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LOCALES

Verde esperanza

Conciliación cultural y deportiva.

En casi una bendición divina, las abuelas sacan las sillas a la vereda y saludan a los fieles que se dirigen al estadio. Sin distinción alguna, sonríen a todos por igual agregándole azúcar al mate de la tarde. La procesión se repite dos veces por mes y el sueño sigue latente: que un día el sábado sea domingo, domingo para Sarmiento.

El Verde es el puntero, la cola para comprar el choripán es más larga que de costumbre y los lugares en la tribuna se alteran con la llegada de los denominados “caretas”, aquellos que se acercan por primera vez. Gritos anónimos se suman esta vez mezclándose con el cántico de “los de siempre” quienes se codean en un sentimiento unánime: “Afuera los mufas”.

El resentimiento está presente en el templo de Arias y Necochea, “los de siempre”, sostienen las banderas de aliento mirando de reojo a quienes llegan con las luces de la victoria y se abrazan a un festejo que al parecer no les pertenece.

Celosos del lugar que forjaron con fidelidad, los hinchas tienen la esperanza de que el triunfo llegará por mandato divino. Dominados por el pensamiento mágico, coinciden (coincidimos) en cábalas y pequeños rituales que se materializan en un hábito previo, algún pañuelo atado o una bandera bien ubicada.

Está claro que el fútbol es fantasía y los sueños son parte de su esencia, de eso se trata y por eso mantiene nuestro interés. De todas formas, es posible que sea tiempo de abandonar los dogmas por un momento para generar un espacio inclusivo que reciba con los brazos abiertos a los “caretas” que por primera vez se acercan al estadio.

Las nuevas exigencias obligan a doblegar esfuerzos, debemos erradicar la cultura local que promueve un rasgo excluyente: “Si no viniste en todo el campeonato no podés venir ahora”. Está claro que detrás de una estructura institucional como la que promueve Sarmiento hay necesidades económicas que requieren de la suma de recursos y será fundamental que nuestra ciudad interprete este cambio cultural.

Sin dudas, fueron pocos los que estuvieron y serán muchos los que estarán. Aún así, se necesitarán muchos más para cumplir el sueño y despertar un domingo con el sueño cumplido.

Emulemos a las abuelas, saludemos a todos para que se abran las puertas del templo, transformando a mufas y caretas en cábala de éste sueño. Forjemos una conciliación que nos devuelva la esperanza de un día despertar y que Sarmiento sea “Domingo”.

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