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Víctor Emilio Galíndez, boxeador de Vedia que fue gran campeón mundial y uno de los mejores pugilistas de la Argentina.
CON UNA DERROTA FRENTE A JESSE BURNETT

Hace cuatro décadas, se cerraba la carrera como boxeador del vediense Víctor Galíndez

Además de campeón mundial, el púgil de la vecina ciudad fue uno de los grandes exponentes del deporte de los puños de la Argentina.

En un ring montado en el hotel del complejo Disneyland de Anaheim, a una hora de viaje de Los Ángeles, en California, sin televisación en vivo ni transmisión radial que se recuerde, el boxeo le bajaba la persiana a uno de las mayores figuras que dio la Argentina, Víctor Emilio Galíndez, pugilista nacido en la vecina ciudad de Vedia el 2 de noviembre de 1948. 
Fue un sábado 14 de junio de 1980, hace 40 años, 134 días antes de que encontrara la muerte de manera trágica, cuando hacía su debut automovilístico como copiloto de Antonio Liceviche en una competencia del Turismo Carretera, y ambos fueran atropellados por el auto de Marcial Feijoo, mientras caminaban a la vera del camino, tras haber abandonado y bajado del vehículo esperando ser rescatados, en la vecina localidad bonaerense de 25 de Mayo.
Había quedado atrás su condición de enorme campeón mundial, había cortado su relación con Juan Carlos "Tito" Lectoure, con todo lo que eso significaba por aquellos tiempos en el pugilismo nacional, y había decidido dejar de renegar con los kilos. Muchas de sus peleas mundialistas en categoría mediopesado tuvieron un alto costo físico de su parte para poder cumplir con la balanza. Por eso consideró que ya era hora de saltar a la flamante división de los cruceros, que comenzaba a escribir su historia como un escalón intermedio entre los mediopesados y los completos.
Con el regreso de Juan Carlos Pradeiro en el rincón, Galíndez volvía a enfrentar al difícil púgil local Jesse Burnett. Se habían cruzado cuatro años antes, cuando Víctor Emilio era campeón mundial pero en combate fuera de título. Aquella vez, el 8 de abril de 1976 en el Forum de Copenhagen, ganó Galíndez por puntos en fallo mayoritario tras diez rounds.
En esta oportunidad, en suelo californiano, Burnett volvería a ser molesto para Galíndez, tanto que le ganaría por puntos de manera unánime. Sin saber que esa noche marcaría el final del recorrido del bonaerense por el mundo del boxeo. El árbitro-jurado John Thomas sumó 115 a 111, Vince Delgado 115 a 112 y Dick Young 116 a 111. Todas para Burnett. No había corona en juego.
El periodista Carlos Irusta estuvo con Galíndez en Estados Unidos semanas previas a esa pelea y recuerda que el rival elegido había sido Marvin Camel, pero fue reemplazado por Burnett. Camel se había bajado de la pelea porque trabajaba como operario en una fábrica de flippers y una astilla afectó uno de sus ojos. La rigurosa comisión de boxeo de California no lo autorizó.
Galíndez ya no contaba con la protección de Lectoure, más allá de transitar maltrecho ese momento de carrera. Incluso, antes del combate, "Tito" no le prohibió entrenar en el gimnasio del Luna Park, pero sí lo condicionó a horarios sobre el final de la tarde, cuando ya casi no quedaban boxeadores en el lugar, y le dispensó una absoluta indiferencia.
Lectoure no le perdonó que lo abandonara para ser manejado por la empresa "Primera Fila" que tenían José "Cacho" Steinberg y Carlos Monzón, y que tuviera en el rincón a Amilcar Brusa. Pero eso duró poco.
Veterano, peleando por encima de su peso histórico, sin la cobertura de la prensa ni Lectoure detrás, a nadie sorprendió este final con derrota de Víctor Emilio Galíndez en el boxeo. Fue un enorme campeón mundial, muy reconocido en los Estados Unidos, miembro del Hall de la Fama que acumuló 55 victorias, 34 por nocauts, nueve derrotas, cuatro empates y dos sin decisión.
Fue el primer boxeador argentino que se coronó bajo las luces del Luna Park, donde el 7 de diciembre de 1974 venció a Len Hutchins y se quedó con el título mediopesado de la Asociación Mundial de Boxeo. La perdió en su undécima exposición ante Mike Rossman y en revancha inmediata, el 14 de abril de 1979 en Nueva Orleans, volvió a conseguirla para volver a perderla la primera vez que la puso en riesgo ante Marvin Johnson. También fue el primer púgil argentino doble campeón mundial, que se lo recuerda por su guapeza, en especial por aquella pelea sangrienta ante Richie Kate el 22 de mayo de 1976 en Johannesburgo, donde lo noqueó en el último instante de pelea y dejó empapada la camisa del árbitro Stanley Christodoulou, prenda que hoy es una pieza de colección.
Lo que pocos recuerdan del "Leopardo de Morón" (donde residió muchos años) es su buena condición técnica que, como amateur, le permitió ser representante argentino en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967 y los Juegos Olímpicos de México 1968.
Hace cuatro décadas su condición de boxeador se apagaba. Es cierto que su carrera fue en parte eclipsada por ser contemporáneo nada menos que de Monzón.  Pero el boxeador que había nacido en Vedia, en esa apacible localidad de la Pampa Húmeda, y que se crió en Morón, en el Oeste del Gran Buenos Aires, tiene ganado su lugar en la rica historia del boxeo mundial, y "su nombre debe ser escrito con letras de oro", se expresó en el informe de la página especializada en boxeo "A la Vera del Ring".

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