None
La imagen de Luifa en el piso de madera flotante.
BASQUET

Cuando perdió los dientes en el Mundial

Scola perdió dos dientes en el choque ante Nueva Zelanda”, decía el título de Infobae un 26 de agosto de 2006. “Scola, con dos dientes menos”, escribió el diario La Nación. Argentina le había ganado a Nueva Zelanda (79-62) en los octavos de final del Mundial de Japón 2006 y se tenía que enfrentar a Turquía en los cuartos, pero la noticia no era la victoria, sino el golpe que no le impidió al actual interno del seleccionado nacional dejar de disputar el juego.  
Cara y parquet no son una buena combinación. Scola lo comprobó. Su humanidad chocó con el piso y perdió las fundas, junto a una parte de los dientes en los que las apoya, según había comentado un portavoz del equipo. Todo se dio en el primer cuarto y por ese motivo el interno debió irse al banco de suplentes a que lo atiendan. 
El partido de Andrés Nocioni ante Lituania en una pierna, los intentos fallidos por jugar ese mismo partido de Ginóbili y la remontada de Herrmann en Atenas son algunos de los recuerdos más épicos de la Generación Dorada. Lo de Luis también estuvo en ese nivel. No es algo desconocido, pero sí poco difundido.  
El por qué se encuentra en el hecho en sí, ya que, después de ser atendido, volvió a la cancha para jugar el resto del partido. No fue hasta luego del encuentro que el argentino fue llevado hasta un hospital de Saitama para que lo atienda un dentista que le practicó una reparación temporal, permitiéndole disputar el resto del Mundial con un protector bucal.  
Su historia no es conocida, porque a él no le gusta jactarse de sus hechos. Deja que su juego hable y esa es su mayor virtud. Sigue allí en el seleccionado, aún 14 años después de ese desafortunado choque. Cara y parquet son una peligrosa combinación, pero también forman parte de un crisol que no pudo con él. Él es Luis Scola, él es Argentina.

COMENTARIOS