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MARKETING APLICADO

Senador

La percepción de las cosas.

Recuerdo que cuando era chico pensaba que los senadores eran personas que se reunían a cenar y degustar voluptuosos manjares elevando copas y risotadas al aire. Se trata de una interpretación literal del término, es decir si son senadores, entonces cenan. Sobre esto quiero escribir hoy, sobre la sumisión de algunas profesiones al pedido o interpretación del comitente y la posterior deformación profesional.
Tanto en política como en marketing, el utilitarismo de la función queda supeditado a la percepción de la gente y su posterior aplicación para “convencer” a quien nos elije. Se pierde así la noción de resultado ya el esfuerzo no está ubicado en el objetivo sino en “conformar” a quien nos observa sin ningún contacto con la realidad objetiva.
Los políticos de hoy se dedican a descifrar las expectativas de los electores y no a trabajar sobre lo que indica la ciencia, es decir el ordenamiento de la ciudad y los asuntos del ciudadano. En el caso del marketing pasa lo mismo, se trabaja mucho más para sostener y contener caprichos que para dotar a la comunicación de los atributos del producto.
Esta columna surge a partir de una tostada, una mañana de estas me di cuenta de lo sabrosa que era el producto de un cliente. Confieso que nunca la había probado, quizá porque el pack me transmite lo opuesto a lo que espero para untar manteca. De inmediato me puse a trabajar sobre esto con el objetivo de ajustar la presentación del producto y proyectar así la calidad perdida en la percepción que construye su envoltorio.
Acaso la vida cotidiana, las presiones de electores y/o clientes nos hace perder de vista la función, la utilidad de nuestras profesiones, o mejor dicho nuestros oficios. Me siento más cómodo con esa palabra, el oficio es el arte de quien talla la madera con cariño y a conciencia; así como el lustra botas local que se esmera en cada zapato hasta obtener el brillo único de cada cliente.
Propongo recuperar esa noción primaria de cada actividad y me pregunto entonces si acaso no me convertiré en un senador como aquellos que imaginaba de chico, que se sentaban a “probar” y degustar todos los manjares que le ponían sobre la mesa. Estoy dispuesto a hacerlo.
Buen provecho.

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