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OPINIÓN

Hitler nunca ganó una elección democrática

Decir que Hitler ganó las elecciones en forma democrática y después generó la más cruel dictadura que el mundo tenga conocimiento, con el asesinato de seis millones de personas, es una falacia tan grande como el estadio de River Plate.
El régimen nazi nunca ganó una elección democrática.
Esta mitología política elucubrada en la Argentina por personas, en general, de pensamiento conservador y divulgada con muy mala fe para descalificar los gobiernos populares con gran cantidad de votos, nos remite a acceder a la verdad histórica: el 31 de julio de 1932, en la Alemania de la pos guerra, conocida como la República de Weimar, y condicionada por el Tratado de Versalles, el partido Nacionalsocialista de los Trabajadores, liderado por Hitler, obtenía en las elecciones legislativas poco más del 30 por ciento de los votos.
La coalición conservadora tutelada por el presidente Paul von Hindenburg, con temor a los 13 millones de votos obtenidos por los socialdemócratas y comunistas, le allanó el camino a Hitler para alcanzar la jerarquía de primer ministro, ya que éste estaba muy lejos de contar con mayoría propia.
Los conservadores pensaban que estaban construyendo un dique para que los comunistas no accedieran al poder.
Así es que el 30 de enero de 1933 se instauró un nuevo orden que dio en llamarse “revolución nacionalsocialista”.
El 5 de febrero, sin perder tiempo, el nuevo gobierno ordenó atacar y saquear locales comunistas e incendiar bibliotecas.
El 28 de febrero, agitando el fantasma de una supuesta revolución comunista y aprovechando que el parlamento había sido disuelto con vistas a las elecciones del 5 de marzo, se decretó la suspensión de las libertades civiles y se autorizó a poner “bajo custodia protectora”, GESTAPO por medio, a todos los enemigos del Reich.
Con la capitulación del Estado de derecho, que generó un vendaval de asesinatos y encarcelamientos, se realizaron las elecciones legislativas, en las cuales, a pesar de todo, el partido nazi no pudo alcanzar la mayoría parlamentaria.
Se realizan nuevos acuerdos con los partidos nacionalistas de derecha y el 23 de marzo de 1933 se le concede a Hitler plenos poderes legislativos y ejecutivos.
El 1º de abril se puso oficialmente en funcionamiento el primer campo de concentración en las afueras de Munich.
En los primeros meses se estimó en 100 mil la cifra de comunistas encarcelados, mientras que el número de asesinados superó los 2.500.
A mediados de 1933 le llegó el turno a la centroizquierda y se prohibió oficialmente el Partido Socialdemócrata alemán.
El 12 de mayo se embargó todos los bienes de los sindicatos.
El 14 de julio, una ley estableció al nacionalsocialismo como el único partido político de Alemania.
El 7 de diciembre, mediante ordenanza, se estipuló la disolución de todas las organizaciones sindicales.
El 20 de enero de 1934 se suprimió la autonomía de los estados federados.
El 30 de enero se ordenó la disolución de los municipios.
El 2 de agosto de 1934 se aprobó una ley en la que Hitler combinaba los cargos de presidente, canciller y jefe supremo de las fuerzas armadas.
El 19 de agosto se llamó a un plebiscito para ratificar el programa y el liderazgo del Fuhrer. Sin ningún tipo de oposición se aprobó con el 85 por ciento de los votos.
El 30 de junio de 1934 se llevó a cabo una profunda y violenta purga contra los adversarios políticos del gobierno, conocida como “La noche de los cuchillos largos”.
Como se puede apreciar de este breve relato histórico, el partido nazi nunca ganó una elección democrática.

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