En el encuentro de Córdoba, los tres Torino que compitieron en Nürburgring.
En el encuentro de Córdoba, los tres Torino que compitieron en Nürburgring.
IMPRESIONES

Una larga carrera hacia la historia

La llamaron “Misión Argentina”, participaron nueve calificados pilotos de esos tiempos, sobre automóviles totalmente fabricados en el país, con la presencia de un genio de la mecánica, Oreste Berta y la dirección del más grande de todos: Juan Manuel Fangio.
Todos los calificativos quedaron cortos a la hora de medir la actuación de los Torino en las “84 Horas de Nürburgring”, una larga carrera rumbo a la historia, de la que se están cumpliendo 50 años.
Entre el 20 y el 23 de agosto de 1969 los autos argentinos sorprendieron al mundo en el infernal trazado alemán superando a marcas como Mazda, Lancia, BMW Porsche, Fiat, Mercedes Benz y Ford, entre otras y batallando día y noche en el bravo desafío conocido como “Maratón de la Ruta”.
Mil anécdotas y colosales historias se contaron sobre las peripecias vividas por Carmelo Galbato, Rubén Luis Di Palma, Oscar Fangio (en el auto que llevaba el número 1), Jorge Cupeiro, Gastón Perkins, Eduardo Rodríguez Canedo (en el 2) y Eduardo Copello, Oscar Franco y Alberto Rodríguez Larreta (tripulando el número 3), los pilotos que integraron aquel equipo que quedó grabado a fuego en la memoria de todos los amantes del automovilismo y se ganó un lugar en las páginas doradas del deporte.
Todo comenzó tres años antes cuando IKA (Indust+rias Kaiser Argentina) presentó en el autódromo de Buenos Aires las tres variantes del Torino, un vehículo familiar pero con toda la presencia de un deportivo dotado de una carrocería diseñada por la prestigiosa firma italiana Pininfarina, que no cobró el trabajo por estar Juan Manuel Fangio de por medio.
No pasó mucho tiempo para que empezara a hablarse de “hacer correr” al nuevo auto. Cuando decidieron tirarlo a la pista lo metieron en la histórica pelea entre Ford y Chevrolet en la categoría más calificada del deporte fierrero: el Turismo de Carretera. En febrero de 1967 ya estaban compitiendo en la ruta y no tardaron en llegar los triunfos y un título argentino con Eduardo Copello como artífice principal.
Fangio -que era miembro no ejecutivo de la automotriz que fabricaba el auto en el país-, empezó a madurar la idea de hacer correr al Torino en otros escenarios y para ello le propuso a Oreste Berta -el preparador más exitoso y conocido en el ambiente como el “Mago”-, visitar Alemania para conocer el “infierno verde”, que era como se le decía al circuito de Nurburgring que el Chueco conocía a la perfección de su época en la Fórmula 1. De allí a la decisión de correr la famosa “Maratón de la Ruta” que se realizaba en Alemania desde 1965, pasó muy poco tiempo, el que llevó armar el equipo y convocar a los tripulantes de los tres autos.
La historia cuenta que Berta y Fangio consiguieron rápidamente el apoyo de las empresas para cubrir los gastos y que la delegación viajó a Europa 30 días antes del inicio de la prueba para adecuarse al intrincado trazado. Primero llegaron los mecánicos, luego los pilotos y poco después los cuatro Torino (uno para oficiar de muleto) que mandó la fábrica.
Las cosas no empezaron bien: en un entrenamiento el “Chino” Rodríguez Canedo, a bordo del auto muleto, agarró mal una curva y terminó chocando contra unos árboles a 150 km/h. El auto no sirvió más pero, por fortuna, el piloto la pudo contar y estuvo listo a la hora de la carrera. Poco después, Oreste Berta derrapó con otro de los autos y cayó por una banquina casi 200 metros. Salvó su vida de milagro. “El techo quedó a la altura de las puertas, pero yo salí sin ningún rasguño”, rememoró el “Mago” en su libro. Las crónicas dicen que el accidente se produjo porque una de las ruedas se había partido.
Hubo un plan de contingencia que incluyó trabajos día y noche para recuperar el auto que quedó torcido por eso su apodo “la banana”-, y estuvo listo para la cero hora del 20 de agosto. “En recta no lo puedo tener, pero no sabés cómo dobla”, decía Di Palma al respecto.
Ya en carrera, la lluvia torrencial se hizo protagonista con el correr de las vueltas haciendo mucho más dificultoso el trámite. La carrera de 84 horas sin parar -tres días y medio-, presentó de entrada nomás a uno de los Torino en la punta. El aguacero permanente que inundó parte de la pista hizo además que la visibilidad fuera prácticamente nula y lo pagó Jorge Cupeiro, que no pudo evitar un despiste y se vio obligado a abandonar. Los problemas para los nuestros siguieron con distintos desperfectos que dejaron al margen de la porfía a “la banana” guiada por el Loco Di Palma. Se rompió el carter, y el número 1 dejó de bramar.
Pero el único vehículo del equipo en carrera (el número 3) se encargó de consumar la hazaña. Cuando faltaban 4 horas para el cierre de la desgastante competencia seguía mandando en la punta. Una decisión del comisariato deportivo que exigió una reparación en las últimas vueltas no le impidió al auto argentino finalizar en el cuarto lugar. Ese Torino, con la conducción del sanjuanino Eduardo Copello, el porteño Eduardo “Larry” Rodríguez Larreta y el azuleño Oscar Mauricio Franco -nombres notables de una época de oro de nuestro automovilismo-, si bien en la clasificación finalizó detrás de un Lancia, un BMW y un Triumph, fue el auto que más vueltas dio al circuito (334) superando por 12 al ganador. Las penalizaciones impuestas al equipo argentino redujeron los giros contabilizados a 315. Igual la proeza estaba consumada.
El país deportivo vibró con aquella memorable actuación e incluso hubo un recibimiento muy especial -con caravana incluida- cuando arribaron a Ezeiza. Una página memorable de nuestro deporte se escribía hace 50 años.

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