naldo junin
La demanda de electrodomésticos tuvo un fuerte incremento a partir de la pandemia, que se profundizó con la suba del dólar blue.
PANORAMA ECONÓMICO

La brecha cambiaria modifica hábitos de consumo en la sociedad juninense

Con la devaluación del peso, sigue aumentando la demanda de bienes aspiracionales como una forma de resguardo de capital. Al mismo tiempo, escasean productos, lo que distorsiona el mercado y podría generar desabastecimiento y una escalada de precios. Advierten que, si subiera el valor del dólar oficial, podría acelerarse la inflación. Destacan que aún se pueden adquirir bienes durables con créditos con tasas estables.

Esta semana, el dólar volvió a ser el tema central dentro del escenario económico nacional y todas las miradas estuvieron puestas allí. Tanto fue así que el viernes la brecha entre el dólar blue y el mayorista fue de más de 150%: $195 el primero y $78,13 el oficial.
Esta brecha es lo que los economistas denominan un indicador de corto plazo. Y lo que muestra, más allá de la histórica zozobra a la que los argentinos estamos sometidos con los vaivenes de la moneda, es un deterioro en el valor del peso -que se deprecia frente a la divisa norteamericana- que deriva en un cambio en el comportamiento como consumidores.
En efecto, ante la imposibilidad de comprar dólares para ahorro, el que tiene pesos, sin buscar inversiones muy sofisticadas, lo que busca es, más que ganar, aunque sea no perder. Y para ello, los bienes aspiracionales son una alternativa.
Este comportamiento se está advirtiendo en nuestra ciudad. Referentes de diversos rubros coinciden en que este panorama, al que se le suman los cambios generados por la pandemia de Covid-19, está provocando un aumento en la demanda de bienes durables, desde la construcción y los automóviles, hasta grandes electrodomésticos. De esta manera, algunas compras de este tipo de productos proyectadas para un futuro más o menos cercano terminan adelantándose ante el riesgo de quedarse con los pesos en la mano y que pierdan valor.
Pero el escenario es más complejo, dado que muchos de estos artículos vienen sufriendo un incremento en su demanda desde hace algunos meses, producto de la pandemia. En ese marco, los comercios fueron vendiendo su stock pero desde hace algunas semanas se encuentran con la dificultad de reposición de mercadería, cosa que sucede porque las fábricas estuvieron un tiempo cerradas por la cuarentena y ahora algunas todavía están trabajando de manera irregular, por las restricciones a la importación de materia prima y también por la especulación de los que tienen productos y los retienen, a la espera de lo que suceda con la economía. Por todo esto, se está generando un escenario en el que el desabastecimiento y una escalada inflacionaria son riesgos que se perciben como posibles.

“La gente busca un refugio”
El contador Gustavo Lombardi, titular de la firma Naldo, explica que “cuando se dispara el dólar por una cuestión de falta de confianza, la gente busca un refugio”, y para ello, los bienes aspiracionales aparecen como una alternativa más que aceptable: “Al tener los pesos en la mano, la gente siente que está perdiendo poder adquisitivo, entonces se inclina por los bienes durables. Si a eso le sumamos que la pandemia hizo que la gente esté mucho más tiempo dentro de sus casas, se vio que creció sustancialmente la demanda de pantallas, equipos de audio, aire acondicionado y ese tipo de productos”.
Al mismo tiempo, Lombardi remarca que “hay trabas para la salida de divisas y muchas fábricas estuvieron cerradas”, lo que provocó que la oferta se viera restringida. “Hoy se ve escasez de mercadería en nuestros locales”, puntualiza.
Eso genera una distorsión en el mercado: “En todos los procesos en los que hay desabastecimiento, suben los precios. Es algo que también ha pasado en otras oportunidades anteriores. Cuando no hay escasez, el que lo tiene lo retiene porque no sabe si va a poder reponer y a qué valor va a poder adquirirlo”.
Por otra parte, Lombardi explica que, más allá de las dificultades, se sigue vendiendo a crédito “sin grandes cambios”, aunque aclara que “en esta situación de incertidumbre el riesgo pasa a ser muchísimo más alto, porque uno no sabe cómo van a estar las cosas en estos cinco meses”.
Finalmente, en referencia a la situación local, señala: “No es diferente al resto del país. El que tiene un ahorro en pesos busca cambiarlo por algo antes de perder poder adquisitivo. Por otro lado, se ve que la economía en general está golpeada y hay muchos rubros que la están pasando muy mal, como la hotelería, gastronomía, esparcimiento, que están sufriendo muchísimo. Nosotros somos privilegiados por tener el negocio abierto y que la gente pueda venir a gastar algún peso para comprar nuestros productos”.

“Lo más complicado es la incertidumbre”
El empresario Claudio Perkusic señala que los productos que comercializa su firma, principalmente los vinculados a la siderurgia, están dolarizados. Y si bien se rigen por el tipo de cambio oficial, deben abonar en pesos al tipo de cambio del día en que hacen efectivo el pago. Por eso, una eventual devaluación sería un golpe muy duro para el sector. Sobre todo porque en estos meses ya hubo un aumento de un 20% en dólares.
El suyo es un rubro de los que también incrementó la demanda y, al mismo tiempo, tiene enormes problemas con la reposición. “Vendimos todo el stock y desde hace varios meses las empresas Acindar y Siderar, que son las dos siderúrgicas grandes de las que somos distribuidores, están enviando mucho menos de lo que necesitamos”, dice.
El faltante principal se nota en chapa de techo, hierro de construcción, perfil C y alambres. Y así como lo que le dan sus proveedores se redujo a la mitad, la demanda les aumentó un 40%. Y hay demoras de unos 60 días en la entrega.
“Lo más complicado es la incertidumbre y el desgaste con el cliente, al que le tenemos que explicar por qué no hay mercadería”, asevera Perkusic, que destaca que mucha gente en Junín se volcó a la construcción en este tiempo.
Y sobre el escenario económico en Junín, analiza: “Se puede decir que no está frenada. La economía de la ciudad depende, aparte de los sueldos estatales, del campo y, dentro de todo, el cereal tiene buen precio, aunque mucho no se ha vendido todavía. Sí se ve movimiento, pero hay que diferenciarlo por rubros: algunos como la gastronomía, la hotelería o la indumentaria están mucho más complicados”.

“Tenemos un mercado demandante”
El mercado automotor es otro en el que se advierte un incremento en la demanda a partir de la depreciación del peso, la falta de dólares y la incertidumbre. Federico Rodríguez, socio de Sarmiento Automotores, asevera que “eso se ve en Junín también”, y puntualiza que “hace siete meses que la gente no pude irse de vacaciones ni viajar ni nada, y esa reserva de dinero que no se gastó se va a mejorar la casa o adquirir un bien, como puede ser un auto” u otros productos aspiracionales.
Rodríguez observa que “hay rubros que están muy mal”, pero también advierte que desde marzo hay “una recuperación en algunos sectores”, entre ellos, la venta de autos: “Al no poder refugiarse en el dólar, se va a la compra de bienes. Nosotros hemos tenido buenos resultados. Hoy, la cuestión puntual es que es más difícil comprar que vender. Tenemos un mercado demandante”.
Para Rodríguez, “la pandemia también dejó al descubierto algunas políticas productivas” con terminales que trabajan con un stock muy limitado, por lo que “volver a poner en marcha esa cadena de producción lleva su tiempo”. Aunque enfatiza que en esto también hay un componente importante de especulación.
En cuanto a los plazos, remarca que “las terminales tienen sus líneas de créditos, con tasas subsidiadas” y en el mercado de los usados “hay opciones y herramientas para financiarse”.

“La brecha muestra que hay incertidumbre”
Para explicar el impacto del comportamiento del dólar, el economista Guillermo Fontán, docente de Micro y Macroeconomía de la Unnoba, señala que “la brecha lo que muestra es que hay una fuerte incertidumbre”, y puntualiza: “Sin ser experta, la gente percibe que no va a haber dólares en el mercado, que hay pocas reservas y que las cosas no están bien. No hay señales que le devuelvan la confianza en que haya una reactivación sostenida, anclaje de precios, mayor empleo, un mejor salario real y demás. Todo esto, penetrado por un humor social pésimo a partir de una cuarentena que se hace a regañadientes, pero con datos objetivos que indican que la situación a nivel pandémico sigue siendo complicada en Argentina y en el mundo. Entonces, se busca una suerte de posicionamiento”.
Con un acceso muy restringido al dólar como ahorro, ahí es donde aparece el consumo aspiracional, que puede ser un auto, si se puede una casa, un electrodoméstico grande y demás.
Para Fontán, que también fue director Provincial de Comercio, el tema de las expectativas va de la mano de la inflación, “que sigue subiendo lentamente, pero con las tarifas pisadas, que a fin de año se descongelan, y con los combustibles regulados, aunque ya tuvo tres aumentos y se esperan más antes de fin de año: con lo que podría haber más subas que impacten en los precios”.
Muchos bienes durables y la mayoría de los insumos y materia prima de la industria son importados. “Y el dólar al que compra el sector de importaciones es casi oficial -indica Fontán- pero en el último cepo se les permitió comprar solamente un 40% a ese valor, porque eso significa un drenaje de divisas, y el resto debe financiarse, con lo cual los costos son otros”.
Pero hay más: “Esta cuestión de expectativas genera que se rompa la cadena de precios. Es decir, que el empresario o el comerciante no quieren vender porque no sabe a qué precio hay que ofrecerlo ya que desconoce el valor de reposición que tendrá después. Eso genera una contracción fuerte de la oferta. Aparece el ‘por las dudas’, es decir, que aumentan o no venden a la espera de un panorama más cierto”.
Finalmente, Fontán insiste en seguir de cerca lo que pasa con la divisa norteamericana “porque el dólar en la Argentina es un termómetro del humor, un indicativo de que haya o no un horizonte claro”.

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