LAS MUERTES DE HUGO SANTILLÁN Y DE MAXIM DADASHEV

Cuando boxear resulta fatal

“Dos boxeadores fallecidos en la misma semana, aunque en rings separados por miles de kilómetros, han sacudido al mundo de un deporte de por sí violento y por consiguiente altamente peligroso.
Como era de esperar, enseguida surgieron las críticas de los extremistas que piden su prohibición, en contraposición de quienes lamentan tan trágicos desenlaces pero no van más allá de expresar: “…son cosas del boxeo¨. Ni una ni otra.
Perder la vida en aras de una pasión y del bienestar económico es trágico desde cualquier ángulo que se lo analice. Pero la realidad es que esa adrenalina que tantas veces impulsa a un pugilista a jugársela, también se contagia a la familia, al público, al periodismo y hasta quienes se llevan la tajada grande de las promociones.
Ganarse la vida a las trompadas no es fácil. Pocos son los Mayweather, los De La Hoya o los Canelo Álvarez, para citar algunos ejemplos, que se cubren de gloria y se convierten en multimillonarios. Otros logran cosechar dinero suficiente para vivir decentemente y, con suerte, retirarse sin secuelas de esta durísima profesión. Pero a no engañarse, es inmensamente mayor el número de boxeadores que terminan sin pena ni gloria, muchos de ellos arruinados física y económicamente.
El deslumbramiento es inevitable para el muchacho que surge de un hogar humilde, que se defiende desde chico en un barrio bravo, que quiere salir adelante de cualquier forma y se ilusiona con levantar sus brazos en alto, consagrándose sobre un cuadrilátero.
Por supuesto que no faltará quien mencione excepciones, pero si vamos a la historia y le damos una mirada a grandes como Joe Louis, Mike Tyson, Floyd Mayweather, Carlos Monzón, Sugar Ray Robinson, Jake LaMotta (y la lista es larga), comprobaremos que el ansia de mejorar la condición humana es un incentivo que lleva a ignorar cualquier riesgo.

La muerte de Santillán
Hugo Santillán contabilizaba 19 triunfos y 6 derrotas como profesional cuando aceptó la pelea con el uruguayo Eduardo Abreu para disputar el título latino plata del Consejo Mundial de Boxeo, peso ligero. En el 2017 registró una campaña irregular alternando victorias y derrotas. Pero en junio del año pasado levantó sus acciones noqueando a Raúl Centeno, victoria que le deparó el título latino interino del CMB. En diciembre enfrentó a su compatriota Fabricio Bea (invicto con 13 presentaciones y otros tantos KOs), perdiendo por la vía rápida y encima con fractura de mandíbula.
Santillán navegó entre super pluma y super liviano. De pura necesidad fue aceptando peleas poco recomendables. Volvió a calzarse los guantes apenas un par de meses después de la fractura, derrotando a un muy discreto rival. Fue suficiente para renovar su entusiasmo y viajar a Alemania para enfrentar al invicto Artem Harutyunyan.
Pesó dos kilos menos que el local y le fue muy mal. Terminó en pie de puro valiente, pero recibió tanto castigo que, como medida de precaución para su propio bien, la Federación Alemana lo suspendió por 45 días.
Según señaló el periodista Gustavo Nigrelli, los germanos olvidaron pasarle esa información a la Federación Argentina, aunque de cualquier manera Hugo estaba habilitado para volver al ring cuando le ofrecieron, con apenas una semana de anticipación, la pelea contra Abreu.
Tras el fallo que decretó empate, se desmayó. En el hospital detectaron lo peor. Coágulo de sangre en el cerebro, operación de urgencia, cinco días en estado de coma y el fallecimiento.
Hoy son muchos quienes pretenden adjudicar culpas.
¿ Debió el padre (que era su entrenador) pedir que pararan la pelea cuando aparecieron prematuros moretones en el rostro y también comenzó a sangrar profusamente de la nariz ?. Eso va un poco de contramano con el resultado al cabo de los 10 rounds.
Además, se reactualiza la polémica del boxeador que es dirigido por su progenitor. Pero en ese tema no está todo escrito.
Para muestra basta un botón: Lomachenko – indudablemente uno de los mejores libra por libra de la actualidad – es entrenado por su padre y se enorgullece de seguir su consejo, “no aflojar, no rendirse”.
Lo que sí resulta incomprensible a la distancia, teniendo en cuenta lo que expresaron quienes estuvieron presentes en San Nicolás, es que el médico de la Comisión ni siquiera se haya acercado a la esquina.
También es concebible que el problema en la cabeza pudiera tener origen en los duros impactos recibidos durante la pelea anterior en Hamburgo. Aquí cabe preguntarse cuándo se exigirá el escaneo del cerebro antes de todas las peleas, no solamente para eventos importantes, pregunta que desgraciadamente suele contar con una respuesta despiadada: cuesta mucho dinero.
De cualquier manera, en lugar de lanzar acusaciones sin pruebas concretas, lo que se impone es una investigación a fondo, evaluando no sólo lo ocurrido durante la pelea sino también todos los antecedentes previos. Vale para esta, que tuvo epílogo fatal, como para las que terminan con serias lesiones y tampoco olvidemos la lucha por pólizas de seguro realistas para quienes arriesgan su integridad física en una profesión decididamente peligrosa.

El deceso de Dadashev
Lo ocurrido en Estados Unidos tiene otros matices. La eliminatoria entre el ruso Maxim Dadashev (11 KOs en 13 victorias) y el puertorriqueño Subriel Matias (13 KOs en otras tantas presentaciones) prometía ser un choque de trenes. En realidad, lo fue por pocos rounds porque Dadashev (que en los pronósticos aparecía como favorito), se desdibujó ante un boricua que lo castigó duro y parejo. Al cabo del noveno round el entrenador Buddy McGirt le dijo a Dadashev que iba a parar la pelea, pero el ruso enfáticamente le dijo que no lo hiciera. Matias continuó pegando a voluntad y tras el decimoprimero McGirt (campeón mundial en dos categorías entre 1991 y1993) decidió que su pupilo ya había recibido demasiado y le indicó al médico y al referee el NO VA MÁS, pese a la vehemente queja de Maxim que pretendía continuar. Camino al vestuario, el boxeador empezó a sentirse mal y le acercaron un balde para que vomitara. Minutos después ya iba camino al hospital. La hemorragia cerebral fue devastadora. Maxim Dadashev dejó de existir el martes.
Dadashev era parte del contingente del este europeo (rusos, kazajos, ucranianos) que se asentaron en Oxnard, a 100 kilómetros de Los Angeles, famosa por la producción de frutillas … y por el boxeo. Gimnasios como el de Robert García (en el que se entrenó Maidana para sus peleas con Mayweather) han atraído figuras mundiales. El de García no es el único en esta pequeña ciudad con predominante población de origen mexicano, su propio padre fue el precursor muchos años antes.
Los europeos y algunos latinos optaron por el “Laboratorio”, un gym al estilo soviético donde se encontraban a gusto. Maxim desarrolló toda su campaña profesional en Estados Unidos y contaba con un respaldo de primera línea.
Su manager era Egis Klimas (el mismo de Lomachenko y Kovalev) y su promotora la famosa Top Rank de Bob Arum. Todo apuntaba hacia una corona mundial, y todo culminó en un final cruelmente inesperado.
Pocas horas después del combate, el Secretario General de la Federación Rusa de Boxeo anunciaba que harían una investigación sobre lo sucedido y, además de dar las condolencias a la familia de Dadashev, adelantaba que pagarían los gastos del funeral y se harían cargo de apoyarles económicamente por el resto de sus vidas. En Estados Unidos, la empresa promotora le entregó a la esposa los 75.000 dólares de la bolsa correspondiente al evento. Al mismo tiempo se iban generando las preguntas y hasta las críticas directas.
La rapidísima decisión de investigar lo ocurrido por parte de la Federación Rusa no dejó de llamar la atención.
Mientras muchos elogiaron a McGirt por parar la pelea, otros consideraron que tendría que haberlo hecho antes.
Se corrió la versión que Dadashev podría haber subido al ring con una lesión previa, producto de sesiones de sparring con colegas mucho más pesados.
Kovalev opinó enfáticamente que el culpable fue el árbitro por no parar la pelea a tiempo. Punto de vista compartido por mucha gente. Recordemos que Kovalev sufrió su propio drama tras la muerte del compatriota a quien había derrotado por KO. Eso sucedió hace 10 años y le ha quedado grabado.
Lo sucedido en Argentina y en Estados Unidos ha sido un “shock” tremendo, un reajuste a la realidad de un deporte que puede llegar a cobrar su precio máximo cuando menos se piensa. Esto mitigado un poco por la milagrosa recuperación del mexicano Félix Orucuta, seis semanas después de la operación para extraerle un coágulo de sangre en el cerebro. Orucuta había sido noqueado por Jonathan Rodríguez el mes pasado.
Damos por descontado que esta semana las comisiones de boxeo de todo el mundo estarán revisando y tratando de ajustar los detalles que puedan prevenir nuevas tragedias.

(*) Conductor de Combate SPACE

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