Rubén Magnano.
Rubén Magnano.
SELECCIÓN ARGENTINA

El día que Magnano castigó a la Generación Dorada por comer chatarra

El entrenador de Argentina en los Juegos Olímpicos de 2004 fue engañado por sus jugadores. Al descubrir la verdad todos sufrieron las consecuencias.
Churros, chocolates, caramelos, Rubén Magnano y una cocinera son un crisol que podrían tranquilamente formar parte de la oferta teatral del Gran Rex, también sería una taquillera película de cine o una interesante sitcom.
Pero todo lo que ocurrió está basado en hechos reales y no es ningún cuento fabulado.
Resulta que, en medio de la concentración de la Selección Argentina en Córdoba en 2004, muchos de los integrantes del plantel se levantaron con malestar estomacal e inmediatamente le informaron la situación al mítico entrenador.
Minutos después, el director técnico estaba muy enojado y, haciendo honor a su picante personalidad, fue a buscar a la cocinera que estaba a cargo del restaurante del hotel ACA en el que se alojaba el seleccionado nacional.
Molesto, Magnano le reprochó lo que le había dado a sus jugadores la noche anterior, explicándole que varios de ellos se habían despertado descompuestos. Pero la señora no se inmutó, se puso cara cara con el entrenador y en medio de un intercambio de salivas le dijo con un dedo en el medio del pecho que mejor se fijara lo que hacen sus propios dirigidos cuando él duerme.
Obviamente que en ese momento Magnano se vistió de Sherlock Holmes y, como si fuera un cuento más de Sir Arthur Conan Doyle, se puso a investigar el chisme que le había comentado la cocinera.
Eficiente como en el banco de suplentes, Rubén tardó solo unos minutos en descubrir lo que pasaba y a la hipótesis que llegó fue que varios jugadores del plantel venían traficando a las habitaciones del hotel chocolates, caramelos, churros y otras chatarras que finalmente les terminaron causando los mencionados malestares estomacales.
Como todo maestro, el entrenador del seleccionado nacional comenzó la práctica siguiente de manera tranquila, con cara de aquí no ha pasado nada. Los reunió a todos, les comentó un par de cosas y finalmente explotó responsabilizando a los jugadores de la situación.
¿El castigo? Los obligó a que hagan carreras infinitas hasta tocar la línea de fondo, haciéndoles correr ida y vuelta por vastas horas hasta que cayó la última gota de sudor por la camiseta de todos y cada uno de los integrantes de la Generación Dorada.

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