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ECONOMIA

Estados Unidos enfrenta hoy una parálisis extensa de su economía

La posibilidad de una rápida recuperación de la mayor potencia del mundo parece cada vez más lejana, mientras se agrave el problema del empleo.

La esperanza de que la economía de Estados Unidos volviera a remontar vuelo en el segundo semestre del 2011 parece haber quedado definitivamente sepultada el viernes, cuando se conocieron los datos del empleo, que sirve de referencia para medir el nivel de actividad económica.
Ya a fines de agosto se conoció que el ritmo de la economía se frenó entre abril y junio, por lo que se rebajó las proyecciones de crecimiento del 1,3% al 1,0% para todo este año.
Y el viernes los datos difundidos por el Departamento de Trabajo de que no se crearon puestos en agosto encendieron de nuevo todas la luces amarillas, por temor a la posibilidad de estar ingresando a una nueva recesión.
El dato que volvió a colapsar a las Bolsas del mundo es que el desempleo permaneció sin cambios en Estados Unidos y marcó un 9,1% para agosto último, una tasa que sigue siendo alta y desafía los esfuerzos del gobierno del presidente Barack Obama para crear puestos de trabajo.
Según el informe del Departamento del Trabajo, suman ya 14 millones los estadounidenses sin trabajo, lo que hará que este jueves Obama hable ante el Congreso para presentar un nuevo plan de creación de empleos, aunque en medio del escepticismo de la oposición republicana, los conservadores y no pocos economistas.

Freno

La noticia reforzó el pesimismo sobre el futuro de la economía estadounidense y por extensión de todo el mundo. Algunos analistas insisten en que la mayor economía del mundo se encamina de nuevo a la recesión y otros hablan ya de una década perdida, un término que en economía se emplea para referirse a las etapas de estancamiento que atraviesan en ocasiones ciertos países y con la cual los latinoamericanos designaron a los años `80.
El caso más emblemático es el de Japón, que ha experimentado un crecimiento anémico en las dos últimas décadas y se teme que ahora Estados Unidos, que ha actuado como locomotora del mundo durante décadas ingrese a una etapa similar, abandonando el crecimiento casi ininterrumpido que se inició al término de la Segunda Guerra Mundial.
La revisión de los últimos datos de crecimiento revelan que fue motivada por una caída de las exportaciones y de los stocks de las empresas ante las bajas perspectivas de un impulso al consumo, pese a que fue aumentado del 0,1% inicialmente estimado a un 0,4%.
Pero incluso con esta suba, se trata del dato de consumo más bajo desde final de 2009 y supone que los estadounidenses están comprando menos bienes perdurables, como autos o aparatos eléctricos.
Esta debilidad de la demanda es vista como uno de los principales problemas de la economía.

Sin medidas

En tanto las veladas promesas de nuevas medidas de estímulo al consumo que incluyan mayor emisión en gran medida quedaron desalentadas por el titular de la Reserva Federal Ben Bernanke.
Muchos economistas advierten que es necesario un estímulo por parte del gobierno o de la Reserva Federal, pero ninguno de estos dos actores parece dispuesto a actuar.
Por un lado, la Reserva Federal, el Banco Central de Estados Unidos, ha rebajado las tasas de interés a cerca de cero y ha inyectado grandes cantidades de dinero en la economía, pero Bernanke no parece dispuesto a tomar más medidas de estímulo.
Bernanke, en cambio, desvió la responsabilidad hacia el gobierno, del que dijo que debería hacer más para estimular la economía. Sus palabras no han hecho más que incrementar la pesadumbre: hay poca confianza en que Washington incremente el gasto ante el gran déficit fiscal del país y la fuerte oposición del partido republicano.
Los observadores aún tienen esperanzas. Bernanke dijo que la reunión de septiembre del órgano que preside se extenderá de uno a dos días, “para permitir más debate”, lo que ha sido visto con alivio por quienes piensan que la Reserva Federal debe ser la encargada de reanimar a la principal economía del planeta.
En ese sentido el Premio Nobel de economía Paul Krugman se mostraba más pesimista en el diario New York Times. Krugman criticó que los políticos republicanos han conseguido paralizar a la Reserva Federal con sus declaraciones en contra de la inyección de más dinero.
Con la Reserva Federal y el gobierno intimidados, escribió Krugman, “es difícil ver el fin del actual desastre económico”.

¿Sin rumbo?


Hubo momentos, en los últimos años, cuando los dirigentes de Estados Unidos no estaban seguros del camino que tomaría la crisis. En sólo un punto, se sentían absolutamente seguros: Estados Unidos no tomaría -mejor dicho: no podía- tomar la ruta de Japón.
Consideraban que la economía era demasiado flexible; las respuestas gubernamentales a la crisis, muy contundentes; y el electorado, extremadamente exigente como para permitir que el estancamiento al estilo japonés sucediera en suelo de Estados Unidos.
Pero si hoy se hiciera esa misma pregunta al secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, diría lo mismo.
Sin embargo las dudas sobre la capacidad para confrontar los nuevos desafíos es lo que lleva a muchas personas, dentro y fuera del país, a preguntarse si, después de todo, no se está yendo por el camino japonés.
Incluso hace seis meses, ese pesimismo sonaba un tanto exagerado.
Aunque hubo problemas en el sistema financiero estadounidense que ayudaron a desencadenar la recesión global de 2008-09, la pérdida de la productividad estadounidense fue mucho más pequeña que en otras economías avanzadas y la recuperación estadounidense fue más rápida que en la mayoría de los países europeos y Japón.
Pero la verdad es que esta recuperación fue mucho más lenta que en el pasado. Sin embargo, se sintió como que era el precio inevitable que se tenía que pagar tras la crisis financiera.
El gobierno sintió que habían aplicado las lecciones del experimento japonés y, por ende, había evitado el mismo destino. Por ejemplo, la Reserva Federal había reducido, en menos de dos años, las tasas de interés a cerca de cero. Eso le tomó al Banco de Japón, en la década de los `90, seis años.
La respuesta fiscal a la crisis en Estados Unidos fue mucho más contundente, si bien es cierto que a un alto precio: las relaciones entre los dos principales partidos se enturbiaron de cara al futuro.
Pero, los datos oficiales del Producto Bruto Interno hacen que la crisis se vea mucho más profunda: se ha registrado una caída de 5,1% en la productividad nacional y no 4,1% como se pensó previamente.
Y la recuperación también se ve más débil. El resultado es que el ingreso nacional no ha regresado al punto donde estaba antes de la crisis, como sí sucedió en Alemania, país que, de hecho, sufrió una recesión más profunda.
Y en términos de crecimiento económico, el desenvolvimiento de Estados Unidos en los últimos cinco años no ha sido mejor que el de Japón durante los cinco años que le siguieron al estallido de la burbuja de activos, a finales de los años `80. El desempleo estadounidense es considerablemente peor.
Y si el panorama del empleo era un terreno alarmante a principios del año, ahora, es peor, con una tasa de desempleo estancada en 9,1% y con un récord de 40% de los desempleados en esa condición por más de seis meses.
En el pasado, los economistas han tendido a alabar la flexibilidad del mercado laboral estadounidense: el desempleo aumenta más rápidamente en una recesión, pero cae más velozmente a medida de que la economía se recupera. Pero hoy, esa flexibilidad laboral de Estados Unidos pareciera operar en sólo una dirección, mientras que el regulado mercado laboral alemán se ha desempeñado impresionantemente bien. Algunas estadísticas destacan el fracaso de la economía estadounidense para crear empleos para su creciente población: en 1958, 85% de los hombres estadounidenses en edad de trabajar estaban trabajando. Hoy, menos del 64% tiene empleo y, en caso de que crean que es simplemente debido a que las mujeres entraron a la fuerza laboral, el porcentaje de todos los estadounidenses, hombres y mujeres, que tienen un empleo es menor que lo que se ha registrado desde inicios de la década de los 80.

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