BÁSQUET

Raúl “El Flaco” Scaglione

Nacido basquetbolísticamente en Los Indios, donde fue campeón, pasó por Rivadavia de Necochea, Argentino y Club Junín, recogiendo logros en todos lados.

Nací en Junín en el barrio Pueblo Nuevo, cerca del club Newbery. Siempre me dijeron “El Flaco”, aunque por donde fui pasando me cambiaban el apodo. Me dijeron Negro, cuando fui a jugar a Necochea me decían Popy, porque era igual a un hincha fanático del club. Pero son circunstancias de la vida.

El barrio en ese tiempo era lindo, tranquilo, con campitos cerca en todos lados. Teníamos a mano el campito de Sánchez que los sábados y domingos a la mañana era religión ir a jugar al futbol ahí. Se jugaban los barrios contra barrio.

También en la vereda del largo de la panadería del barrio se jugaba mucho y si no en el largo de las oficinas del Ferrocarril San Martín. Una época hermosa.

Fui a la escuela número 2 que está a dos cuadras de casa todavía. Fui con Víctor Álvarez Rea, los Tenti que eran de Ciclista, hablando de los que jugaron al básquet.

Hice el secundario en el Nacional, siempre con una vinculación fuerte con el básquet, con Tito Biurrun de profesor de Educación Física. En ese momento se centralizó en la selección de juveniles de Junín que logró por primera vez un título provincial en 1977 y teníamos el equipo completo del colegio Nacional. Fuimos cinco años campeones provinciales y llegamos a salir campeones nacionales en los intercolegiales. Estaban Chiri Lázzari, el Negro Ghione, el Cabezón Marchesi, Daniel Basso, por nombrar algunos.

Me fui a hacer varios intentos de estudios. El primero fue medicina y quedé afuera en el examen de ingreso. El segundo fue veterinaria, en Buenos Aires, donde me fui con Daniel Aréjula a jugar también. Daniel tuvo la oportunidad de quedar en la selección argentina y desistió de estudiar. Me quedé solo, no me acostumbré mucho a Buenos Aires y me volví.

Me fui a Lincoln a estudiar Educación Física donde me recibí y es la profesión que tengo hoy en día y creo que es increíblemente hermosa.

Jugué al futbol oficialmente en la novena de BAP. Atajé en un par de partidos. El que andaba buscando jugadores por las calles era el Sordo Ramos, a veces con don Torelli. Y me llevaron, pero no hubo caso. El básquet fue más fuerte aunque se empezaba a los 12 años a jugar, no era como ahora a los cinco o seis.

Empecé a jugar en Ciclista Juninense. Fui un par de veces. Pero fue una época donde la institución estaba un poco desordenada y tal vez no había una cara visible.

Entonces con Daniel Aréjula nos fuimos a Los Indios donde encontramos al maestro mentor Darío Racero que logró captar esa atención que requeríamos cuando recién empezábamos. Él la vio de una manera brillante y ahí quedé para siempre en Los Indios.

Debuté en primera a los 16 años. Estaba de técnico Arnaldo Molina y nos pidió a un par de jugadores que nos quedáramos al banco de la primera. Pero enseguida agarró Racero que fue un visionario. Yo con 1.92 de estatura me hacía picar la pelota y jugar afuera, cosa muy rara en ese época. Años después tuvimos la suerte con Carlos Gianelli y Daniel Aréjula de salir campeones de primera división.

Cuando llegó el primer americano a Los Indios, Mike Mc Keller, fue para equiparar que Argentino había traído uno también. Pero curiosamente había salido campeón Los Indios cuando no tenía americano y después Argentino, sin americano. Entonces se jugó la final del año y tuvimos la suerte de ser campeones en Los Indios.

Tuve la mala suerte que se me cortó el tendón de Aquiles y cuando estaba casi fuera del básquet me salió una posibilidad de probarme en Necochea, con Rivadavia.

Fui y quedé un año en lo que hoy sería el TNA. Pero el club económicamente no estaba bien y me volví. Jugué una pre-liga en Argentino de Junín que la ganamos y conseguimos el derecho de ascender. Pero los problemas de hiperinflación de la época y el mal momento del país hicieron que Ángel Pagano –con muy buen criterio- decidiera no tomar la plaza.

Jugué cuatro años en Club Junín, donde se consiguió el primer título de la historia. Resultó que después de 20 años sin básquetbol decidieron reinstalarlo. Yo trabajaba en el club con las inferiores. Entonces con los pibes Zeta Castellazzi, Marcelo García, Ignacio Farías, Nicolás Bazzani, y los de la escuela de básquet, se armó una primera sumando a Gustavo Sandrk y Pablo Gauna. Dirigió Papeta Gómez. Salimos campeones en 1988 ganándole a Argentino y la ganamos la final de 1989 contra Ciclista.

Fue una época muy especial, jugar con los alumnos, la cancha llena. Me parece entrar al club hoy después de 30 años y es como muy fuerte.

Me despedí del básquet con Los Indios, en un torneo cuadrangular.

El básquet de Junín está luchando contra una época muy difícil del país, de la sociedad, de los chicos. Que es igual en todos lados. Es más difícil encontrar chicos que tengan esa férrea voluntad de entrenar, de no salir, es complicado.

¿Ginóbili? Un fenómeno en todos los aspectos. Físicamente distinto en virtud de cuidarse, de hacer las cosas bien, de alimentarse correctamente. Un fenómeno competitivo al máximo. Son las dos cosas que se necesitan para llegar bien arriba.

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