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CHARLA SOBRE “MUJER, VIOLENCIA Y DICTADURA” EN EL SEC

Ana Oberlin y Pablo Llonto disertaron en la Ciudad y pidieron “acelerar los juicios”

Los abogados y reconocidos militantes por los derechos humanos abordaron, en el contexto de las actividades por el Mes de la Memoria, las violaciones sexuales y el aniquilamiento en los centros clandestinos de detención, desde una perspectiva de género.

Los abogados y militantes por los derechos humanos Ana Oberlin y Pablo llonto dieron una charla –organizada por la agrupación Memoria, Militancia y Justicia-, ayer, en Junín, titulada “Mujer, violencia y dictadura” y pidieron a los jueces que encuadren las violaciones sexuales cometidas a mujeres en centros clandestinos de detención como “delitos autónomos” y no dentro de la figura de “tormentos”.
“Hay que avanzar con la visibilidad de la violencia de género”, afirmó Oberlin, que milita en HIJOS, en un colmado auditorio del Sindicato de Empleados de Comercio (Saavedra 77).
Los profesionales disertaron sobre la situación de las mujeres y la violencia diferencial que padecieron en los centros clandestinos de detención y exterminio durante la última dictadura cívico-militar.
En este sentido, Oberlin dijo que la violencia de género y sexual no apareció tanto en los relatos de los sobrevivientes en los 80. “Tuvieron la grandeza de no contar tanto lo que les habían hecho a ellos y basaron sus testimonios en lo que les había pasado a los otros”, expresó. Y agregó que luego “se fue corriendo el eje y comenzaron a contar las vejaciones sexuales y los maltratos que habían sufrido en cautiverio”, que la especialista vinculó a la cultura del machismo, patriarcal, propia de los años 70, pero que aún perdura. “La cultura les imponía a las mujeres que no saliesen, que no militasen, y ellas transgredieron todo, desafiando el rol que tenía reservada la cultura para ellas”, consideró.
Desde esta perspectiva, Oberlin sugirió que las mujeres sufrieron un “plus” de violencia, siendo “obligadas a parir en condiciones inhumanas, tratándolas de malas madres, desnudándolas, denigrándolas, con abortos forzados, violaciones sexuales, violaciones masivas, tocamientos”. Y aclaró que, aunque en menor medida, los hombres también fueron víctimas de abusos sexuales.
“Las violaciones sexuales no pueden ser subsumidas dentro de la figura de ‘tormentos’”, afirmó. Y graficó: “El 95% de las mujeres detenidas sufrió alguna forma de violencia sexual”.
Por su parte, Pablo Llonto, abogado y periodista, representante de familiares de víctimas del terrorismo de estado, que participó junto al equipo del CELS en los primeros juicios contra los represores, recordó que trabajó con Oberlin en el juicio a Luis Patti, que “afortunadamente está preso, y en una cárcel común [aplausos]”.
Y comentó que “cuando una compañera hacía mención a algún delito sexual, en los comienzos, no avanzábamos, era más importante lo otro, identificar a los represores, buscar pistas”.
Según contó, en un principio se preguntaban “hasta dónde avanzar”, si era conveniente, pero aclaró que tras meditarlo coincidieron en que había que “investigar todos los delitos, aún los que parezcan de la esfera privada”.
“Pareciera que sólo secuestraron y torturaron, cuando mataron, violaron, allanaron y se robaron hasta las garrafas”, aseguró.

“Hay que acelerar los juicios”

“Adonde vayan los represores los vamos a ir a buscar, no va a haber genocida que quede sin castigo”, afirmó Llonto, y alertó sobre casos que, bajo esa misma metodología de la represión ilegal, suceden hoy en comisarías o cárceles. “Sabemos que hay chicos que son desnudados, violados, en comisarías y cárceles”, afirmó. “A todo eso le decimos ‘Nunca Más’”, señaló.
Por otra parte, Llonto pidió que “los juicios vayan más rápido, porque los genocidas se van muriendo, y también se van muriendo muchos compañeros, muchos abogados; ni siquiera va a haber condena porque el genocida murió, con urgencia, hay que acelerar los juicios”.
Asimismo, llamó a todo aquel que conozca a gente que haya hecho la colimba entre 1974 y 1983, a presentarse a declarar. “Hay muchos ex colimbas que están aportando datos, todo sirve, por más mínimo que sea el aporte, muchas veces permite identificar a un represor”, dijo Llonto.
A los costados y en toda la sala, los rostros, pintados en tela, de los 34 desaparecidos de Junín, parecían recordar que si bien –como coincidieron los especialistas- se avanzó mucho en materia de derechos humanos, resta un camino por andar.
La “Causa Junín” tiene hasta el momento seis detenidos. Y se espera la elevación a juicio oral y el esclarecimiento.
“Transformemos esos rostros en nombres de calles, de plazas, de aulas, de centros culturales”, propuso Llonto a los juninenses.

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