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ARGENTINA EN LA COPA AMÉRICA 2015

Selección: Por ahora, es lo que hay

El Dream Team albiceleste que dirige Gerardo “Tata” Martino no ha respondido aún a las expectativas, en el torneo continental.

Ya nos va quedando claro, o parece quedar claro, que por lo menos hasta nuevo aviso la Selección Argentina adeuda cinco para el peso en partidos que se presentan para golear o que como mínimo se presentan para ganarlos a salvo de zozobras, de modo que por raro que parezca, para este Dream Team de millonarios vale la sabiduría popular que sabe ponderar lo que consta en la mesa: donde hay hambre, no hay pan duro.
Así como versus una de los seleccionados paraguayos más austeros que se recuerden de veinte años a estos días, la función empezó y hasta cierto punto transcurrió en clave de gala pero a los postres concluyó perdida en las brumas de una insoportable levedad, anoche fue malograda la oportunidad de dejar una imagen más ajustada a lo que se espera de un candidato a llevarse la Copa América.
Se dirá, con asidero, y serán concedidos los atenuantes, que se trataba de un clásico rioplatense, y de un partido crucial para avanzar de fase, y que aún sin estar en la cresta de la ola el equipo uruguayo supone un escollo incómodo, áspero, peligroso.
No menos atendible será contemplar que en este tipo de competencias es vital salir de la trampa de los primeros partidos, cuando se corre el riesgo de entrar con mal pie y recibir un golpe capaz de causar heridas sin retorno o de alcanzar el apogeo antes de tiempo. Y quedarse sin energía y sintonía para las instancias resolutivas.
Conferidas las peticiones de privilegio, entonces: Argentina necesitaba ganar y ganó, sin que le sobre nada, pero ganó, ya está con un pie en los cuartos de final, no sería de extrañar que se quedara con el primer lugar en el grupo y después, recién después, será cuestión de ver hasta dónde crece y hasta dónde llega.
Si se tratara de preguntarse si ha dejado de ser una gran candidata a coronar, la respuesta sería inmediata y contundente: de ningún modo, Argentina es candidata a coronar y acaso más candidata que cualquier otro competidor, sea Brasil, sea Chile, el que cuadre.
Pero todo eso no implica declinar la vara del rigor que merece un equipo poblado de estrellas encamaradas, endulzadas, endiosadas y que sigan las firmas.
En la versión más pesimista podría deslizarse que algunas de las flaquezas del equipo son alarmantes y en la versión más optimista, como mínimo, inquietantes, desde el momento que inquietante son el bajo nivel de Angel Di María, las escasas y poco confiable compañías de Javier Mascherano, la curiosa manera de desaprovechar los momentos de marea alta y de padecer los momentos de marea baja. Y, por si fuera poco, el descontrol y la puerilidad que redundan en la compra de problemas insospechados.
Uruguay fue un adversario disciplinado, rocoso y corajudo, atributos nada sorpresivos, de eso vive, pero si dispuso de algunas sortijas al alcance de la mano fue menos por lucidez propia que por candidez ajena: ¿Cómo puede ser que después de rozar el suicidio con Paraguay los albicelestes hayan facilitado una situación de gol por un error de un saque lateral en el campo propio y otra a la salida de un córner a favor?
¿Cómo puede ser que con el solo envión de su corazón valiente Uruguay los haya metido en el área y forzado a rechazar a la pelota a cualquier lado y encomendarse a una acrobacia de Chiquito Romero?
¿Pecará de demasiado abstracto hablar de la inteligencia de un equipo de fútbol?
Pues si así pudiera pensarse un equipo de fútbol, la conclusión va de suya: la Selección Argentina no está dando señales de configurar un equipo inteligente.
Y, ya lo observó el célebre General: Quien no tiene cabeza para pensar, deberá tener lomo para aguantar.

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