NUTRICIÓN

Los nuevos hábitos alimenticios que surgieron con la cuarentena

En el tiempo de aislamiento se modificaron muchas rutinas, entre ellas la del consumo de alimentos: más pastas, menos carne. Más cocina en casa fue otro de los hábitos adoptados.

Sin dudas, el coronavirus  sacudió todas nuestras estructuras y hábitos sociales en la vida cotidiana, entre ellos la alimentación, clave en estos tiempos de cuarentena
Un estudio realizado por Fleni para detectar cómo se están viendo afectados los hábitos alimentarios y el estilo de vida durante la pandemia demuestra que el 52 por ciento de los encuestados modificó su alimentación y, lo más alarmante, es que el grupo que principalmente lo hizo es el que presenta uno de los principales factores de riesgo: el sobrepeso y la obesidad.
Los datos indican también una reducción de la actividad física durante este período, principalmente en el grupo que cambió sus hábitos alimenticios.
Democracia consultó al nutricionista Federico Franzetti, quien se refirió a la alteración de hábitos en la cuarentena y brindó algunos consejos para mantener una alimentación equilibrada.

Ansiedad y poca actividad
“La situación actual de la cuarentena prolongada ha llevado a que, de una manera progresiva, se hayan tenido que modificar ciertos hábitos generales, en especial en la alimentación”, explicó Franzetti. 
“Hay muchos factores que afectan la alimentación en los tiempos de cuarentena, entre ellos, las dificultades económicas, las restricciones en el horario al salir a realizar las compras, el cambio de horario en el trabajo y una reducción en la realización de actividad física. Todos ellos hacen que una correcta alimentación sea difícil de llevar a cabo”, se explayó el profesional.
Además, como la alimentación “está íntimamente relacionada con cómo nos sentimos, es muy común escuchar en el consultorio, y más en estos tiempos, el hecho de comer por ansiedad, a lo que se le suele llamar picoteo. Es importante destacar que la ansiedad y el estrés pueden  actuar como disparadores de una ingesta emocional (hambre emocional), lo que contribuye al aumento de peso”.


Franzetti citó un estudio realizado por investigadores del Conicet sobre los efectos de la cuarentena en los hábitos de alimentación: “Con resultados preliminares, arrojó que el 55 por ciento de las personas que fueron encuestadas refirieron consumir alimentos por estrés y ansiedad, mientras que las personas que tienen que seguir una dieta especial, por ejemplo, las personas con diabetes, obesidad, hipertensión manifestaron tener un mayor descontrol de consumo de alimentos no permitidos”.  
Otros datos importantes y alarmantes que indicó la encuesta, según el profesional, “es que disminuyó el consumo de frutas y verduras y aumentó el consumo de alimentos desaconsejados como harinas, golosinas, gaseosas y alcohol”. 
En ese sentido, remarcó que “las frutas y verduras son nuestra principal fuente de vitaminas, un aspecto que se relaciona íntimamente con la inmunonutrición. La respuesta inmune es la capacidad que tiene nuestro organismo de defendernos contra los agentes infecciosos y, en este momento en los que enfrentamos la pandemia más que nunca, la nutrición tiene un rol muy importante”, aseguró. 
“Numerosas investigaciones han demostrado que la nutrición cumple un rol fundamental para el correcto funcionamiento del sistema inmune e incorporar los nutrientes adecuados a la alimentación diaria puede ayudar a disminuir los efectos inflamatorios producidos por algún agente infeccioso”.

Cambios y riesgos
Según la encuesta de Fleni, del total de los encuestados, surgió que el 52 por ciento de la población modificó su alimentación durante el período de cuarentena, y el grupo etario que mayormente la modificó se encuentra entre los 30 y 45 años. 
De los participantes que presentan factores de riesgo, los que modificaron su alimentación en mayor medida son aquellos con sobrepeso (62.9 por ciento) y obesidad (72.7 por ciento) empeorando aún más sus patologías.
El “efecto cuarentena” en la dieta se tradujo en un mayor consumo de pan y pastas. En cuanto a los grupos de alimentos, en el 49 por ciento de los participantes que modificaron su alimentación, el consumo de cereales fue el que más se incrementó, mientras respecto a las frutas y verduras, el 57 por ciento de las personas no modificó su consumo. 
Respecto del ejercicio físico, se observó una reducción del 53.1 por ciento, principalmente en el grupo que modificó su alimentación.

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