BÁSQUET

Alberto "Beto" Vignolo

Memorable jugador de Argentino y la selección de Junín en los '50/'60. También fue entrenador.

Nací en Junín, en la calle Almirante Brown al 212, justo en la mitad de la cancha vieja de Argentino y El Fortín de las Morochas. Fui a la escuela 7, al principio en una esquina de calle Almafuerte en primer grado, pero enseguida sobre calle Alberdi que era una casa muy grande. Titina León fue mi primera maestra, que me enseñó palotes. Me tocó ser abanderado cuando vinieron Perón y Evita, en la plaza Británica, la que hoy está frente a la estación de trenes. Ellos bajaban del tren, pasaban por adentro de la estación y directamente salían al palco. Estuve a 20 metros del palco. Inolvidable, tenía a Perón y Evita al lado mío. Casi me mandaron al Industrial. Pero mi viejo, que siempre anduvo en el fomentismo y otras comisiones,  se enteró que abrieron el Comercial y me mandó ahí. El primer año fuimos al edificio del Nacional y de segundo a quinto ya nos trasladamos a Lebensohn y Narbondo. Cuando me recibí fue la primera promoción, unos 17 en total. El director era Raúl Ordoñez, muy amigo de Enrique Morea, uno de los grandes tenistas del país.

Antes para los lugares más importantes de trabajo estaba por delante el haber hecho el servicio militar. Trabajé como dos años en la oficina del Ferrocarril, en la parte médica.

Como reunía todas las condiciones, me llamaron de varios lados a la vez, porque el título de Perito Mercantil en esos años valía. Me quedé en el Banco de Junín, donde hice carrera y fui Gerente. Estuve más de 30 años.

Jugué al fútbol. Estaba anotado en Moreno y no tenía lugar, porque era mi barrio. Le metieron la púa a mi viejo y me fichó en Sarmiento. “Traté” de jugar varios partidos al lado de Taqueta Barrionuevo. Llegaron otros jugadores y ya no tuve lugar. Había que ser muy bueno y no tenía calidad para llegar a una primera, no era para ese deporte. 

Antes había de cadetes para arriba en el básquet. Con el grupo de chicos jugábamos en la vereda y las horquetas de las plantas hacían de aro. En el patio de mi casa mi padre puso un aro y practicaba dos horas por día, inclusive jugando con los amigos, dos contra dos o tres contra tres. Había una planta de mandarina y yo tiraba por encima de esta con muy buena puntería.

Por momentos tuve intermitencias en cadetes hasta que fui quedando. Me empezaron a poner en la primera. El día del debut perdimos por un punto. Pero no era perder, sino como me había ido. Se practicaba tres veces por semana. Pero el sábado y domingo iba a jugar igual a la cancha con los chicos del barrio. Tiraba mucho al aro. Vinieron técnicos de Pergamino, de Corrientes,  a enseñarnos fundamentos en esa época, pero no había profesionalismo como hoy. A los 18 ya tenía la titularidad en primera, era zurdo para tirar al aro. Estando en el servicio militar me dieron una semana para ir a jugar un provincial con la selección de Junín.

Fuimos campeones en 1958 y 1959 con Argentino. Fue fiesta corrida, creo que las brasas no se apagaban nunca. En realidad hasta hoy sigue la fiesta en Las Morochas porque lo de Argentino es increíble. Fui dos años seguidos goleador del torneo local.
En el ´58 se nos escapó el título provincial en La Plata porque se lesionaron Garro y De Rorre. El profesor Calvo era el técnico.

Integré un equipo con Quintanal, Petraglia, Ciotti, Scala, Chemile, Mancho Curá, entre otros, que dirigió Coco Nigro. Jugamos contra la selección de Santiago del Estero que pasaba por la ciudad para enfrentar a La Pampa. 

Después de esa etapa fuimos al famoso torneo de Punta Alta donde perdimos un solo juego y salimos campeones. Ahí nos dimos cuenta de donde estábamos parados.
Tuve ofertas para irme a Capital Federal, pero en ese entonces era difícil dejar la ciudad, no había el profesionalismo que hay hoy.

Tuve un impasse porque me lesioné en la columna, lo que llamaron espina bífida. Me recomendaron dejar de jugar. Fue un golpe tremendo. Me dolía cuando dejaba de jugar. Dejé en 1963. Ya me había casado, llegaron los hijos (3 y 7 nietos, hinchas de Argentino), todo sumó para que decidiera mi alejamiento.

Ahí apareció Toto Petraglia y me llevó como entrenador de Argentino. Perdí el primer torneo y no quería seguir más. Al otro año me embalé nuevamente y salimos campeones. Fuimos cuatro años seguidos campeones con 48 partidos sin perder. No era poco para esos tiempos.

Después dejé porque con mi trabajo, la familia y todo se me hizo imposible. Luego llegaron los Biurrun al club. Con el tiempo fui asistente en la Liga “C”.

Hacia fines de 1990 hice la revista de Argentino. En el ´99 Argentino ganó el derecho de jugar el Torneo Nacional de Ascenso. Ahí armaron el equipo donde trajeron a José Luis Gil. Después vino lo de la Radio donde viajamos con Argentino a todos lados. Es muy difícil hablar de quién fue el mejor en Argentino. Hubo extranjeros monumentales. Williams, Bunn (24 de 24 en libres una noche), Chuky Robinson, White y me olvido de algunos.

En la actualidad con la incorporación de Luis Cequeira potenció el equipo y está haciendo una campaña extraordinaria. Después Basabe, Cangelosi, los extranjeros Gadson y Crawford. Va a seguir siendo protagonista todavía. Es muy difícil que le lleguen a igualar la posición en que está.

Para mí es una alegría enorme que haya un técnico juninense, como Japez. Arrancó con un equipo humilde y hasta donde lo trajo, es más que meritorio.
Lo mismo que cuando vino Capelli, la ovación de la gente fue enorme porque tienen gratitud por lo que hizo en el club y ya lo salvó a hispano.

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