OMAR CÁNDIDO VALDEZ

Un bohemio del deporte que caminó el país haciendo de todo

>Dirigió fútbol y básquet. Fue campeón de natación. Jugó al ping pong, practicó waterpolo... hasta conoció en persona a Juan Domingo Perón.

“Yo hice unos cuantos deportes, pero jugar a todos es una gran exageración. Lo que se monta, automovilismo y polo, no. No estaba dentro de las arcas donde yo me movía. Era más donde uno tiene que poner el cuerpo. Para mi concepción del deporte lo importante es lo que puede dar uno porque cuando dependés de una máquina, gana el que tiene la mejor. Yo me crié en el Club Junín. Todos los años se hacía una especie de olimpíada con los deportes que se jugaban ahí. Venía hasta Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires a competir. Era una fiesta extraordinaria y todo en un solo día. Entonces yo jugaba al básquet. Venían y me decían que tenía que ir a jugar al ping pong, que estaba el rival esperando. Después me avisaban que faltaban dos carreras y me tocaba nadar, de ahí a la cancha de paleta. Cuando fui creciendo me quedé con el fútbol y el básquet, y al final de todo con el básquet”.

Campeón Argentino
“La gran satisfacción de mi carrera fue cuando salí campeón Argentino de natación de los torneos Evita y Juan Perón. Yo representaba a la provincia de Buenos Aires.
Nadé en una final contra un chico de Santa Fe de apellido Potto. Nos encontramos en el micro, él se vino a sentar al lado mío. Entonces me dice “Yo soy Potto, de Santa Fe, y el año que viene te gano”. Al otro año fue el último que nadé. Casi no iba a los juegos por una lesión debajo del brazo derecho. Tenía un forúnculo que me lo terminé sacando solo. Yo en la región ganaba fácil, pero me preocupaba el nacional por lo que el otro me había dicho el año anterior.Nos encontramos en Buenos Aires y cuando fuimos al agua el pibe parecía Tarzán y yo la Mona Chita. Le había dado a las pesas todo el año con profesores especiales, pileta climatizada… imaginate con 16 años y siete meses dale y dale echás un cuerpo bárbaro. Él hizo mejor tiempo que yo en la serie por separado. Yo nunca había hecho el tiempo que marcó. Del viernes por la noche al domingo que era la final no pude ni dormir pensando cómo iba a hacer para ganarle. Corrí la carrera mentalmente unas setecientas veces. Llegué a la conclusión que él no sabía que yo podía mejorar su tiempo, pero se lo tenía que vender de alguna manera. Los primeros 25 metros tenía que llegar a dar la vuelta antes que él para poder romperle el tren de carrera. Si no, era hombre muerto. Para la segunda pileta mucho braceo con mucho relax. En la tercera pileta tenía que dar la vuelta cuando él estaba llegando. Tenía que ser así. Cuando llegó el momento venía en la tercera pasada comiéndome los talones, pero dí la vuelta primero. Después llegué sin aire, con las pulsaciones a tres mil, boqueando, pero toqué primero. Respiraba cada diez brazadas y gané. Esto se corrió en la Ciudad Estudiantil”.

Perón, Perón…
A nosotros nos entregó los premios Perón en la quinta de Olivos. Ahí lo conocí y aprendí un montón de cosas, sobre todo las mentiras de algunos diarios de la época. En un discurso Perón nos dice que vamos a encontrar personas de todo tipo en la vida, que anduvieron por el lado bueno y por el malo. Pero sin embargo si el que estuvo en el malo se endereza, ese es realmente bueno. Pero si alguien que estuvo en una familia acomodada, nunca tuvo problemas, le brindaron todo, no sabemos si realmente es bueno. Está dentro de una estructura buena, pero no está comprobado. En casa siempre se recibieron muchos diarios. Lo que quiero significar es un título de La Prensa en aquella época donde decía que Perón instaba a la juventud a caminar por el lado malo de la vida. Y éramos 33 pibes los que habíamos estado con Perón el día del discurso y escuchamos lo contrario”.

Fútbol
“Mi primer paso fue en Newbery, después decidí no jugar más por las mentiras de algún directivo. Me engañaron y cuando lo advertí me fui a hablar con don Luis Alanís. Para nosotros el club Newbery era don Luis Alanís. Un hombre de una gran filosofía. Él era ferroviario, un gran jugador de fútbol en la época del ´20 y con él se podía charlar de todo, una persona muy leída. Mirá que con él aprendí lo que era la Democracia. Era técnico de la cuarta y tenía tanta disciplina que un día y medio antes de los partidos decidíamos entre todos quién iba a jugar. Es decir por votación, los jugadores votaban al mejor. Esto a mí me costó pelearme con un amigo porque él quería que lo votara y para mí en su puesto tenía que jugar otro”.

Firmat
“En el ´67 comencé a ser técnico de fútbol y también de básquet.Me jugué una patriada bárbara cuando me fui a Argentino de Firmat a dirigir básquet. Acá en Junín habían fallecido mis abuelos y la casa la heredaba mitad mi vieja y mitad un tío. Yo trabajaba en Telefónica y con lo que ganaba no me alcanzaba para comprar la parte de mi tío, ni siquiera para sacar un crédito. Para mí era una cosa sagrada comprarla para que mi vieja estuviese tranquila hasta el último día de su vida. Y así fue. Yo con lo que me daban en Firmat pagaba todo. Y me fui. Allá encontré un medio donde pude desarrollar todo lo que quería, cosa que acá nunca lo encontré. Me encontré con otro país porque acá la gente en la mesa del centro tomaba café y allá whisky. Hasta cláusula de indexación de sueldo tenía. Era un condado porque está Vassalli. Yo acá dos veces quise hacer en dos clubes Industria del Fútbol porque veía lo que venía y no me dejaron. Pero no era por mala intención, sino ignorancia pura sobre ciertas materias. Es muy difícil que acepten de otro lo que no llegan a entender”.

Técnico de básquet
“Con Argentino de Firmat viajé por todo el país. Llegamos a estar entre los seis mejores. Ese equipo fabuloso que hizo La Emilia en aquel entonces que fue campeón de la provincia contratando jugadores por todos lados donde Heriberto Schonwies era el asesor, nosotros lo matamos de local y visitante. Cuando Schonwies me viene a consultar por el equipo yo le dije que hacía tres años que trabajaba con los mismos jugadores e incluso a algunos les había enseñado a agarrar la pelota. No lo podía creer. Por ejemplo Mario Capobianco, con quien pasé horas y horas. Fue un jugadorazo, hasta pasó a Atlanta.
Yo empecé dirigiendo River de Junín en Básquet. Incluso River hizo una hazaña basquetbolística que ni ellos se deben acordar. Antes estaba el preparación de básquet donde se hacía un puntaje general de las categorías para saber quién era el mejor. Tenía cadetes, cuarta, tercera y segunda. Sobre 5 tenía 4. Y River ganó un año sin tener primera.
Dirigí Ciclista Juninense, pero la hazaña más importante fue con Argentino de Junín. Ganamos el derecho a jugar el torneo de las ocho asociaciones más importantes de la provincia, hoy se ve como provincial de clubes, tenía un equipazo. Marchesi, Lázzari, Ghioni, Wilson Farley. Hicimos una gesta heorica eliminando a Sirio Libanés de Pergamino donde se habían ido a jugar los Biurrun. Acá habíamos perdido y le ganamos allá. Yo había hecho filmar el partido que perdimos con Rubén Lombardi y en la semana me senté con los jugadores a ver lo que tenían que hacer y lo que no debían hacer en la revancha. Ese partido fue una obra maestra porque hicimos todo bien.
Después vino la debacle porque ni los mismos dirigentes de Argentino creían que íbamos a seguir en carrera y no me cumplieron la palabra empeñada. Yo accedí a trabajar por lo que ellos me ofrecían con la condición que si clasificábamos había mejoras. Me dijeron que sí porque no creían que íbamos a clasificar. El único loco que confiaba en el equipo era yo”.

Ping Pong
“Yo creo que lo que mejor hice fue jugar al ping pong. Me sentía muy cómodo. Acá ganaba siempre. Yo me iba todos los años un mes de vacaciones a Buenos Aires. Cierto día un familiar me flanqueó el ingreso a la cancha de River y cuando me vieron jugar me querían fichar allá. Jugué torneos internos en una tarde y la rompí. Imaginate cómo le decía a mis viejos que con el ping pong me querían llevar a River. Hasta me quisieron llevar a jugar waterpolo”. <

COMENTARIOS