TUVO MUCHA JERARQUIA

Falleció Miguel Ángel Villegas, un ex jugador de River y Sarmiento

Otro golpe durísimo afronta el fútbol juninense por el fallecimiento del ex jugador Miguel Ángel Villegas, que dejó de existir el sábado pasado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde residía desde hace muchos años. Tenía 70 años.

“Darito”, como lo apodaban todos sus amigos, se inició en las inferiores de River Plate de Junín, de la mano de un verdadero artesano de los pibes: Waldino Urquiza. De grandes condiciones técnicas y habilidad para el tratamiento del balón, enseguida despertó el interés de los grandes clubes. No extrañó, entonces, su inmediato ascenso a planos mayores. En 1964, con 19 años, debutó en la Primera de Atlanta. En el bohemio jugó también la temporada 1965, junto a Carlos Griguol, Punturero, Glaría, Biasutto, Miguel A. Sánchez, Nuin, Vignale y Salomone, entre otros. En esa etapa, marcó 3 goles. Luego fue transferido a Unión de Santa Fe, entidad en la que también militó en dos ciclos: 1967/68, disputando 19 encuentros, con 5 tantos.
En Sarmiento tuvo la mala fortuna de aterrizar en el año más triste de la institución verde: 1969. El club venía de descender a Primera “C”, en 1968, después de instalarse durante 17 años en la vieja Primera “B”. En dicha temporada, Villegas fue el jugador con más participación en el equipo, con 29 partidos, en un elenco que integraban, entre otros, Horacio Barrionuevo (repatriado de un club francés), Miguel A. Villafañe,  Horacio Rodríguez, Antonio Pérez Delledone, Hugo Bissón, Celso Gallego, Horacio Prandi, Alfredo Rocha, Hugo Jorge, Santiago Zunino y Mario Esterluz. Debutó el 30 de marzo de 1969, primera fecha del certamen, en el empate en tres tantos ante Justo J. de Urquiza. “Darito” marcó uno de los goles del “guerrero juninense”.
Posteriormente, vistió las casacas de Sportivo Italiano y Defensores de Belgrano, en el plano rentado, y San Martín de 9 de Julio y Racing de Teodelina, en el aspecto regional.
¿Sus características? Jugador fino, de excelente toque. La proyección directa no fue su fuerte, pero sí su elegante manera de generar fútbol y acompañar a sus compañeros, con constantes cambios de frente. Cuando hacía falta, se manejaba con una gambeta corta para desprenderse con rapidez del adversario y habilitar a los otros volantes. Casi siempre tuvo una posición fija en los distintos conjuntos que integró, destacándose nítidamente como un enganche clásico, de esos que ya casi no existen, o bien tirado sobre la izquierda.
Aquellos que lo conocieron o los memoriosos que lo vieron jugar, seguramente sentirán mucho la  irreparable pérdida de un muchacho que tuvo gran respeto por la amistad y por el fútbol bien jugado.

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