En el CIBA hay dos laboratorios, en uno se hace la extracción y en otro se realiza la PCR (sigla en inglés que se traduce como reacción en cadena de la polimerasa).
En el CIBA hay dos laboratorios, en uno se hace la extracción y en otro se realiza la PCR (sigla en inglés que se traduce como reacción en cadena de la polimerasa).
CORONAVIRUS EN JUNÍN Y LA REGIÓN

Cómo se trabaja en los laboratorios, una zona caliente de la pandemia

Con más de cincuenta tests diarios, la tarea conjunta del CIBA y el hospital responde a las demandas de más de quince ciudades correspondientes a las Regiones Sanitarias II, III y X. Más de veinte técnicos y profesionales son los que están directamente involucrados en el procedimiento de análisis por Covid-19. Cómo sobrellevan esta responsabilidad los trabajadores sanitarios.

Son más de veinte profesionales y técnicos los que están directamente involucrados en el procedimiento de análisis por Covid-19 que se hace todos los días en los laboratorios locales, con los que se atienden las demandas de más de quince ciudades de las Regiones Sanitarias II, III y X.
En efecto, el Laboratorio del Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. Abraham Piñeyro” (HIGA) y el Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA) de la Unnoba son verdaderas zonas calientes donde cada día –laborable, feriado o fin de semana– se da respuestas a las urgencias de la pandemia a una amplia zona del noroeste bonaerense.
Hace poco más de tres meses, la situación apremiante obligó a tomar decisiones y la Provincia resolvió que Junín fuese uno de los lugares descentralizados para realizar los análisis. Para eso, hubo que readaptar las instalaciones de los laboratorios y ajustarse a los protocolos vigentes.
A 112 días del comienzo de esta tarea, las autoridades sanitarias locales muestran su satisfacción por los resultados obtenidos hasta el momento: por estos días se están analizando, en promedio, más de cincuenta muestras diarias (el pico fue de 90 en una jornada), con los resultados siempre dentro de las 24 horas.
Los referentes del CIBA y del HIGA coinciden en que esto se puede lograr porque no se acumulan los pedidos de análisis como en otros lugares, como el AMBA, pero, fundamentalmente, por el trabajo conjunto y coordinado de ambas instituciones.

Cómo llegan las muestras
Los dos laboratorios intervienen en el circuito que deben hacer las muestras para ser analizadas.
De acuerdo a lo establecido, el hospital es la institución que recibe las muestras de todas las ciudades de la Región Sanitaria III, algunas de la II y otras de la X. Llegan normalmente en una ambulancia y, según el protocolo de derivación, deben cumplir determinados criterios, tanto de toma como de envío. “Tienen que trasladarse en un triple envase, denominado ‘Sisteg’, por el riesgo biológico que implica la muestra en sí. Y también debe venir refrigerada, en el volumen apropiado y de la forma correcta como indica el protocolo de Provincia”, explica la bioquímica Jorgelina Suárez quien, junto con su colega Mónica Machain, están a cargo de este proyecto en el laboratorio del HIGA.
Cada día, alrededor de las 20, se reúne todo lo recibido y se hace el trabajo de acondicionamiento. “Se trata de una preparación de las muestras -continúa Suárez- en la que se revisa que estén correctamente rotuladas, que estén en las condiciones que se exigen, y se vuelven a rotular con un código interno que solamente conocemos los involucrados del hospital y del CIBA”.
Las encargadas de acondicionar las muestras son dos bioquímicas, que van todos los días. En total, son cinco integrantes de este laboratorio las que forman parte del equipo que realiza el trabajo con las muestras por Covid-19.

De un laboratorio a otro
Todos los días, a las 8:30, sale la ambulancia del HIGA hasta el CIBA con las muestras que se deben procesar. En el centro de la Unnoba hay un circuito de única dirección establecido para las muestras cuyo primer paso es el ingreso al laboratorio de extracción, donde está la cabina de bioseguridad. “Ahí empieza el proceso de extracción, que es crucial, porque es cuando se obtiene el genoma viral que tiene que estar intacto para que la PCR dé bien”, explica la directora del CIBA, Carolina Cristina.
Una vez obtenido el ARN purificado desde el material del hisopado, se pasa a un segundo laboratorio, dentro del CIBA, donde se hace la amplificación de los genes del virus, que se realiza mediante la técnica PCR (sigla del nombre en inglés que se traduce como reacción en cadena de la polimerasa). “Ese procedimiento, al igual que el anterior, requiere de mucha práctica y cuidados en la manipulación de las muestras. Es una técnica muy sensible, tarda unas tres horas y el termociclador es el que nos da el resultado”, señala Cristina.
El proceso completo puede demorar entre seis u ocho horas, dependiendo de la cantidad de muestras que se procesen.
A partir de allí, se emite un informe que se le pasa al HIGA en el que se especifica si es Covid detectable o no detectable. Cristina puntualiza que “es el hospital el que valida los valores con la historia clínica de cada paciente, y es ahí donde se diagnostica el Covid-19 positivo o negativo”. Para eso se tiene en cuenta, además del informe, los síntomas, el contacto estrecho y el resto de los datos que están incluidos en la planilla clínico epidemiológica con la que llegó la muestra al HIGA.
Finalmente, personal del hospital es el encargado lo incorporar el resultado al Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentina (SISA).
En el CIBA hay armados cuatro grupos de cuatro integrantes cada uno, y concurren de a dos grupos por día. La modalidad laboral es de dos días por dos: trabajan dos y descansan otros tantos, de manera rotativa.
“Pero además de estos grupos técnicos y de la administración del CIBA hay mucho apoyo de otras áreas de la universidad –añade Cristina– como Contrataciones, por si se necesita algo de urgencia; Mantenimiento, para resolver temas de electricidad (tenemos muchos equipos funcionando en forma continua para esta tarea); Informática por conectividad y otros; Limpieza, que se amoldan a nuestros horarios, porque a veces terminamos a las cinco de la tarde, pero cuando las muestras son muchas lo hacemos a la noche, y esto debe desinfectarse sí o sí; Planeamiento nos asiste también; así que hay un gran compromiso de mucho personal de la Unnoba en esta tarea”.

Trabajo articulado
Como quedó dicho, las autoridades de ambas instituciones destacan el trabajo conjunto. Eso se ve, en primer lugar, en el hecho de que cada grupo del CIBA cuenta con tres integrantes de ese centro y una bioquímica del hospital.
Otro escenario en el que se advierte cómo es la articulación entre ambos se observa cuando no hay un resultado contundente después de procesar la muestra. “A veces es muy claro y en otras ocasiones hay que verlo y analizarlo bien en conjunto con los profesionales del hospital y de los distritos que enviaron la muestra”, afirma Cristina.
En el mismo sentido, Suárez explica que, a partir del resultado que genera el CIBA, en ocasiones hay que hacer una interpretación clínico epidemiológica: “Somos dos profesionales del hospital las que hacemos eso y cualquier resultado que no sea taxativo es charlado entre nosotras y con Carolina. Hay un ida y vuelta muy fluido, y si es necesario se pide una nueva muestra, o se repite el análisis con la misma, o se espera unos días para repetir, lo que haga falta de acuerdo a cada caso. La comunicación entre los dos laboratorios es muy buena y es importante no estar solo para tomar estas decisiones en un momento tan delicado”.

Los riesgos
Al ingresar al CIBA, los técnicos y profesionales que trabajan en el análisis de las muestras por Covid-19 se quitan la ropa de calle y se ponen un ambo. Luego realizan algunas tareas administrativas, imprimen las planillas y preparan los insumos que van a utilizar.
Para hacer su trabajo específico, los que se desempeñan en el laboratorio de extracción se colocan la indumentaria pertinente: camisolín hidrorepelente, cofia, barbijo N95, otro barbijo quirúrgico arriba, máscara facial y doble guante.
La indumentaria es similar (con pequeñas variaciones) tanto en el segundo laboratorio del CIBA como en el del hospital.
Es decir que cuentan con todas las medidas de prevención que indican los protocolos. “Con los elementos de protección que tenemos y por la manera que está organizado el laboratorio, diría que el riesgo es prácticamente nulo”, señala Alejandra Brandone, bioquímica del hospital que se desempeña en uno de los grupos del CIBA.
En el caso del HIGA, Suárez indica que “el riesgo es mínimo porque no se toma contacto con la muestra sino con el tubo que la contiene”. No obstante, se trabaja dentro de una cabina de bioseguridad con todos los elementos de protección, como si se estuviera haciendo una extracción.

Desafíos y responsabilidad
Una constante entre quienes se desempeñan en esta tarea es la de aceptarla como una gran responsabilidad, en donde el estrés se compensa con la satisfacción de estar a la altura del desafío.
“Estoy acostumbrada a trabajar en sectores críticos -cuenta Brandone-, de hecho, hago guardia y por ahí llega un paciente con un paro cardiorrespiratorio y hay que responder al instante, ese estrés no lo siento acá por la experiencia que tengo. Lo más estresante sí podría ser el responder y tener todo a tiempo, para que las instituciones puedan manejarse bien. El nerviosismo pasa por la cantidad de muestras, o si algún distrito tiene una diseminación”.
Su compañero en el laboratorio de extracción, el técnico en análisis clínicos y actual bioterista del CIBA Gastón Villafañe, coincide en que, a partir de su vasta experiencia en el sistema sanitario, este trabajo, lejos de ser estresante, le resulta satisfactorio. “De todo lo que hice en la Salud, esto es como si me hubieran llamado para jugar en la Selección”, grafica.
El investigador del Conicet Rodrigo Hernández Del Pino coincide en que están afrontando “una responsabilidad que uno, en su momento, no se imaginaba”. Y profundiza: “Desde el primer minuto no dudamos en tratar de responder y colaborar en lo que sea. Es, de alguna manera, poder volcar lo que uno aprendió en la universidad y aplicar esas herramientas para el bien de la sociedad o para contribuir con la comunidad. El nerviosismo pasa por esperar que las curvas no suban y que no haya casos, cuando empiezan a verse los positivos, ahí uno se angustia porque ve cómo avanza”.
Algo similar a lo que plantea Laureano Español, becario de investigación de la Unnoba. “Desde que llegó el virus uno, estando en el área de investigación, se sentía con ganas de contribuir. Desde un primer momento no dudé en sumar y colaborar; además, se toman las medidas necesarias para que estemos protegidos”.
“Es un desafío –asegura Suárez–, y estamos brindando un servicio que está funcionando muy bien, básicamente por la comunicación entre el CIBA y el hospital, y también agregaría a la Región Sanitaria III. En pocos lugares de la Provincia existe la respuesta de un día para el otro como sucede acá. Lo positivo es que empezamos en abril y con muy pocas muestras, lo que nos dio tiempo a prepararnos y a ir avanzando de a poco para este momento. Eso nos ayudó a formarnos como grupo y a aprender mucho”.
“A su vez, recibimos indicaciones y actualizaciones permanentes desde el ministerio de Salud de la Provincia, además de la coordinación constante que se hace con ellos para el traslado de los kits hasta el CIBA”, comenta Cristina.
Finalmente, la titular del laboratorio de la universidad insiste en valorar el trabajo en equipo entre el HIGA y el CIBA: “Nos complementamos y esta es la mejor manera con la que pudimos obtener estos resultados, que son impecables, gracias a que hay una perfecta organización y hay un trabajo de mucha responsabilidad de todos los profesionales del HIGA, de la Unnoba y del Conicet. Es un placer trabajar con este grupo, poder devolverle a la sociedad todo lo que se construyó en este centro en la universidad, y estrechar el lazo con los bioquímicos del hospital, lo que nos permite proyectar mucho más trabajo conjunto en el futuro”.

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