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EL AUMENTO DE LA EXPECTATIVA DE VIDA AFECTA AL MATRIMONIO

La “cultura del divorcio” también afecta a las parejas mayores de 60

Jubilados que tienen hijos grandes se separan y optan por otra vida.

Separarse implica reacomodarse, romper con la rutina de una vida compartida, enfrentar lo desconocido y adaptarse. Ellos se casaron convencidos de que la unión sería para toda la vida, y en base a eso proyectaron el futuro. Pero rondando los 60, ya con hijos grandes y nietos, decidieron barajar y repartir de nuevo. Perdieron el miedo al divorcio y se animaron a una nueva jugada.
Para la mayoría no resulta una situación fácil. De hecho, muchas parejas se sostienen únicamente para evitar estos momentos que llevan a reacomodar el tablero. Sin embargo cada vez son más los que deciden poner fin a su matrimonio después de décadas de vida en pareja.
“Este fenómeno comenzó en los últimos 20 años. Antes las parejas se aguantaban más, y si se separaban no era de público conocimiento”, dice la gerontóloga Sara Iajnurk. Señala que en esta época existe una mayor liberación y que desapareció el tabú alrededor de la separación.
No hace tanto tiempo atrás se hablaba del “trauma” que generaba en los hijos la separación de los padres y se miraba con ojos lastimosos a estos retoños. A su vez, los nenes solían ser señalados por sus compañeros de escuela cuando circulaba el rumor de divorcio. “Ahora cada familia tiene a alguno que está separado”, dice Iajnurk, y plantea que la naturalización de la situación ayudó a que las personas que se educaron bajo el infranqueable “hasta que la muerte los separe”, flexibilizaran sus ideas con respecto a la pareja.
Según especialistas, la mayor esperanza de vida figura entre los principales factores que influyeron en el aumento de las separaciones entre las personas con más edad. Es común superar los 80, y cada vez son más los que se proponen vivir sus últimos años de forma placentera, aunque esto implique terminar con la pareja.
“Muchas mujeres que rondan los 60 dicen que quieren salir, pasear, viajar y se quejan porque sus maridos no se quieren mover. Algunas deciden separarse porque no están dispuestas a aguantar durante 20 años más situaciones que le desagradan”, cuenta la gerontóloga Iajnurk.
También para Miguel Gonzáles Andia, director del Instituto de Derecho de Familia y Sucesiones y profesor titular de Derecho de Familia en la Universidad Católica de La Plata, el aumento de la expectativa de vida cumple un rol fundamental.
“Después de los 50 uno se da cuenta de que la vida se termina y se empieza a pensar de otra manera. Muchos priorizan la calidad de vida sobre el costo patrimonial. Sienten que ya han criado a sus hijos y buscan disfrutar de otros aspectos de la vida”, dice González Andia.

El factor jubilación
La jubilación puede convertirse en un desafío para las parejas y muchas no logran superarlo, según explican los expertos. Al pasar mayor cantidad de tiempo juntos los conflictos latentes se agudizan y se acaban las excusas (los hijos ya crecidos se fueron de la casa) o las distracciones que permitían “hacer la vista gorda” ante determinadas situaciones.
“La jubilación de los hombres suele convertirse en un problema. A diferencia de las mujeres que tienen sus actividades dentro de la casa y están más acostumbradas a la vida hogareña; ellos generalmente no tienen un proyecto para ese momento y se vuelven insoportables. Esto afecta a la convivencia”, dice Virginia Viguera, médica psiquiatra, asesora gerontológica del Programa de Educación Permanente de Adultos Mayores de la UNLP.
Las gerontólogas señalan que si la relación no es suficientemente sólida, las enfermedades o las dificultades físicas propias de la vejez pueden convertirse en un problema que hastía a alguno de los miembros de la pareja.
La crisis de la mediana edad de los hombres y el viagra también incidiría en las separaciones. Según explica Sara Iajnurk, muchos temen envejecer y logran sentirse rejuvenecidos con el viagra, pero deciden utilizarlo fuera de sus casas.
“Entre el 2009 y el 2012 aumentó el SIDA en mayores de 50 años por el viagra”, advierte Iajnurk.

La debacle económica
Las cuestiones del amor y de la convivencia no son las únicas variables que inciden en la ruptura o en la continuación de las parejas. Las posibilidades de manutención pesan en la decisión.
Como explica la abogada especialista en familia Adriana Mascaró, en caso de separación el cimbronazo económico más fuerte lo suelen sufrir las mujeres.
“Casi todas las señoras de esa generación tenían un rol secundario en la economía de la pareja. Relegaban su desarrollo laboral o profesional en función de la familia”, dice Mascaró, y marca los inconvenientes de esa distribución de las tareas: “Si se separan, aunque ellas se queden con la casa, no tienen con qué mantenerla”.
En estos casos, una alternativa que algunos deciden implementar es la separación bajo el mismo techo.
Duermen en distintos cuartos y llevan una convivencia como de hermanos, cuenta la gerontóloga Iajnurk.
Aunque la situación permita que los ex cónyuges no compartan vivienda -dice la gerontóloga- las mujeres generalmente se niegan a una nueva convivencia, a diferencia de los hombres que suelen extrañar la presencia femenina en el hogar.

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