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MIRADA ECONÓMICA

¿El fin del cepo?

En la lengua mapuche, esas caprichosas formaciones en la cordillera, reciben el nombre de Malal Hue, una localidad mendocina en la que el aire se respira con sabor de amargura, incertidumbre y resignación, desde que en abril del año pasado la minera brasileña Vale anunciara que no continuaría con el proyecto de extracción de potasa de Río Colorado, dejando sin trabajo a 3.500 personas, un 14% del total de habitantes del departamento de Malargüe.
Las excusas de la huida fueron varias. Se habló de errores de cálculo en los costos, de “cometas” que exigían cada uno de los funcionarios que debían aprobar el trazado del ferrocarril para sacar la producción, de palos en la rueda de una burocracia parasitaria que esta vez se había pasado de rosca, e incluso se especuló con que la empresa había conseguido una explotación con mayor potencial en Sergipe, Brasil, lo que además le permitiría resolver un problema clave; el del tipo de cambio.
Como quiera que haya sido en realidad la historia, las nefastas consecuencias del cepo cambiario para la producción de esta minera en particular, pero de buena parte de las empresas que dependen de inversiones externas en general, resultan innegables.

La brecha

En marzo del año pasado, por ejemplo, cuando Vale maduró la decisión de su retirada, el dólar oficial salía $5 y el paralelo $8, con una brecha del 60%. Esto quiere decir que cualquier proyecto productivo necesitaría una rentabilidad de 60% como piso, para que algún inversor extranjero empiece siquiera a considerar la posibilidad de traer dólares al país. Puesto en otras palabras; esa brecha funcionaba como un impuesto del 60% a la inversión extranjera
Doce meses después, devaluación y recesión mediante, hoy la brecha entre el dólar blue y el oficial es del 28%, pero se reduce al 20% cuando se considera la opción del “contado con liquidación”, que es en realidad la alternativa legal de salida de dólares con que cuentan las grandes empresas.
La diferencia entre el cambio que ofrece el Banco Central y el paralelo puede incluso reducirse más en los próximos tres meses, puesto que este es el trimestre de mayor liquidación de dólares provenientes del campo y por otro lado las tasas de las colocaciones a corto plazo están tan altas que resulta muy  lucrativo quedarse al menos por tres meses más en pesos,  porque el BCRA paga 28,8% por las Lebacs a 98 días y la abundancia de dólares hasta julio aseguran que la cotización de la divisa norteamericana no se moverá mucho en el ínterin.
Por otro lado, la reducción del “impuesto” que significa la brecha cambiaria, además de incentivar el ingreso de capitales, hace que muchos sueñen por estos días con la posibilidad de que el gobierno elimine directamente el cepo y el mercado cambiario vuelva a la normalidad perdida dos años y cinco meses atrás.

El corto y el mediano plazo

Seamos claros. Incluso aunque el blue hoy no esté tan caro en comparación al oficial, sigue siendo rentable comprar a $8,05 y vender a $10,30 de modo que el gobierno no puede eliminar el 100% de las restricciones a las divisas, para todos y todas, sin que suceda una de dos cosas: o que suba el dólar oficial, o que caigan las reservas.
Pero sí podría borrar de un plumazo el cepo si la brecha continúa reduciéndose (cosa que como expliqué antes, es altamente probable que suceda en los próximos 3 meses) y el ingreso de dólares de la cosecha es suficientemente alto como para absorber una corrida moderada de los inversores particulares.
Pasada la “primavera de divisas”, el panorama no es tan auspicioso para el segundo semestre del año.

Dos caminos

Si termina con el cepo, el gobierno podrá dejar que el dólar siga la evolución de la inflación (que dependerá en ese momento del año del tamaño del déficit fiscal y de su financiamiento) u optar por mantener el billete verde sin cambios, usando el incentivo de las altas tasas de interés, aunque ello pondría en marcha una bicicleta financiera que a la larga siempre termina mal porque de algún lugar tiene que salir la plata para pagar esos intereses.
Si no se elimina el cepo,  la inflación se comerá en pocos meses la ventaja de la devaluación de enero y el gobierno se verá forzado a devaluar nuevamente, porque no contará con el potencial ingreso de inversiones que podría generar la eliminación de los controles en el mercado de cambios.
La gran ventaja de elegir el camino de la liberación, es que quebrará las expectativas negativas de los consumidores que, según la última encuesta de la Universidad Di Tella, están hoy en niveles similares a los de octubre del 2002, logrando que la estabilidad financiera se convierta en crecimiento económico.
Esto es así porque para la enorme mayoría de los argentinos el dólar es una referencia de la salud de la economía; un termómetro que mide la sensación térmica.
Normalizar ese mercado puede hacer que vuelva la confianza y  la Argentina recupere la senda del crecimiento.


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