Los Torino de Junín, en una estación de la autopista Córdoba – Rosario.
Los Torino de Junín, en una estación de la autopista Córdoba – Rosario.
HISTÓRICA "MISIÓN ARGENTINA"

Juninenses con sus Torino, en los festejos a 50 años de la hazaña en Nürburgring

El encuentro se realizó en Alta Gracia, Córdoba. El 20 de agosto de 1969, un auto fabricado en el país debutaba en un circuito internacional dejando atrás a las principales marcas del mundo y poniendo en primer plano a la industria nacional.

A bordo de dos Torino, los juninenses Juan Carlos Rebollo, Gustavo Terribile, Carlos Baldi, Bruno Alderisi y la familia Soda de Arribeños, viajaron a Córdoba donde participaron de los festejos, a 50 años de la hazaña de la marca nacional en las 84 horas de Nürburgring.
En el evento que se realizó este fin de semana, el primer homenaje fue a Oreste Berta, director técnico que preparó los autos en su taller de Alta Gracia. Además, estuvieron los pilotos Oscar Franco y “Cacho” Fangio y otro conjunto de mecánicos que viajaron a la carrera.

A medio siglo de aquella proeza
En un tiempo en que el automovilismo deportivo movía en el país tantas pasiones como el fútbol o acaso más, un equipo liderado por Juan Manuel Fangio mostró en uno de los circuitos más duros de Europa que un auto argentino podía superar a las principales marcas del mundo con mayor tradición.
El logro en el autódromo alemán, como pasó a la historia aquel acontecimiento, no sólo fue la gran consagración del Torino sino también la de una industria automotriz que demostraba estar a la vanguardia del mercado internacional.
Esta semana se cumple medio siglo de aquella proeza que todavía llena de orgullo a muchos argentinos y en especial a quienes desde entonces ven en los Torino un emblema del país que podría ser.
Lanzado tres años antes por la fábrica IKA, con un diseño que el estudio Pininfarina le había regalado a Juan Manuel Fangio, el Torino era el primer auto entre deportivo y familiar de su especie fabricado casi completamente en el país, donde hasta entonces sólo parecían existir dos marcas, Chevrolet y Ford. De ahí, y para hacerse un lugar en el mercado, sus fabricantes entendieron que hacía falta un fuerte golpe de efecto. Y ese golpe de efecto fue Nürburgring.
Además de ser uno de los circuitos más peligrosos de Europa, era a su vez la sede de una de las competencias automovilísticas más duras de entonces, la Maratón de las 84 horas. Fue ahí donde puso sus ojos Fangio, quien conocía la pista de sus tiempos como piloto de la Fórmula 1, convenciendo a los directivos de IKA para armar un equipo y llevar al Torino a medirse contra las principales del mundo: Lancia, BMW, Triumph, Fiat, Mercedes Benz, Alfa Romeo, Porsche.
Si bien el Torino venía teniendo un desempeño sorprendente en las competencias de Turismo Carretera dentro de nuestro país, hasta entonces nunca había participado de una competencia internacional; y menos aun de una prueba tan dura como Nürburgring. Se trataba de una carrera de tres días de duración sin parar y con duras reglas: cada auto debía ser conducido por tres pilotos que se alternaban al volante y sólo dos mecánicos podían tocarlo al llegar a los pits.

Grandes reveses
Junto con Oreste Berta, el encargado de preparar los autos en su taller de Alta Gracia, Fangio viajó a Alemania un mes antes de la competencia con cuatro Torino 380W y un nutrido equipo.
La Misión Argentina, como la prensa de entonces bautizó a la delegación, incluía doce mecánicos y diez de los mejores pilotos de nuestro país. Entre ellos estaban Rubén Luis Di Palma, Oscar Fangio, Carmelo Galbato, Jorge Cupeiro, Gastón Perkins, Eduardo Rodríguez Canedo, Eduardo Copello, Oscar Franco y Alberto Rodríguez Larreta.
Pese a las previsiones de Fangio, los problemas durante la etapa de adaptación al circuito no se hicieron esperar. A poco de arribar, Rodríguez Canedo tomó mal una curva y estrelló uno de los autos a 150 kilómetros por hora contra un árbol salvando su vida de milagro pero dejando al equipo solo con tres vehículos para competir.
Pocos días después, Berta derrapó al partirse una rueda de otro de los Torino y cayó por una banquina, un accidente que destrozó por completo su carrocería y estuvo a punto de poner fin al sueño de la Misión. Y es que si bien los mecánicos pudieron llegar a tiempo para reconstruir entre los dos vehículos accidentados uno que pudiera competir, el chasis de éste estaba torcido y presentaba serias dificultades para mantener su estabilidad.
Eso no impidió sin embargo que al largarse la carrera, el 20 de agosto a las cero horas en medio de una lluvia torrencial, el equipo argentino mostrara un desempeño que ya de entrada llamó la atención. Tras apenas unas horas de competencia, uno de los Torino se había adueñado de la punta y los otros dos volaban tras él unos pocos puestos atrás.

De la sorpresa a la admiración
Corresponsales de El Gráfico que habían viajado a Nürburgring para cubrir la competencia la describieron así: “A las 6 horas de carrera (a los equipos europeos) les pareció agradable que un auto desconocido y argentino estuviera al tope de la clasificación; a las 12 horas les alcanzó a asombrar; a las 24 ya no entendían nada; y cuando a las 50 horas seguía en la punta, ya la palabra Torino había entrado definitivamente en el diccionario de este continente”, publicó la revista en una edición especial.
La prueba no estuvo exenta de reveses para el equipo nacional. Entre la cortina de lluvia y la pista mojada, Cupeiro, que estaba al volante del Torino número 2, despistó y quedó fuera de competencia. Y a mitad de la carrera, el auto número 1, que conducía Di Palma, sufrió un desperfecto eléctrico que lo dejó sin luces y lo llevó a romper el carter tras despistar. Pero faltando apenas cuatro horas para que concluyera la competencia, la punta la tenía el Torino número 3.
Cuando la victoria parecía al alcance de la mano, un comisario deportivo se presentó ante el equipo argentino con una advertencia que iba a determinar la clasificación final.
El escape del último Torino, que se había roto unas vueltas antes, estaba emitiendo una cantidad de decibeles superior a lo permitido por lo que era necesario que fuera a boxes para poder continuar. La demora en la reparación, que tomó catorce minutos, significó una dura penalización.
Fue así que el auto argentino, pese a haber sido el que más vueltas recorrió en la pista (334), terminó en cuarto lugar, debajo de un Lancia, un BMW y un Triumph. Pero aunque aquel día no pudo subirse al podio, el Torino entró para siempre en la historia grande del automovilismo nacional.
Tanto es así que medio siglo más tarde, miles de personas se concentran por estas horas en Alta Gracia para rendir tributo a los autos de la gesta de Nürburgring.

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