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CAOS DE TRANSITO: ALARMA POR LAS PICADAS EN AVENIDA SAN MARTIN

Bandas motorizadas: los dueños de la calle

Cada vez más jóvenes corren a altas velocidades por las calles de la ciudad, poniendo en riesgo sus propias vidas y las de cientos de juninenses. Falta de límites y escasos controles, las causas de un fenómeno social complejo.

Cualquiera que circule un domingo a la noche por la avenida San Martín podrá notar el accionar de estas verdaderas bandas motorizadas que corren picadas, poniendo en peligro sus propias vidas –circulan sin casco, a altas velocidades y de a dos o tres personas- y las de cientos de juninenses.
Son los dueños de la calle.
Es que a diferencia de otras ciudades donde también radica este grave problema social, como por ejemplo en La Plata, donde la Policía persigue y secuestra las motos de los infractores), en nuestro medio los operativos resultan insuficientes (ver página 3).
En una recorrida por la zona, vecinos confiaron a DEMOCRACIA que cada vez más hay motociclistas, mayormente jóvenes, que corren a altas velocidades y en masa por la avenida San Martín y desde allí hasta la avenida Circunvalación.
En efecto, lo que empezó como reuniones de amigos en la plaza Fuerzas Armadas devino luego en un peligroso “ritual” con mucho de “llegar hasta el límite” y “desafiar la autoridad”, explicaron los especialistas consultados por este diario.

“Circuito”


Aunque los circuitos suelen ser variables, por lo general las bandas motorizadas se reúnen en la Plaza de las Armas (ubicada en Roque Sáenz Peña y la avenida San Martín) y desde allí se movilizan por calle Belgrano hacia la avenida Circunvalación, afectando con el ruido de los motores a los vecinos de esa zona céntrica (ver recuadro).
Una vez en la ruta, dan comienzo a las picadas, no sin antes “calentar los motores” en la zona urbanizada.
En diálogo con DEMOCRACIA, el doctor Adrián Pérez, que el año pasado encabezó junto a un grupo de vecinos un reclamo al Municipio por las carreras en la avenida San Martín, afirmó: “Las picadas son continuas. En general, son de una a tres de la mañana y los domingos a la noche. Pero la Municipalidad mira para otro lado. Los motociclistas van con escapes libres, sin luces, sin cascos, infringiendo todas las normas y nadie hace nada”.
Por su parte, la licenciada en sociología Elisabet Belligoi afirmó: “Hasta el momento del inicio de la picada, no pasa de ser una manifestación juvenil visible, pero después se transforma en algo serio, ya que se pone en riego la vida. Las picadas comienzan en (calle) Belgrano, con toda la peligrosidad que eso implica. Ahí, evidentemente faltan controles, ya sean municipales o policiales”.

“Hacerse visibles”

Belligoi dio algunas explicaciones acerca de la razón de ser de estos encuentros y carreras de motos. Según la especialista, se trata de una conducta típica de las culturas juveniles, que buscan “hacerse visibles” ante la sociedad.
“En este caso, lo que buscan es una manera de identificarse. Por eso se apropian de un lugar, marcan una territorialidad y se sienten identificados con ese espacio, al cual embisten de un valor cultural. De esta manera logran diferenciarse de los adultos y decir: ‘acá estamos, hacemos esto porque queremos’”.
En relación a las picadas, Belligoi indicó: “Es una característica propia de las subculturas juveniles el ponerse a prueba permanentemente, para ver hasta dónde se puede llegar. Muchos adolescentes se creen todopoderosos y entonces corren el riesgo”.
En opinión de la socióloga, el problema estriba en la creciente “barbarización” y efervescencia de la sociedad, que hace que “tenga que llegarse a lamentar la muerte de un joven para empezar a tomar conciencia”.

Faltan límites


Según Belligoi, los cambios en los usos y costumbres que se produjeron en las últimas décadas, llevaron a la adopción de una moral más laxa, para la que “todo está permitido”. Esto llevó, inexorablemente, a una “crisis de autoridad” que redundó en el cambio de conducta de los jóvenes, tales como las registradas en las bandas de “motoqueros”.
En este sentido, la socióloga indicó: “En la plaza debería estar la autoridad, no para prohibir o perseguir, sino para ordenar. Ese espacio fue creado para ellos, pero es necesario que se adapten a ciertas normas”.
Por otro lado, Belligoi sostuvo que existe una especie de “inconciencia colectiva” que hace que, en muchos casos, los motoqueros lleven a sus propios hijos a las picadas, sin medir los riesgos a los que los exponen.

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