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Apasionado por los fierros, como piloto Málek Fara fue campeón en las categorías Sport Prototipo y GT 2000.
VENDEDOR DE VEHÍCULOS DE ALTA GAMA

Málek Fara: A toda velocidad y en autos de lujo

Hace casi dos décadas que comercializa súper deportivos. Es CEO de una empresa que importa Ferrari y representante oficial de Maserati, también vende Lamborghini. Como piloto, fue campeón en las categorías Sport Prototipo y GT 2000.

Como sucede con los autos, la vida suele ir en la dirección que uno la conduce y a la velocidad a la que uno acelera. Así debía sentirlo Málek Fara en aquel año 2003, con su diploma de médico recién recibido, mientras pensaba qué destino tomar. Había llegado a una encrucijada y debía decidir: ¿estaba dispuesto a dedicar doce años más para especializarse como cardiocirujano?
Supo que no debía apurarse en resolver ese tema, entonces apretó el freno y eligió un atajo: decidió tomarse un año para pensar. Así lo hizo y la compraventa de autos, que había empezado como una actividad paralela e informal en su tiempo de estudiante, terminó por convertirse en una pasión que lo tomó por completo y lo llevó a ser uno de los referentes en la comercialización de vehículos deportivos de alta gama, hoy representante exclusivo de Maserati, e importador de Ferrari y Lamborghini.

“En la segunda venta me di cuenta que me gustaban los importados”.

La medicina y después
Nacido en Junín, hijo de un médico y una docente, Fara es el mayor de cuatro hermanos.
Si bien siempre sintió atracción por “los fierros”, esa inclinación no venía de familia ni por herencia. “De chico quise correr en autos, pero no me dejaban. Yo era obediente con esas cosas que me decían mis padres”, recuerda.
Así las cosas, cuando terminó su escolaridad en el Colegio Normal se fue a estudiar Medicina a Buenos Aires. Con el egreso, llegaron las dudas y la decisión de tomarse un año para pensar.
“Para ese entonces yo ya había empezado a comprar y vender algunos autos –cuenta Málek–, entonces seguí haciendo eso y fue un clic en el rumbo de mi vida, porque el resultado económico había superado completamente mis expectativas”.

“Uno en un súper deportivo plasma muchas cosas, más allá del auto”.

Piloto
Siempre apasionado por los autos, se inscribió en la Escuela de Pilotos de José Valentín Bianchi. Metódico y tenaz, durante todo un año estuvo yendo dos veces por semana al Autódromo de Buenos Aires.
Empezó a correr en 2005, en la categoría Sport Prototipo. Entre 2006 y mediados de 2008 estuvo en la Fórmula 1000. Luego volvió a Sport Prototipo, donde salió campeón en los años 2010 y 2011. A la vez, en 2010 también comenzó a participar en GT 2000, categoría en la que permaneció hasta 2016: “Salí campeón 2011, 2012 y 2013, también en 2015 pero ahí me robaron en la técnica, y en 2016 vuelvo a salir campeón, me quisieron volver a voltear y no pudieron, entonces me fui”.
En 2017 no compitió y retomó la actividad en la Fórmula 4 en 2018, donde todavía permanece.

Empresario
Todo el periplo como piloto transcurría mientras se consolidaba su perfil empresarial en la compraventa de automóviles, siempre de alta gama. “Ya al segundo o tercero que vendí, me di cuenta de que me gustaban los importados, sobre todo, los Mercedes Benz. Por eso me incliné hacia esa marca”, comenta.
En el año 2005 se compró su primera Ferrari. Fue un hito para él porque pensó que iba a perder dinero y, cuando la vendió, terminó ganando. “Me di cuenta de que debía seguir por ahí, porque son los autos que más me gustan, y con operaciones redituables”, cuenta. Por eso se enfocó en el segmento de los súper deportivos.
Así lo hizo durante muchos años. En 2016 se acercó al Grupo Modena y terminó adquiriendo el 50%. Hoy es el CEO de Modena Auto Sport. “Ellos venían complicados con el desarrollo de Ferrari y con Maserati no habían hecho nada –explica–, entonces yo seguí importando Ferrari y desarrollé en profundidad Maserati”.
Pero los iniciativas de comercialización no terminan allí, ya que hace no mucho tiempo que está abocado a un proyecto de expansión de bienes de lujo, sobre todo vehículos, y está importando Lamborghini más otras marcas que va a seguir sumando en lo sucesivo.

“Nadie necesita una Ferrari para ir a trabajar todos los días, entonces, cuando me contacta la persona viene a adquirir un objeto de deseo”.

La venta de alta gama
Fara habla con absoluta naturalidad del mundo de la venta de productos suntuosos, como lo son los autos que ofrece. “No deja de ser una transacción comercial”, afirma despreocupado, aunque aclara que el rubro tiene sus particularidades: “Nadie necesita una Ferrari para ir a trabajar todos los días, entonces, lo que la persona viene a adquirir es un objeto de deseo, con toda la connotación psicológica que conlleva. Es decir que en ese acto se está plasmando mucho más que la compra de un vehículo”.
Entre sus clientes hay distintos tipos de perfiles: los que pueden sentirse atraídos por esos autos para diferenciarse de sus amigos, para sentir cómo aceleran o, como quedó dicho, como un objeto de deseo. “Hay de todo”, simplifica Málek.
Con todo, asevera que, cuando cierra una operación y entrega el vehículo, más allá del rédito económico, a él le da “mucha satisfacción en lo personal”.
Es que, en definitiva, los automóviles son su pasión: “A mí me gusta mucho manejar y acelerarlos. En un súper deportivo uno plasma muchas cosas, más allá de lo que es el auto en sí mismo, es el logro, el haber podido materializarlo, el haber hecho las cosas bien, que es lo que te permitió llegar a eso. Y si algún día voy a algún lado en una Ferrari cero kilómetro, siento que reafirmo todo eso”.

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