Jose Luis “El Gallego” Barile
BÁSQUETBOL

Jose Luis “El Gallego” Barile

Dirigente progresista de Los Indios en los ´90, donde emprendió campeonatos nacionales y estuvo a punto de hacer una megaobra que no llegó a concretarse.

Nací en Agustín Roca, en el ´46. En aquel momento eran todas calles de tierra, pero enseguida hicieron unas cuadras de pavimento cuando era delegado José Mauricio. Era levantarse, ir a la escuela y después salir a jugar con los pibes a la calle, a la pelota o cualquier otro juego típico de la época. Algunos íbamos al club Origone, pero más se jugaba en la calle.

Hice la primaria en la escuela número nueve “Mariano Moreno” y después el secundario en Junín, donde viajaba todos los días. Venía a la mañana y me iba a la tarde, almorzando al mediodía en una pensión. Hice casi todo el ciclo. Pero en el medio mi viejo tuvo dos infartos que no eran como ahora, que es todo mucho más sencillo con el avance de la medicina. No pudo trabajar más. Era carpintero. Entonces vendió allá y compró en Junín, en calle Hipólito Yrigoyen 465. El 26 de mayo de 1960 nos mudamos. Ahí seguí en el Industrial, pero como estaba todo más difícil, al terminar tercer año conseguí trabajo en la automotriz Peugueot. Entonces seguí estudiando nocturno en La Fábrica, que estaba en calle Rivadavia. Me recibí de técnico mecánico. Toda la promoción nos seguimos juntando –hace 52 años- todos los años.

Cuando cerró la Peugueot en San Martín y General Paz, seguimos con don Antonio Quintana que se hizo cargo de la parte mecánica.

Un amigo, que llevaba los papeles, se quedó sin laburo. Entonces lo acompañé a la DGI –que estaba debajo de la Galería Boo, porque pedían empleados. El no tenía título nacional, pero me preguntaron a mi si quería entrar porque el título mío era apto. Primero no quise, después fui y me mandaron a hacer un curso de mecanografía. Rendí bien y me aceptaron. Pero me tomaban contratado y no quise. Al tiempo me volvieron a llamar y, como era contratado, no quise. Ojo que no era el contratado de ahora, pero igual no quise. Un día me llamaron con el nombramiento en la mano, en 1973. Estaba Aldo Sobré de jefe y me dijo que comenzaba a trabajar al otro día. Le dije que tenía las vacaciones ya pagas y me dijo “vaya y cuando vuelva, comienza”. Increíble lo que pasaba en esa época. Pero tengo otra anécdota, cuando volví era jueves y empezaba el viernes a trabajar y le pedí arrancar el lunes y también me lo concedieron. Trabajé 40 años.

Yo viene el 26 de mayo del 60 al barrio y el 27 estaba en el club Los Indios, con Cuqui Mársico. Empecé a trabajar como colaborador, sin integrar comisiones. Pero cuando Mársico arrancó como presidente pidió que me sumara. Estaba Mauricio Quinteros, Pirulo Di Cienzo, Rafael Acuña.

En esa época aparte del básquet el fuerte eran los bailes. En básquet jugaban Violino, Cairnie, Guillotti, el Zorro Mársico, Viki Jackson y el Loco Montevello que venía del Gran Buenos Aires exclusivamente a jugar. Tenía carnicería allá y la cerraba para venir a jugar acá. Salimos campeones después de muchos años. De técnico estaba Comité, de Pergamino.

Recién se inauguraba el gimnasio y habían traído como atracción a la orquesta de Osvaldo Fresedo. Ahí comenzamos a traer cada quince días grandes espectáculos de baile.

Luego comenzamos a alternar con el club Rivadavia. Pero ir a Los Indios tenía sus costos. Hay fotos con dos cuadras de cola para sacar la mesa para el fin de semana de baile. Hacíamos carnavales de invierno, con el famoso Joe Maseo que salía con la Trompeta tocando desde calle Borges, saliendo por Hipólito Yrigoyen.

Luego entró Mario Pugliese de Presidente y me llevó de prosecretario. Seguí mi carrera en el club y un día me tuve que hacer cargo del minibásquetbol. Formamos un grupo de gente y le dimos un impulso distinto.

En los principios de los ´80 asumí la presidencia por tres períodos. Tuvimos momentos buenos cuando hicimos el “Proyección ´90” que lo impulsé junto con Mauricio Quinteros, Alfredo Gaudino, Miguel Calabró, Caño Martino. Lo hicimos en 1986 porque en el ´90 se hacia el Mundial de Básquet en la Argentina. Entonces tomamos la mejor división que teníamos en ese momento y la hicimos competir contra chicos de otras ciudades, todos los años. Y se continuó dos años más, pero después se fueron complicando las cosas, los chicos se alojaban en casas de familia y luego no lo permitieron más, etc.

Acá vinieron a competir Atenas de Córdoba, Boca Juniors, Gimnasia de Pergamino, Petrolero de Plaza Huincul, Gimnasia y Estudiantes de La Plata, Independiente y Pico Fútbol de La Pampa. Eran muchos equipos los que juntábamos, porque se viajaba mucho para tirar líneas. Yo había hecho una gran amistad con Julio Graña, que era el presidente del básquet de River Plate de Capital Federal. Me había vinculado Daniel Aréjula y me abrió muchas puertas en Buenos Aires para traer clubes e ir a jugar a los grandes encuentros de mini allá. Por ejemplo fuimos al club Pinocho.

Nos tocó una época económica muy difícil en cuanto a la obtención de recursos, pero los padres siempre pusieron el hombro y un poco más también.

En una oportunidad había un dirigente gremial de la DGI que tuvo intenciones de hacer un edificio en los lotes que están sobre calle Irigoyen. Nos dejaban el gimnasio abajo y todo el primer piso de oficinas para nosotros, que lo podíamos usar como comedores o como departamentos para reclutar jugadores.

Estaba todo supeditado a una asamblea en el club y se expandió como que fui el ideólogo de todo, pero en realidad ésta gente de la DGI siguió otros rumbos y se enfrió el tema. Por supuesto que al club le hubiese dado una impronta tremenda en ese entonces.

Luego se hicieron las canchas de paddle, se le dio otro aspecto deportivo. Antes era baldío y una vez cuando hicimos una rifa del mini sorteamos un Petiso y lo teníamos ahí comiendo el pasto.

Hoy jugar el profesionalismo es inviable para los clubes que no están subvencionados por el estado. Traer americanos es casi imposible. Ojo que con Mario Pugliese trajimos dos americanos (Alvin Goods y Jesse Peterson), pero se podía. Hoy con los recambios, pasajes, es una locura. Igual es muy loable lo que están haciendo los clubes de Junín. Pero está todo muy trillado, hay automovilismo, boxeo, un montón de deportes que para cien mil habitantes es muchísimo, aunque gracias a Dios se hacen.

Hoy el club está muy bien, la dirigencia actual lo mantiene ediliciamente y compitiendo. Le ha dado mucha importancia a las inferiores como en los ´80 y ´90 lo que llenó al club de chicos. Creo que hay 130 pibes, que es una gran cantidad para un club. Ojalá puedan techar el patio y tener dos gimnasios paralelos.

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