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EDUCACIÓN

La Escuela Secundaria Agraria presenta problemas de calefacción en su edificio

Las aulas suelen estar invadidas de un frío invernal porque los calefactores suelen apagarse con mucha frecuencia.

La Escuela de Educación Secundaria Agraria, situada desde 2007 en el ex Vivero Municipal, necesita más calefacción dado que sus alumnos padecen las bajas temperaturas.
La directora de dicho establecimiento educativo, Alejandra Soto, al ser consultada por Democracia, afirmó: “Es un lugar muy frío en esta época del año. En el tema calefacción, todavía no se terminaron de arreglar los calefactores. No están en condiciones óptimas por distintas circunstancias. El Consejo Escolar los hizo arreglar el año pasado, este año empezó pero no terminó. Hay una cuestión de presupuesto, que no depende de nosotros. Hay aulas que son muy frías, no están calefaccionadas de forma adecuada. En realidad el frío acá es distinto al de la ciudad, se siente más”.
“Los calefactores se rompen, primero porque es una escuela, no es lo mismo que una casa, y segundo, por el sistema que tiene la escuela. Tenemos un zeppelín (tanque de gas) muy chico entonces estamos permanentemente, cada dos semanas, solicitando recarga de gas. Y cuando hay poco gas los calefactores se apagan y después es complicado volverlos a prender, pasa como en los domicilios donde tenés que llamar a un gasista para prender un calefactor”, explicó.
“En estos días, cuando nos vamos ponemos los calefactores en piloto, porque sino, no nos alcanza el gas, y cuando volvemos a la mañana hace mucho frío, a veces las perillas no funcionan como corresponde. Es común que se apaguen por el viento y no puedan ser prendidos. Entonces, se juntan los grupos de alumnos en un lugar que esté más calefaccionado, para dar clases. Hoy lunes [por ayer] hicimos eso, por ejemplo, ya que algunos calefactores estaban apagados. Es que no podemos gastar gas durante el fin de semana, cuando no se dictan clases, entonces se los deja en piloto y suelen apagarse”, apuntó.

Funcionamiento

A la Escuela Agraria concurren aproximadamente 100 chicos desde las 7.30 hasta las 17.30, tienen jornada completa y concurren unos 60 docentes, no sólo para las clases convencionales sino también para los talleres. Funciona un comedor, que sirve a los alumnos el desayuno, almuerzo y merienda. “En este caso, no tenemos ningún problema en el comedor. Acá se cocina, los alimentos lo proporciona el Consejo Escolar y reforzamos un poquito con lo que proporciona la granja y la huerta que aquí funcionan”, aseguró la directora.
Respecto a las necesidades de la escuela, donde concurren alumnos de 1º a 7º año (este último se cursa en forma opcional), Alejandra Soto hizo referencia al espacio físico que resulta insuficiente. “No tenemos espacio, por ejemplo, para instalar un laboratorio y una sala de agroindustria, que necesita la escuela agropecuaria. Para el laboratorio, tenemos muchos elementos, pero no lugar. Necesitaríamos un aula-taller, una sala de informática o una biblioteca, porque ahora tenemos todo junto, la biblioteca y la sala de informática funcionan juntas y es complicado trabajar así. Es decir, falta infraestructura, el comedor es chico, lo mismo la cocina, pero igualmente nos vamos acomodando de acuerdo a las necesidades. Si bien hay siete cursos, de 1º a 7º, el 7º año que es opcional, tiene más prácticas fuera de la escuela y no tienen aula, se reúnen en la Biblioteca”, manifestó.

Continuidad

“Esta es una escuela agropecuaria, no es una escuela común y corriente. Necesitamos personal para los fines de semana, para los feriados, ya que los animales que hay en la granja debemos atenderlos, entonces nos turnamos. El trabajo aquí es continuo, no se corta nunca, ni en vacaciones de invierno ni de verano, ni feriados, ni sábados ni domingos, alguien tiene que venir y los docentes se turnan. Acá no podemos hacer paro, por ejemplo, porque a los animales hay que darles de comer”, explicó.
A pesar del frío, de la tarea continua y la falta de infraestructura, la directora dijo que el trabajo es “lindo” y da muchas satisfacciones.
“Hoy estaban reunidos los chicos del centro de estudiantes, porque están pintando toda la escuela (seis aulas y un SUM) en las horas libres. Pintan cada aula con su color, y cuentan para ello con el capital económico del Centro de Estudiantes de la escuela. Esto es muy positivo y valorable. Los chicos son como una familia, son demasiadas horas que están juntos acá, se conocen todos, y si algo se rompe, por ejemplo, saben quién lo rompió”, dijo.

Acceso

Otro de los inconvenientes de la Escuela es el acceso, que desde la Ruta Nacional 188 se extiende unas cuatro o cinco cuadras de camino. “No tenemos problemas de seguridad, pero falta de iluminación. Cuando los alumnos y docentes ingresan a las 7 de la mañana, en invierno no hay luz. Es un camino donde la única luz es la de los autos que entran y esto es un riesgo para los chicos que vienen caminando, porque el colectivo los deja en la ruta. También vienen muchos en bicicleta, y me preocupa eso, porque a veces no se ven en la oscuridad”, explicó.
“Es un camino, sin vereda, es decir entran todos, chicos y docentes caminando, en bicicleta o en auto, todos por el camino, por eso hay que tener mucha precaución porque no hay luz. Y cuando llueve, se producen los problemas típicos de los caminos rurales, pero caminamos, no se suspenden las clases por lluvia. Los docentes podemos venir, aunque a veces los chicos no vienen cuando llovió mucho”, apuntó.

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