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ENFOQUE

Tras 27 meses de cruzada contra especuladores, el gobierno libera el cepo

Si hubo un tema sobre el que se discutió hasta el hartazgo en los últimos años en la Argentina fue justamente el cepo cambiario que flexibilizó ayer el Gobierno después de 27 meses de vigencia, incluyendo un año y medio de ahorro en dólares vedado en el país.
Las restricciones a la compraventa de divisas extranjeras en Argentina -en el mercado formal-, anunciadas a fines de octubre de 2011 y reforzadas en julio de 2012, cuando la AFIP clausuró directamente el grifo de dólares para atesoramiento, se transformaron de inmediato en una de las medidas más polémicas de la gestión de Cristina Kirchner.
Hasta en marchas sociales en reclamo de mayor seguridad y transparencia en la administración pública nacional se escuchaban quejas por la “prohibición” de compra de dólares por parte de vecinos porteños que luego eran chicaneados por funcionarios:
“Vienen a tocar las cacerolas para ir a Miami”, llegó a comentar el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, sobre las manifestaciones en Plaza de Mayo.
Ahora la Casa Rosada dispuso liberar el cepo, aunque por detrás del barniz oficial que justifica esta marcha atrás (el jefe del Palacio de Hacienda, Axel Kicillof, dijo que hubo “un ataque especulativo muy fuerte sobre la divisa para atentar contra el proyecto económico”), se esconde -en el mejor de los casos- una “victoria a lo Pirro”.
Sucede que desde octubre de 2011 a la fecha, las reservas del Banco Central -las mismas que a partir del próximo lunes deberían abastecer tanto al mercado formal de divisas como al secundario, indirectamente- sufrieron una sangría de U$S 18.324 millones, al caer de 47.587 millones a 29.263 millones de dólares (según datos oficiales del cierre de la víspera).
Además, el peso acumuló una depreciación que llega a la friolera del 87,6 por ciento, de aquella cotización del dólar de $4,27 a la actual de $8,01 para la venta, mientras que el “blue” se disparó de $4,62 al récord de $13,10 de este jueves, aunque luego perdió ímpetu en las “cuevas” porteñas.
En más de dos años de vigencia, la Casa Rosada introdujo múltiples retoques a su decisión original de 2011, destinada a evitar el drenaje de dólares del sistema legal frente a un crecimiento de la demanda de ahorristas y especuladores –con largas filas delante de bancos y casas de cambio-, y combatir una sostenida fuga de divisas.
El Gobierno también impulsó una campaña tendiente a que los argentinos comenzaran a “pensar en pesos” y se quitaran de encima la histórica obsesión por el billete verde (¿y la inflación? ¿y la devaluación?), mientras se desangraba a causa del cepo el mercado inmobiliario, acostumbrado a operar en dólares.
Sin energías parece haber quedado ahora aquella cabalgata oficial al lomo de la pesificación compulsiva y recordando el trajín de los últimos 27 meses, más la incertidumbre que flota sobre el anuncio de este viernes, surge una interrogante que
probablemente no encuentre respuesta -al menos- en el corto plazo: ¿valió la pena?

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