MARKETING APLICADO

Opinódromo

Efectos de la disponibilidad mediática.

Política , economía, medicina, ciencia, tecnología, fútbol y evolución de la naturaleza. El cambio climático y el olvidado riesgo país. La ley de medios, los mitos y todo tema que se presente como agenda en los medios son expuestos a la verborragia del diez. “Yo opino esto, deberíamos hacer lo otro, entiendo tal o cual cosa”. Un efecto que cae en cascada al resto de los mortales por la “hiper” disponibilidad comunicacional que habilita el “opinodromo”. Sentencias que condicionan con la seguridad de quien nada arriesga si dice algo que no es cierto y en el medio, la palabra autorizada luchando entre tanto ruido de frases sin sentido.
Párrafos, voces, palabras, letras que se propagan con la fuerza de los medios contemporáneos que todo lo replican sin ningún tipo de filtro de contenido. Bajo una aparente democratización de la opinión, todos saben de todo y ahí están los que saben de algo en puntas de pie y levantando la mano exaltados reclamando atención.
Estamos sumergidos en una bola inalcanzable de frases que nos satura y elimina por condensación ante el poder de quien eleva el tono como recurso para apropiarse de la voz, de una voz que se impone con tesón pero sin razón. Insistir, una y otra vez sobre una opinión como recurso de supervivencia mediática para sostener una visión de las cosas.
Detrás de la verborragia a mano alzada, muy por detrás y con el riesgo de aburrir con argumentos que nadie quiere escuchar, ahí ocultos están quienes pretenden clarificar la cuestión y pecan de aburridos. Ya nadie quiere escuchar al experto en tal o cual cosa ya que la explicación posiblemente se acerque a la realidad y muchas veces eso no interesa.
Una nueva etapa, un nuevo desafío se presenta oculto en la disponibilidad mediática. El poder de síntesis se presenta como una herramienta para exponer los argumentos de forma escueta y así mantener la atención del auditorio. Se trata de cierta inteligencia emocional para interpretar el perfil de quien tenemos enfrente o quien compra un diario. Una nueva forma de comunicarnos que requiere el despliegue de nuevas aptitudes en pos de garantizarnos la atención. Acaso los mismos medios son los que representan dicho paradigma. Ya nadie quiere escuchar a quien, con relato pausado, aproxima enfoques de raíz. Quizá esta misma columna corra el riesgo de desaparecer si no levanta algún revuelo o despierta “morbos” locales.
Acaso me veo en la tentación de divertirlos, muchas veces creo que debería hacerlo. Por el momento, con el sólo hecho de generar alguna inquietud me alcanza para que este diario siga confiando en el espacio y un par de personas me saluden por la calle.
Y usted, ¿qué opina al respecto?

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