máximas figuras del deporte argentino de este año acaso sirvan para decirle algo al fútbol. Una es Juan Martín del Potro, que supo volver a la cumbre a puro trabajo, calidad y constancia. Imposible no citar su arribo a la final del US Open o aquella derrota en cinco sets contra Rafael Nadal en Wimbledon. La otra es Manu Ginóbili, gigante también a la hora del retiro tras 23 años de carrera notable. Y en un equipo, San Antonio Spurs, cuya organización y trabajo colectivo puede servir de espejo de muchas cosas. Manu, genio individual, impuso en la propia NBA su concepto de jugador colectivo por excelencia. Como Del Potro, es cierto, no estuvo siempre a disposición de la selección. Del Potro, sin embargo, lideró la conquista inédita de la Copa Davis. Y Manu fue el as de espadas de la Generación Dorada campeona olímpica y subcampeona mundial.
Llegará el momento en el que el fútbol salga de su arrogancia, de su eterno River-Boca, para mirar cómo trabajan otros. El deporte de 2018 celebró en Buenos Aires unos populares y exitosos Juegos de la Juventud, opacado sin embargo por la venta proyectada del Cenard y por el presupuesto en baja en una economía en baja, que rompió ilusiones y promesas más importantes que las de ganar un Mundial. La vigencia de la judoca Paula Pareto y la promesa de la nadadora Delfina Pignatiello son rostros en un deporte femenino que, acorde con los tiempos, busca romper a su vez décadas de cultura patriarcal. Porque los abusos, que entre nosotros tuvieron como centro a las inferiores de Independiente, estallaron en Estados Unidos con las gimnastas que denunciaron al médico Larry Nassar. El deporte suele vivir su propio micromundo, y hay quienes lo pretenden siempre así, pero es imposible escaparse del mundo real, en Argentina o en Estados Unidos. Dentro o fuera de los estadios.

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