RECONOCIDO COMERCIANTE DE NUESTRO MEDIO

Sergio Bracchi: “Nosotros marcamos un estilo en Junín”

Hizo sus primeros pasos con el destacado sastre Félix Tanino, pero luego siguió su propio camino y hoy su negocio es una referencia ineludible de la calle Sáenz Peña. También está vinculado al ajedrez, disciplina en la que fue campeón argentino en su juventud.

La adolescencia y la primera juventud Sergio Bracchi estuvieron marcadas por el ajedrez. Siguiendo la senda de su padre y su tío, quienes también practicaban ese deporte, llegó a convertirse en campeón argentino en la categoría cadetes y subcampeón nacional juvenil.
Años más tarde, ya en Junín, siguió su camino en la actividad textil, guiado en primer lugar por su suegro, el reconocidísimo sastre Félix Tanino, para luego abrir su propio local y convertirse, con el tiempo, en una referencia en el rubro en la ciudad.

“Hay que tener buena atención, brindar lo mejor y estar presente”.

El ajedrez
Bracchi nació en Chacabuco y se crio en esa localidad. Hijo de un empleado telefónico y una ama de casa, se apegó definitivamente al ajedrez cuando se instaló en la vecina localidad Jiri Pelikan, un gran maestro de la disciplina, oriundo de República Checa, que “dejó un semillero y un conocimiento muy grande” en el lugar, según lo que explica Sergio: “Por eso en su momento Chacabuco era una de las federaciones más importantes a nivel nacional”.
En ese contexto, Bracchi salió campeón argentino en cadetes en 1980 y al año siguiente disputó el Mundial en Francia. Luego, en 1982, fue subcampeón nacional juvenil: “Llegué invicto del zonal, semifinal y final, empatando el primer puesto, pero perdí el desempate -recuerda-, para esa partida no me pude preparar bien porque estaba haciendo el servicio militar, por eso decidí no competir más a ese nivel, porque entendí que debía dedicarme de lleno”.
Años más tarde, cuando se mudó a Junín, participó de diferentes torneos y sigue ligado al deporte, “pero como hobby, para poder disfrutarlo”.

“Tratamos de estar adelantados a lo que se ve en el mercado local”.

Inicios en el comercio
Cuando se casó con la juninense Edith Tanino, se vino a vivir a Junín y acá empezó a trabajar en la sastrería de Don Félix, su suegro.
Permaneció tres años como vendedor y, de a poco, fue aprendiendo el oficio, que también incluye la compra: “Para manejarte en este rubro hay que ser muy ágil, en esa época venían muchos viajantes, pero nosotros también recorríamos mucho para comprar mercadería. En este rubro hay que ver, tocar, medir, ver la calidad del producto y hay que estar actualizado”.
Más adelante, abrió con su esposa un local propio, buscando un estilo distinto al de Tanino, que era muy reconocido por la sastrería. “Para ese entonces -comenta- ya teníamos decidido venir, en algún momento, al local de Saénz Peña en el que estamos hoy, que es de mi suegro”.
Con algunos ahorros luego de mucho esfuerzo, finalmente abrió Bracchi, en noviembre de 1991.

El comercio
Para Sergio, abrir un local en Sáenz Peña “era un desafío importante, porque había negocios muy tradicionales de Junín, como Mingorance, Terziani o Juvent”. No obstante, su idea era la de buscar “un estilo diferente para no competir con ellos, que son más clásicos: una línea parecida, pero más moderna y más enfocada a la juventud”.
Según dice, “los primeros momentos fueron duros”. Cuatro años después tuvieron que sortear la crisis del llamado Efecto Tequila, que los golpeó, pero siguieron en pie.
“Pudimos seguir creciendo, de a poco, con la ayuda de los proveedores y con mucho sacrificio”, afirma. Tanto que la familia estuvo diez años sin tomarse vacaciones.
Siempre buscando mantener su objetivo inicial: “Tratamos de estar un poco más adelantados a lo que se ve en el mercado local. Nos fuimos haciendo conocidos y, gracias a eso, nosotros marcamos un estilo en Junín”.
Con el tiempo se sumó su hija Liz que, con su propia marca de ropa, pasó a ser la diseñadora de toda la indumentaria femenina que se vende en el local.
Paso a paso, Bracchi se convirtió en un apellido de reconocimiento en Junín y la zona en venta de ropa de vestir sport. “Son muchas cosas las que uno tiene en cuenta: la calidad, la confección, la terminación, la relación precio-producto, entre otras”, explica Sergio.

“Nosotros viajábamos mucho para comprar mercadería. En este rubro hay que ver, tocar, medir, ver la calidad del producto y hay que estar actualizado”.

Balance
Bracchi considera que un buen comerciante “no tiene que salirse del concepto que uno quiere como negocio”. Y agrega: “El cliente es nuestro capital y no defraudarlo es la condición número uno. Hay que tener buena atención, brindar lo mejor y estar presente: desde la apertura del negocio hasta última hora nosotros estamos acá. La permanencia del dueño dentro del local es clave y no porque no tenga un equipo trabajando, sino porque el hecho de estar te permite conocer todo lo que pasa y esa es una parte importante del éxito”.
En su caso, destaca el equipo que acompañan a él y su esposa. “Tenemos un empleado, Andrés, que está desde el primer día y es parte de nuestra historia y de nuestro crecimiento, y también está Vicky, Silvana, Nicolás, más los que nos brindan algunos servicios”, enumera.
Y al momento de hacer un balance, concluye: “Siempre mantuvimos la misma línea, que no se pierde, y es la que hoy nos da esta trayectoria y el reconocimiento. Por eso hoy nos compran los hijos de los que nos compraban en los primeros años. Yo digo que el negocio envejece con los dueños y, para estar vigentes, hay que renovarse”.

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