FÚTBOL

Sergio Rubén “El Dogo” Galeano

Campeón invicto con Rivadavia de Junín en 1988. Jugó en innumerables entidades deportivas y fue uno de los pocos valores que sufrió una de las más grandes suspensiones en los anales de la historia de la Liga Deportiva del Oeste.

De chico vivía en Villa Belgrano. Me gustaban mucho las motos de carrera. Prácticamente me crié en el taller de Eduardo y Carlos Frisina, en medio de las motos. Un día trajeron un Robot al club Villa Belgrano, que se llamaba Dogo. Hacía los mandados y todo lo que le dijeran. A mi siempre me mandaban a la aviación a buscar la nafta para las motos de carrera, hacía todos los mandados para los Frisina. Entonces me pusieron El Dogo, en alusión a ese robot que hacía de todo. Hoy el 90% de la gente que me conoce, estoy seguro que no sabe mi nombre.

Fui a la escuela 18 con Alicia Ferrara, Susana Avalos, Miriam Mastandrea, la chica de Belagardi, Alfonso Reynoso. En ese tiempo venía mucha gente de Avenida Libertad hacia atrás. Cuando empecé a trabajar y le sentí el gustito a la plata, trabajaba y estudiaba de noche en la Escuela 16 como perito mercantil. Eran todos repitentes que echaban de las escuelas de la ciudad. Hice 5 años primer año. Me tendrían que haber dado el título. Nunca terminaba el ciclo escolar porque me venía el Nocturno de Fútbol o me iba jugar afuera.

En el barrio se jugaba al fútbol todos los días. Estaba lleno de campitos. Los Toledo atrás de Avenida República donde había campeonatos los sábados desde las 13 hasta las 20. El campito Peroni en Primera Junta, donde se hacían los barrio contra barrio.

Empecé a jugar a los once años en los altos del club Villa pero no se podía fichar. Y me ponían a jugar en una división superior con otro nombre.

Resultó que por amistades de mi viejo en el Ferrocarril, me llevan a jugar un reducido en el viejo club Independiente que estaba en la Avenida San Martín. Se jugaba con pelota de plástico y casco de bicicleta, de cuero. Lo organizaba el papá del mono Gaute y armaba el equipo. Jugaban el Negro Miranda, los dos Ruiz (Norberto y Gustavo), el japonecito Barrio. Y salimos campeones. Y termino fichando en BAP. Una desilusión para la gente de Villa, tremenda. Yo vivía a media cuadra del club.

No hice muchas inferiores. Séptima, sexta los domingos a la mañana y me fui a Tiburcio a jugar la Liga Independiente. Había una monedita.

Cuando volví a BAP estaba el Lobo Contreras con una camada de jugadores alucinante. Yo había incursionado en el banco de primera con jugadores de la talla del Vasco Guruceaga, Walter Destéfani, Juan y Omar Frías, el negro Carnigno, Sergio Ferreri, Hugo Basso, Cachi Capogrosso. Luego fui intercalando en primera y no paré más.

No pude salir campeón con BAP. Perdimos una final con el Independiente de Clara, Sospicio, unos jugadores alucinantes.

En el ´80 Newbery entrenaba en la cancha de Villa Belgrano. Yo estaba mirando la práctica colgado del alambrado. A los 20 minutos se lesionó Vilaplana. Y me dice Horacio Massari “Dogo no querés entrar un ratito”. Me transpiré todo. Yo venía de BAP donde tenías que esperar que terminara la reserva para que te dieran los botines. Acá cuando terminó el primer tiempo me dieron cuatro pares de botines, medias, calzoncillos, camiseta. Era el Bayern Münich. Jugué con los suplentes que enfrentaban a los titulares. Me marcaba Oscar Alfredo Melillo. Se la tiraba larga y lo esquivaba por afuera de la raya para que no me agarrara. Hice un partido como para jugar en River.

Luego se hace una selección de Junín donde el técnico era Taqueta. Melillo era el ayudante. Un equipo impresionante. Y me llevó Melillo. Perdimos la final en Necochea. Jugaba Carlos Mecherques, el Negro Gutiérrez, Sergio Galante, Fito Barzola, los dos Correa, el Lechón Clara, Lolo Montenegro.

Después Newbery le compró el pase a BAP. Formé equipos maravillosos. Cuando estuvo Omar Cándido Valdez jugué con Oscar Sharry, Juan Carlos Vilchez, Peteca Molina, el Reca Traverso, Horacio Massari. No salimos campeones porque agarramos el primer auge de Rivadavia de Lincoln con Diozquez, Casado, Di Gillio, un equipo impresionante.

Me fui a jugar a Atlanta de Vedia, con Ricardo Calabró y Omar Silva.

Volví a Villa para un nocturno y fue la mancha que me quedó en el fútbol de Junín. Estuve suspendido 2 años porque le pegué una trompada al referee. En una jugada confusa le pegué a Vilchez. Un tipo extraordinario que cada vez que lo veo no se cómo pedirle disculpas. No me va a alcanzar la vida para disculparme. Como no tenía antecedentes fueron dos años de cumplimiento efectivo a tal punto que cuando faltaban diez días para cumplir la pena, estaba con la camiseta de la selección de Junín puesta y me la hizo sacar Montagna (presidente de la liga) porque me iban a suspender de por vida si jugaba. Íbamos a enfrentar a la tercera de Ferro, que el técnico era el Chacho Villafañe.

Llego a Rivadavia, estaba Marisi de presidente. Arrancó el torneo, cumplí la suspensión. Perdimos un nocturno contra Villa Belgrano.

Quedó el equipo armado y se vino el oficial. Se jugó a dos zonas y ganamos el torneo en 1988, invictos. Y habían venido jugadorazos a reforzar equipos de la ciudad, como Bachino, el colorado Aco.

Con nosotros jugaba Tati Girard, Cernadas, Galante, Marcelo Marisi y Adrián Romero. Tobalina, Neculpán, Benítez y el mejor jugador que tuve la suerte de tener como compañero: Fabián Lamónica. No vi jugador como Lamónica en mi historia. También estaba Pichino Salvatori y Walter Pereyra. También alternaba Alejandro Kenny, que estaba haciendo el servicio militar.

Este plantel se fue a jugar a Eclipse de General Villegas, casi completo. A mí me salió la oportunidad de jugar en Sol de Mayo de Viedma. Jugamos un cuadrangular que lo ganamos, me dieron una casa y estuve dos años allá. Fuimos con el avión de la Gobernación a jugar a Necochea y ganamos uno a cero. Lo que no sabíamos era que el campeonato estaba vendido y Quequén terminó jugando el Nacional. Terminamos perdiendo 5 a 1 donde cabeceaban en contra el referee, los dirigentes nuestros, un desastre.

De ahí nos fuimos con Abel Oliver a jugar a Ingeniero Luigi, La Pampa, un año.

Volví a Rivadavia, ya tenía 34 años. Perdimos la posibilidad de llegar a la final con River Plate.

Me vinieron a buscar de Moreno. El técnico era Manolo Sans y el preparador físico Sergio Lippi. Se armó un buen equipo, metíamos dos goles en el primer tiempo y en el segundo nos hacían cuatro. Ahí me retiré del fútbol.

¿Maradona ó Messi? Tuve la suerte de verlo a los dos. Messi un monstruo. Pero con otros campos de juego, otras condiciones, otro calzado… elijo a Maradona.

COMENTARIOS