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FUE SOMETIDA A SIETE APLICACIONES DE CELULAS MADRE

“Loli” regresó de China con una clara evolución y las mejores perspectivas

La nena de 4 años, que viajó junto a sus padres al lejano Oriente para ser tratada de la encefalopatía crónica que padece desde su nacimiento, muestra un mayor control de sus movimientos involuntarios y se espera que siga progresando con el transcurso de los meses. Los padres de la menor hablaron con DEMOCRACIA sobre la experiencia vivida.

Mientras seguían tratando de acomodarse nuevamente a la rutina juninense, Ricardo Zunino y Leticia Barri recibieron ayer en su domicilio a DEMOCRACIA para relatar pormenores de su viaje a China, hacia donde fueron para que su hija Dolores, de 4 años y afectada por una encefalopatía crónica desde que nació, fuera asistida con siete aplicaciones de células madre.
El balance del viaje, aseguraron, fue más que positivo: “Loli” muestra una notable mejoría en el control de los movimientos involuntarios que la torturaban hasta hace un mes y, como dato más alentador, está la certeza de que dentro de los próximos ocho meses seguirá habiendo progresos en su cuadro clínico.
Sobre esas cuestiones referidas a la salud de la niña y otras vinculadas a las particularidades del país asiático, al que se llega desde Argentina después de 43 horas de vuelo, se refirieron en la entrevista con este matutino.

-¿Cómo respondió Dolores al tratamiento?
- Ricardo: Bien. La verdad que Dolores no deja de sorprendernos, incluso a nosotros que somos sus papás y que estamos todos los días con ella. Uno por ahí no quiere ver ni cuando la pinchan para sacarle sangre y ella estiraba la mano, miraba y no manifestaba nada extra. Tuvo siete aplicaciones. Seis eran pautadas, logramos costear una más, tres fueron por vía endovenosa y las otras cuatro por vía espinal, que no quiere decir a través de la médula sino de las meninges, por donde circula el líquido céfalo-raquídeo, que es lo que le da combustible al cerebro.

-¿Cómo era la rutina diaria de Dolores? Porque las aplicaciones no eran todos los días…
-Leticia: Tenía aplicaciones dos veces por semana y el resto de los días era sometida a terapias. El domingo era el día que teníamos libre para descansar, aunque no podíamos salir mucho porque ella tenía que conservar un buen estado de salud. Cualquier complicación podía llegar a hacerle perder una aplicación. De hecho en un momento se intoxicó, no con comida sino por un virus, y eso originó algunos pequeños trastornos de los cuales logró zafar.

-¿En qué consistían las terapias que se le realizaban entre medio de cada aplicación?
- R: Le hacían electroestimulación mediante seis electrodos, más micromasajes en todo el cuerpo y una terapia de hielo en la zona de la boca para ejercitar y estimular los músculos bucales. También le realizaban acupuntura en las piernas, los brazos, la cara, la cabeza y la boca.

- ¿Y cómo es el mecanismo de trabajo en comparación con los hospitales y clínicas argentinos?
-R: Son muy estructurados. Dicen “a las 9.10 arrancamos” y si a las 9.11 no estás te están llamando porque no llegaste. Los médicos entran de a cuatro o cinco, hablan entre ellos, te preguntan constantemente cómo está la paciente. La atención es excelente. Si bien hay una barrera grande por lo idiomático, todos tratamos de sortearla como para entendernos. También nos ayudó mucho que había una gran cantidad de argentinos por diferentes tratamientos médicos.

-Describan un poco la estructura del lugar donde estaban alojados.
- R: El hospital se llama Bethune International Peace Hospital, es militar, a un costado está la Universidad de Medicina Militar y todos los profesionales son soldados. Entre medio, el centro asistencial tiene plazas, calles, es una pequeña ciudad. Si bien está dentro del casco urbano de Shijiazhuang, tiene tres accesos con sus respectivos controles militares y es algo monstruoso, nunca visto. Más allá de que uno conoce hospitales grandes, sinceramente no lo puedo comparar con ninguno.
L: Nosotros estábamos en un sector denominado el ala internacional, donde había pacientes e incluso gente de empresas que alquilan parte del terreno al hospital, todos de Sudamérica y de España. En otro lado dentro del mismo predio se radicaban los ciudadanos chinos.

-¿Estaban cerca de Beijing, la capital de China?
- R: No (sonríe), Shijiazhuang está a trescientos kilómetros de Beijing, cinco horas de autopista. La verdad que es un viajecito bastabte interesante, porque si bien no hay caos de tránsito, en China se respetan a rajatabla los límites de velocidad. De hecho te sacan fotos por las dudas de que te excedas.

-En cuanto a lo cultural, más allá de lo idiomático, ¿con qué otras diferencias grandes se encontraron?
-Nosotros por ejemplo estamos acostumbrados a cenar a las nueve o diez de la noche, pero allá el restaurant que estaba dentro del hospital cerraba a las ocho. Vos querías hacer pedidos a una casa de comidas y si eran después de las ocho no te los llevaban. Otra: a las seis tenías que tratar de estar dentro del hospital, no por una cuestión de inseguridad sino porque no conseguís en qué volverte.
L: Es que la gente sale de trabajar a las cinco de la tarde y desde ese momento los taxis desaparecen. Otra cosa que nos sorprendió es que no hay casas comunes, son todos edificios de entre tres, cuatro y cinco pisos.

-¿Tuvieron problemas con la alimentación?
- R: Sí, no tanto por preguntarnos qué comíamos o porque fuera mala la comida sino por lo atípica que era. El primer día, cuando Dolores y Leticia se fueron a hacer los estudios de rutina, me llevaron al supermercado y no sabía qué agarrar. Lo primero que atiné a tomar fue un paquete de masitas Oreo, emocionado de haber encontrado algo conocido. Después, en el lugar donde estábamos nos podíamos cocinar nosotros, así que nos manejábamos con mucha verdura. El tema de las carnes es más complicado, ya que, por ejemplo, la de vaca pasa por todas las gamas del rojo –desde el rosa hasta el violeta- y no tiene buen aspecto. Al pescado te lo venden vivo, la carne de cerdo es dura y se come muy picante, le ponen condimento a todo. Lo positivo es que es muy barato comer. Por ejemplo, una hamburguesa doble con papas fritas y gaseosa cuesta 20 pesos.

-¿Y Dolores cómo se alimentaba?
- R: Ella come de todo, siempre. Gracias a Dios conseguimos leche de vaca, que es su debilidad, así que en los desayunos y meriendas la pasaba muy bien.
-Volviendo a su cuadro clínico, ¿cómo volvió ella a Junín y qué se puede esperar en cuanto a su evolución?
-L: En primer lugar estamos tratando que duerma, porque se está despertando a las cuatro de la mañana y todavía no la podemos encausar. En lo que hace a sus terapias, sigue con las que venía realizando antes de viajar y estamos tratando de planificar alguna más en la medida en que los horarios nos lo permitan. Además ella es chica y merece pasar horas jugando y haciendo una vida normal. A fines de junio o julio seguramente le haremos un control neurológico.
R: En lo inmediato notamos una muy importante reducción de sus movimientos involuntarios. Hasta hace unos meses se movía constantemente, como si tuviera mal de Parkinson, de hecho toma un remedio que se les prescribe a los parkinsonianos. De todos modos, en este momento ella está logrando sostener elementos en su mano a voluntad. Está más precisa en sus movimientos y tiene un mayor control desde lo postural.

-¿Puede llegar a evolucionar hasta el punto de llegar a desembolverse normalmente?
- R: A ver, eso es algo muy grande y complicado de vaticinar. Este progreso que está teniendo lo va a mantener durante nueve meses, después no vuelve para atrás. Si alguna vez va a poder caminar, si alguna vez va a poder hablar de corrido, no se sabe. Hoy por hoy estamos contentos porque en un mes se logró igualar un estado que hubiera demandado años y años de terapia, pero no te puedo decir qué más se va a lograr porque lo neurológico es una caja de sorpresas. Dolores está en un envase equivocado, porque intelectualmente sabe todo lo que pasa a su alrededor.

-¿Podrían volver a China o todo lo que le podía aportar el tratamiento en aquel país ya está hecho?
-R: El tratamiento se puede hacer las veces que quieras, de acuerdo con la evolución que vayamos viendo –en este caso- de “Loli”. Allá nos encontramos con gente que iba por segunda, tercera y hasta por quinta vez. No sabemos lo que va a pasar de acá a nueve meses, pero si logramos más progresos, no sé si no volveríamos a ir.

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