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OPINION

"Es difícil apreciar el coraje del que pierde"

Estas no serán las palabras del docente que soy. Estas son las palabras del soldado que fui.

Por Miguel Mancuso

Las que se hacen eco de los que hoy no están, las de los que ya no tienen voz, las de los que, aún estando vivos, están muertos.
Estas no son palabras que salen de la razón, ni de la reflexión, ni del conocimiento. Son palabras que salen a la luz desde donde están: la memoria, el corazón, el alma… y, más que palabras son un testimonio: mi testimonio.
Hoy quiero decirles nada menos que me acuerdo…
Me acuerdo del 2 de abril de 1982.
En la guarnición de Junín la madrugada del 2 de abril tuvo un toque distinto a las habituales: el toque de clarinete sacó de su sueño a aquellos jóvenes que hace 26 años hacían "la colimba".
Aquellos que no tenían la más remota idea de lo que implicaba hacer el "servicio militar". Aquellos que con sus caras de niños, con sus almas de niños, se alistaron formando las 3 Baterías mientras se grababa definitivamente en sus memorias el recuerdo inmediato de sus casas, de sus padres, de la comida de todos los días, de la ropa limpia y perfumada, de sus novias, de los bailes, de los mimos de mamá.
26 años han pasado ya y me parece que fue ayer. Lo siento dentro mío, encarnado en mi alma.
Himno Nacional Argentino, izado de bandera y una voz potente que nos arengó diciendo: "Soldados de mi Patria: Hoy es un día glorioso, un grupo de comandos acaba de tomar las islas Malvinas, que desde este momento son más argentinas que nunca, ya flamea nuestra bandera en el pabellón de Puerto Argentino y Ustedes son los elegidos para defenderlas, mis soldaditos. Seguramente ellos querrán recuperarlas pero para eso estarán Ustedes, para defenderlas y hasta si es necesario dar la vida por la Patria"
Dar la vida por la Patria...dar la vida por la Patria???...nadie tenía conciencia de lo que eso significaba. Si a muchos nos costaba cantar con unción el Himno en la escuela, si nos reíamos cuando izábamos la bandera. Cómo podíamos imaginar lo que era dar la vida por ella, por nuestra bandera....
Y allí fuimos, sin preparación, con fusiles de los que nuestros propios superiores decían que al terminar un cargador se iban a doblar los caños...
Allí fuimos… a combatir con una de las máximas potencias mundiales.
Allí fuimos… a combatir con soldados profesionales dispuestos a matar.
Allí fuimos, o mejor dicho, allí nos llevaron.
Y se llevaron con ellos nuestro miedo, nuestra inconciencia, nuestra adolescencia, nuestros sueños, nuestro futuro…
Allí fuimos… hacia nuestro destino. Hacia un impensado e incierto destino: Comandante Luis Piedra-buena y después Río Gallegos.
Nadie supo explicar nunca por qué nuestra artillería no fue llevada a las islas para defenderlas... sin embargo por allí pasaron miles y miles de jóvenes que murieron, que dieron la vida por la Patria (después de todo, esa era la consigna del 2 de abril: dar la vida por la Patria)
Los que no dieron la vida volvieron.
Mutilados corporal y mentalmente.
Con heridas en el cuerpo, visibles, abiertas, sangrantes…
Con heridas en el alma que no cierran y sangran todavía…
Como olvidarme de esos días....
Recuerdo claramente a "esa" multitud (mezcla rara de chupamedias, cobardes e ignorantes) que aclamaron la sin razón y la locura. Los que aplaudieron y festejaron desbordados por la alegría sin pensar que a miles de chicos les estaban sacando el único pasaje que no tiene retorno: el pasaje a la muerte.
Me acuerdo también que a muchos kilómetros de allí, lejos del frío, lejos del fuego de las balas, lejos del miedo, cruzando el océano Atlántico, se estaba llevando a cabo la mayor fiesta del fútbol, el Campeonato Mundial que tenía como sede a España. Y que allí nuestro seleccionado aparecía como gran candidato a repetir el título...
Y que los relatores, en el medio de dos fuegos, no podían nombrar a los jugadores ingleses, ni siquiera a la nación británica. Y también, que en medio de nuestro drama, del drama de todo el pueblo argentino, nuestros jugadores festejaban al borde del delirio un triunfo sobre Hungría!
Me acuerdo de las veces que escuché: "vamos ganando, los ingleses se retiran, los hicimos polvo". Como olvidar las siempre célebres frases, muestras del típico triunfalismo del argentino.
Me acuerdo que una mañana en la cima de un monte haciendo guardia escuchamos por la radio "perdimos", "se entregaron nuestros soldados en Malvinas".
No sabría sino hasta mucho después el costo de los vencidos. Y de los vencedores, pero vi con mis ojos la congoja, la desesperanza, el amargo trago de la derrota y de la muerte....
Me acuerdo que los que tuvimos la ¿suerte? de volver fuimos olvidados; como hacen los pueblos sin memoria que nunca podrán ser grandes si no aceptan que ganar o perder es una contingencia ante el ejemplo que había dado una generación de jóvenes de heroísmo, de sacrificio y entrega.
Después de 26 años todavía tengo una herida en el alma, porque veo con desazón que no aprendimos la lección...
Es necesario que las nuevas generaciones de argentinos sepan que el 2 de abril no es el día de la deshonra, ni de la derrota. Ni tampoco es un feriado más.
Que el 2 de abril es el día de los únicos héroes de Malvinas: aquellos que cayeron y caen aún hoy por su causa, y de esto solo basta decir que al día de hoy han muerto más ex combatientes por suicidio que los que cayeron en las islas.
Que el 2 de abril es el día de los ex combatientes presos por no entender que la violencia que sufrieron allá no es la ley, no es el camino.
Sé que es difícil apreciar el coraje y el sacrificio del que pierde.
La guerra dejó secuelas en todos nosotros, en algunos casos físicas, pero a veces las heridas espirituales de la guerra son más duras.
Lo único que me atrevo a pedirles a las nuevas generaciones es que se preparen.
Nuestra patria necesita nuevas generaciones… de gente honesta, de gente valiente y trabajadora, de gente que sume y no divida, de gente humilde y con sentido común, de gente que quiera a la Patria desde el corazón, que asuma la valentía de "hacer Patria" desde acá, no escapando como cobarde al exterior porque "aquí ya no hay nada que hacer", de gente que devuelva a nuestros héroes de Malvinas la esperanza y les muestre, de una buena vez, que somos un pueblo con memoria. Un pueblo agradecido por el esfuerzo y la entrega de la que ellos fueron capaces. Un pueblo que valore definitivamente lo que más vale: La vida.
Un pueblo que honre las vidas perdidas para que nuestros héroes sepan que lo que ellos hicieron por la Patria (por la nuestra, la de todos) no fue en vano.

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