Los comerciantes no quieren que se repita la postal del año 2020, con todos los negocios del centro cerrados.
Los comerciantes no quieren que se repita la postal del año 2020, con todos los negocios del centro cerrados.
ECONOMÍA Y COVID

Comerciantes creen que no hay margen para poner más restricciones en Junín

Posible rebelión: si se ordenaran cierres por el avance de la pandemia, hay sectores que ya hablan de no respetar esas medidas. Aseguran que los negocios no son focos de contagios y cuestionan que no se ponga más empeño en controlar reuniones recreativas. Afirman que con el repunte de finales del año pasado no se alcanzó los niveles pre-pandemia. La situación sanitaria de otras localidades podría resentir la venta a clientes de la Región.

El comercio de Junín parece estar en estado de alerta. Es que, a partir de la llegada de la segunda ola que impacta con mucha fuerza a la zona del AMBA, esta semana el Presidente tomó medidas -por ahora solamente para el área metropolitana- que implican, además de la no presencialidad en las escuelas por quince días, nuevas restricciones al movimiento y en los horarios de atención de los comercios.
Esto último encendió algunas alarmas en los negocios locales, ya que las resoluciones se van a ir produciendo en la medida en que las autoridades vean que la situación sanitaria exija cambios, y si bien en Junín el panorama no es de máxima preocupación, de a poco los contagios están empezando a subir y en algunas localidades de los alrededores que están más comprometidas se definió un pasaje a Fase 3, lo que da cuenta de que el escenario pandémico comienza a moverse.
Entonces, la eventualidad de que se definan reducciones horarias o, inclusive, cierres temporales de algunas actividades está generando, de antemano, rechazo entre los comerciantes. No solo eso: en algunos grupos de WhatsApp ya se está instando a no acatar las medidas que impliquen cierres o reducciones horarias. “Abrimos igual”, “Esta vez no vamos a cerrar”, “No nos pueden prohibir trabajar” son algunos de los mensajes que mezclan enojo e indignación.
Lo cierto es que están seguros de que los negocios no son focos de contagios, mientras cuestionan que no se ponga la mirada en los que trabajan y no en controlar reuniones sociales o salidas recreativas.

“No hay margen”
Marcos Maroscia, presidente de la Sociedad Comercio e Industria de Junín (SCIJ), observa que hay “mucha preocupación” entre los comerciantes por la situación económica. “Está todo muy parado, nadie sabe qué va a pasar, hace seis meses que no repunta y venimos arrastrando deudas. Nosotros hicimos una encuesta para ver a qué herramientas financieras se recurrieron y muchos hasta llegaron a pedir dinero a los familiares”, explica.
Es por ello que Maroscia es contundente: “No hay margen para un cierre ni para una reducción horaria. Esa sería una realidad que nos llevaría a bajar las persianas definitivamente. La situación está totalmente al límite”.
Es por ello que el presidente de SCIJ advierte resistencia ante la eventualidad de que se tomen medidas restrictivas. “Se está fomentando una especie de rumor de que, si se determinan cierres, no cumplir con esa decisión -comenta-, estamos tratando de que no se llegue a eso porque sería un problema para todos y además va a ser imposible controlar con cinco o seis personas si abren 500 comercios”.
Según su análisis, los comerciantes “plantean algo que es real” y es que los negocios “nunca fueron un foco de contagio”. Y añade: “Además, uno después ve que está habilitado el Parque Borchex, la Laguna, entonces, el miedo nuestro es que cierren las actividades como la nuestra que generan trabajo, mientras la gente use ese tiempo de recreación. Eso no soluciona el problema”.
En Comercio e Industria están pensando alternativas por si se llega a plantear algún cierre, para tratar de negociar alternativas, que pueden ser la rotación por turnos, hacer horario corrido o alguna otra. “No obstante, hoy en día para nosotros esto ni siquiera tiene que ser una opción”, enfatiza Maroscia.
Y concluye, terminante: "El mensaje que queremos dar es que la reducción horaria y el cierre no son las opciones. Insisto en que hay un rumor grande sobre un desacatamiento a estas medidas si es que se toman, sobre todo si se dispone un cierre”.

“Ponerse en el lugar del comerciante”
Al analizar la actualidad económica, el presidente de la Asociación de Comercios, Industrias, Profesionales y Emprendedores (Acipe), Marcelo Tapia, observa que, en líneas generales, el comercio está entrando en un receso: “Luego de un rebrote que tuvo el segmento de la construcción después de agosto o septiembre, ha tenido una caída y hoy estamos en un receso. Ay muchos comercios que no repuntaron o los que sí pudieron hacerlo no llegaron al mejor momento de 2019, es decir que todo lo que pudieron subir no alcanzó para volver a foja cero o a empatar lo que fueron los meses anteriores”.
Es por ello que considera inapropiado que las restricciones al comercio sean una opción frente al avance de la pandemia. “Entendemos que tenemos que cuidarnos y protegernos unos a otros evitando reuniones -indica- pero no podemos olvidarnos de que los comerciantes y la gente que vive el día a día puso el foco en la parte económica porque la pasó muy mal durante el encierro. Entonces, hay que ponerse en el lugar del comerciante a quien, cuando le dicen que hay que cerrar, se desespera porque la pasó realmente muy mal, económica y psicológicamente”.
Para Tapia, hay que buscar un equilibrio “porque, si no, cualquier normativa que se dicte no se va a cumplir”. Y, en tal sentido, coincide en resaltar que los negocios no son lugares de foco de contagios: “Al ver que cumplimos con los protocolos y todas las cosas que se nos piden, vemos innecesario el cierre de los comercios, como también se ve ilógico el cierre de las escuelas. Hay muchas otras cosas que se podrían hacer. Uno puede entender estas medidas para el Conurbano o para la zona metropolitana donde la gente se mueve a través del transporte público, pero en el interior no es así”.
Por eso propone que se busquen caminos no explorados aún o alternativas distintas, por ejemplo, “lo que le dio mucho resultado a Medellín: cerrar todo desde el viernes a las seis de la tarde hasta el lunes a la mañana”.
Ante la eventualidad de que se dictaminen medidas restrictivas, el titular de Acipe cree que “el diálogo siempre tiene que ser una herramienta de negociación”, aunque también advierte que lo que se necesita es previsibilidad: “Hoy los comercios están enojados, no quieren cerrar. Si esto explota -Dios quiera que no suceda- todo el mundo va a entender que hay que hacer algo. El tema es que tenemos que tener la palabra de quienes nos dirigen, y si nos dicen quince días, que sean quince días. La economía tiene que ser una prioridad. Tratemos de que no muera tanta gente: ni por salud ni por cuestiones económicas”.
Finalmente, Tapia señala que el comerciante “puede prepararse para que haya menos ventas, pero no para que no haya ninguna, hay que tener políticas públicas comerciales y productivas, no se puede seguir perdiendo el tiempo, hay que hacer que todo esto funcione”.

“Hay gente que puede rebelarse”
Desde hace un tiempo, el empresario local Claudio Perkusic está trabajando junto con un grupo -integrado, entre otros, por José Molnari y Javier Carpinella- para reflotar la Cámara Pyme del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (Capynoba) que quedó acéfala y a la deriva.
Mientras se ponen a tono en lo administrativo, ya hablaron con varios de sus miembros y, en tal sentido, al analizar el panorama comercial y las posibles medidas que se puedan llegar a tomar, enfatiza que los negocios no son el mayor problema en esta pandemia: “Nosotros vemos que, cumpliendo con todos los protocolos, utilizando el alcohol en gel, con personal y clientes usando barbijo, respetando el distanciamiento, el contagio es nulo o mínimo. En todo este año de pandemia hemos tenido algunos casos en nuestra empresa, pero nunca se contagió a un compañero ni nada por el estilo. Uno ve que la propagación del virus se da en reuniones sociales, cuando se sacan el barbijo y demás”.
Es por eso que cree que sería difícil que se cumpla un nuevo cierre de actividades. “Creo que podría no acatarse porque el problema económico afecta mucho -asevera-, hay que ponerse en el lugar del que tiene un comercio y no le dan los números, con gastos en impuestos, personal y demás. Hay gente que está en situación desesperante que la puede llevar a rebelarse y no acatar las medidas. Es muy complicado para un comercio que ya viene mal”.
Según su análisis, podría haber cierto margen de negociación para medidas que no sean tan determinantes, “porque la gente respeta la pandemia, y si hay que achicar una o dos horas, o hacer horario corrido, me parece que se va a cumplir”.

“Hay poca tolerancia”
Esteban Acosta, de la casa de electricidad Juma, que fue protesorero y ahora es vocal de la SCIJ, observa que, si bien en su rubro “fue muy bien el año pasado”, esa no es la situación general: “Hay otros comercios que están muy golpeados, por eso los apoyamos, es muy triste que estén de esa manera y no alcanza la ayuda que están teniendo. Eso lo ve cualquiera que ande por el centro, con muchos locales para alquilar y con lugares emblemáticos de Junín que han cerrado”.
Más allá de las buenas ventas del año pasado, en su actividad también “este año bajó un poco” el movimiento.
En referencia a la posición de los comerciantes, estima que “siempre hay margen de negociación” cuando se trata de imponer medidas para frenar la propagación del virus, aunque la capacidad de maniobra no es amplia: “El año pasado todo el mundo decía que iba a abrir y el Gobierno local hablaba de que si la Provincia no flexibilizaba las medidas, ellos debían acatarlo. Hoy creo que hay poca tolerancia para eso, los comerciantes están muy complicados, muchos todavía no pudieron revertir lo que pasó en 2020 y la están luchando, yo escucho que se dice que se va a abrir igual, pero después no sé qué pasará. Creo que con protocolos bien hechos, cumpliéndolos y cuidándonos, se podría seguir abierto”.
Por último, advierte que “hay una situación que se ve claramente en Junín, sobre todo los fines de semana, que las plazas explotan, se junta gente, entonces se le exigen cuidados a los comerciantes y los fines de semana se ven lugares llenos, con personas una al lado de la otra, compartiendo botellas y mates, y eso molesta mucho. Si hay cierre, debería ser igual para todos”.

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