BÁSQUET

Eduardo “Papón” Freston

Ganó el campeonato Apertura con Cavul y es múltiple campeón en la ciudad de Lincoln.

Nací en Lincoln, fui a la escuela con Cachi Pisano, unos cursos más abajo con Gastón Carra. Vivia a unas pocas cuadras de la cancha de básquet vieja de El Linqueño donde en la actualidad hay un supermercado.

Empecé a jugar al básquet a los seis años porque prácticamente vivíamos adentro de la cancha con los chicos del barrio.

Estaba de técnico Víctor Hugo Fernández, muy amigo de Darío Racero, de la camada de entrenadores que aparecían en ese momento. Un adelantado para la época, muy buen entrenador.

En ese entonces estaba la Asociación Linqueña de Básquetbol que la integraban Cavul, Rivadavia, Independiente, Jorge Newbery, Pintense, Atlético Ameghino, Atlanta de Vedia, Eclipse de Villegas y El Linqueño.

Ya se habían retirado algunos clubes, pero en 1983 cuando El Linqueño se viene a jugar a Junín se disuelve la asociación de Lincoln. Lo que pasó fue que el club se quedó sin competencia en primera división y tuvo que dar un golpe de timón para seguirle dando participación a los chicos. Pero en realidad se perdió una zona basquetbolística muy valiosa. Fue una lástima.

Creo que si la Liga Nacional hubiese arrancado antes de 1985, no sé si no hubiese intentado El Linqueño jugar los reclasificatorios como lo hizo tiempo después Argentino.

En 1980-81 comencé a jugar en la primera división y en 1983 me vine a jugar a Junín. Había estado entrenando un tiempo en San Martín. Después estaba Daniel Aréjula estudiando el profesorado de educación física en Lincoln –cuando era uno de los mejores jugadores de la Argentina- y charlando un día con él me decidí venir a jugar a Ciclista. Estaba como entrenador Omar Cándido Valdez.

Pero después El Linqueño decidió armarse fuerte y me volví. Jugué con Cafferata, Taulamet, Gastón Carra, el Pelado Mario Rico –que estaba viviendo en Ameghino y venía a jugar con otro Pivot, Avelleira- y yo. Eramos los cinco iniciales todos los partidos.

Ya al año siguiente vuelve a jugar César Quevedo y formamos un equipo con todos los de Lincoln. Llegamos a una final famosa, un tercer juego con Argentino en Junín y perdimos. Hubo muchos disturbios y el tercero se jugó en Las Morochas, pero a puertas cerradas. Jugaban en el Turco el cabezón Marchesi, Tito Biurrun, el Pacha Taró, Andrés Spacapán. Perdimos 52 a 53.

No pude salir campeón con El Linqueño, fue una asignatura que me quedó pendiente.

Después perdimos otra final de la Asociación Juninense contra Ciclista, pero en Lincoln, cuando Ricardo Pagella era el entrenador del Verdirrojo. También hubo disturbios.

Como entrenador salí campeón cuando hicimos Ciudad de Lincoln en el 2006. Venía de salir subcampeón en el 2004 cuando llegamos a la final de Ciudad de Bragado, que lo dirigía Heriberto Schonwies. Fue la primera vez en la historia que llegamos a la final dos equipos que no eran de Junín. Yo dirigía a El Linqueño, recién regresaba de estar en La Pampa.

Había sido asistente de Cristian Marquez en 1994 que se fue a Lincoln con Larry Longo para un provincial de clubes y al año siguiente agarré el equipo. Llevamos a Adrián Capelli como refuerzo, estaba Gastón Carra, el Indio Gauna, Adrián Aued. Con ese equipo ascendimos a la Liga Nacional B. Jugamos dos temporadas, estaba Crivaro en el primer ciclo y al otro años llevamos a Ricardo Lorio, Mauro Puertas.
Luego me fui a All Boys de Santa Rosa donde ascendimos a la B y luego quedamos atrás de Argentino de Junín que fue cuando ascendió.

Me llamaron de Independiente de General Pico, primero con Flor Meléndez y luego como asistente de Mario Guzmán.

Más tarde me vine a San Martín de Junín donde dirigí el Provincial. Vino la crisis del 2001, me volví a Santa Rosa a dirigir La Unión de Clubes y ya en el 2005 me volví definitivamente a Lincoln por la familia, estaban mis hijas viviendo ahí y me quedé dirigiendo hasta la actualidad.

Cambió muchísimo el básquet de mi época al de hoy. Sobre todo como se entrena. El mismo cambio de reglamentos lo va haciendo más veloz. Las posesiones son más cortas, se entrena mucho más, se defiende el doble, la infraesteuctura es mucho mejor en cuanto a pelotas, zapatillas, canchas, es todo más profesional.

Igualmente creo que los talentosos de la época nuestra hoy se hubieran hecho un pic nic. Biurrun, Marchesi, Aréjula, grandes figuras que hoy les sobraría para estar en una cancha.

Lincoln está estructuralmente en condiciones de jugar un provincial. De hecho Cavul y El Linqueño ya lo han desmotrado en varias oportunidades. Un Federal sería un poco más arriesgado.

Lo que pasa es que se nos van los chicos a estudiar y eso nos mata. En el recambio generacional, se nos van chicos valiosos y no tenemos manera de contenerlos ni suplantarlos.

Pero Lincoln es una buena plaza porque a la gente le gusta mucho el básquetbol, va a verlo, es entusiasta. Hay que seguir trabajando para tener una mejor posición. Con Junín tenemos un buen campeonato, una linda competencia y la disfrutamos mucho. Junín nos ha hecho crecer mucho y eso lo tenemos que aprovechar.

Argentino es un caso fuera de serie. Yo viví en carne propia lo que es Argentino cuando me tocó enfrentarlo en la vieja Liga Nacional B. Tremendo, inigualable. Realmente llama la atención porque uno conoce la Liga, la ha vivido. He recorrido todo el país, Sudamérica y la pasión que se ve en Argentino de Junín que se sigue transmitiendo de generación en generación es envidiable. Ojalá Matías Huarte, que tuve la suerte de dirigirlo y sé lo que siente por el club, tenga una buena temporada y siga manteniendo la llama de la Liga Nacional en la región.

¿Ginóbili? Son esas cosas que te asombran y te hacen reflexionar. Si se pudo, por qué no se puede ahora. Si sacamos un Ginóbli, por qué no sacar otro. Hay que seguir trabajando. Lo que no hay que olvidar son los clubes de barrio, que son los que sacan los chicos. Los clubes no deberían pagar tanto arriba, sino distribuir y pagar mejor a los entrenadores de abajo. Porque los clubes de barrio son los que sacan grandes jugadores. Ginóbili salió de Bahiense del Norte.

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