Renacer de Leo Messi y el tormento de Cristiano Ronaldo, duelo de opuestos
OPINIÓN

Renacer de Leo Messi y el tormento de Cristiano Ronaldo, duelo de opuestos

Cuatro meses atrás, Leo Messi fallaba un penal y naufragaba en un empate decepcionante de la Argentina en la apertura del Mundial de Rusia 2018. Cristiano Ronaldo, en cambio, lideraba a Portugal marcando tres goles en un vibrante empate 3-3 contra España. Ambos terminaron yéndose del Mundial por una puerta lateral y bajo la sensación de que acaso iniciaban el ocaso de un reinado que, según muchos, se destacaba por su paridad, reflejada con los cinco Balones de Oro ganados por cada uno. Hoy, y mucho más allá de la delicada situación personal que atraviesa CR7 acusado de violación en Estados Unidos, la pelota vuelve a decirnos que Messi, aunque sigámoslo viendo lejos de la selección, es otra cosa. Siempre jugó en una Liga aparte. En otra dimensión.
El Tottenham de Mauricio Pochettino le dio demasiado espacio el miércoles pasado por la Champions. Y Wembley, lo dicen casi todas las crónicas, asistió entonces a una de las más memorables actuaciones individuales que recuerde toda su historia. “A veces -inició Barney Ronan en The Guardian- realmente solo tienes que pararte y mirar boquiabierto. Los mejores atletas en cada deporte nos dan una idea de algo más, un remix de las leyes físicas habituales”. Ronan nos dice que Messi jugó “con momentos irresistibles de control y visión y apartando a la defensa de los Spurs como una telaraña alrededor de un marco de ventana”. Vale la pena contar cómo describe Ronan la primera jugada del partido, cuando solo a Messi se le ocurrió “la idea de un pase que no existía” porque “había cuerpos en el camino” y “la línea de visión estaba bloqueada”. Un pase a Jordi Alba tan inesperado que el defensor Kieran Trippier quedó “retorciendo su cuello y enroscado en el césped” y el arquero Hugo Lloris no pudo más que salir tarde “corriendo en pánico, con los brazos moviéndose a los costados, como un hombre persiguiendo pollos a través de una intersección de la autopista”.

La pelota vuelve a decirnos, aunque sigámoslo viendo lejos de la Selección, que es otra cosa. Siempre jugó en una liga aparte. En otra dimensión.

Lo cito porque es uno de los mejores artículos que leí sobre el juego de Messi. Dejar a los demás como ridículos. Su capacidad de llevar la pelota “de un pie a otro como un boxeador que descarga una combinación de tres golpes”. Por eso el mismo The Guardian lo llamó “The Maestro”, The Times habló de “una masterclass” y el Independent destacó el “privilegio” que significó haber visto esa actuación, incluso para los jugadores de Tottenham, aunque, claro, mientras se distraían asombrados, Messi hacía y regalaba goles, estrellaba tiros en los postes, daba pases imposibles y, he aquí acaso la principal novedad, lideraba también a través del esfuerzo. Como si la cinta de capitán titular le hubiese implicado una responsabilidad extra. En los minutos finales, cuando había que aguantar el 3-2 parcial, Messi defendió como pocas veces lo vimos. Como graficó su compañero Jordi Alba: “si ves a Messi correr y defender, el resto solo podemos hacer lo mismo”. Juega (lleva diez goles, uno por partido), defiende y, además, ahora habla. Lo hizo al inicio de temporada cuando avisó que la Champions era el objetivo. Luego cuando, ante algunas fallas inesperadas, pidió más atención en defensa. Y ahora cuando advierte que, más allá del objetivo Champions, no hay descuidar la Liga.
Messi recibió en estos días una nueva acusación de supuesta evasión fiscal, leve si lo comparamos con lo que le está sucediendo a Cristiano, uno de los goleadores más notables que tiene el fútbol en toda su historia, pero, a mi gusto, lejos de la dimensión de crack de Leo. CR7 sorprendió al irse de un Real Madrid que parece extrañarlo cada vez más. Desairó al presidente Florentino Pérez, uno de los patrones más poderosos de la pelota. Es el mismo Florentino que, bueno es recordarlo, se dio el capricho de anunciar que contrataba a Julen Lopetegui y dejó a España sin DT apenas dos días antes de su debut en el Mundial. Intocable, Florentino apenas fue criticado. Con su nueva camiseta de Juventus, CR7 sufrió la primera expulsión de su historia en la Champions. Peor aún, reapareció una denuncia por violación en Las Vegas de casi diez años atrás que amenaza con derrumbar la estatua.

Cristiano anotó ayer su cuarto gol para el imparable Juventus. Pero no hay Balón de Oro que alcance ante un escenario así.

La revista alemana Der Spiegel, que en rigor informó del tema por primera vez en abril de 2017, dedicó un equipo de hasta veinte personas para seguir el caso durante dieciocho meses, siempre con el apoyo de abogados, conciente de lo que significa Ronaldo, como se refleja con sus 75 millones de seguidores en Twitter y 142 millones en Instagram. Publicó detalles íntimos, como el relato de Kathryn Mayorga, la acusadora, de que CR7 entró desnudo cuando ella estaba en el baño la noche del 12 de junio de 2009 y, pese a su negativa, la penetró analmente sin lubricante ni preservativo. Para archivar todo, CR7 pagó a la mujer 375.000 dólares, lo mismo que ganaba entonces jugando una semana para Real Madrid, dice Der Spiegel. Añade que Ronaldo la hizo seguir por detectives privados. Sus abogados alegan ahora que su clienta reabre todo porque el daño sigue y, más importante aún, porque ahora son tiempos de #metoo. Cristiano anotó ayer su cuarto gol para el imparable Juventus. Pero no hay Balón de Oro que alcance ante un escenario así.

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