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Atilio y Darío Bottazzi repasan la historia de su tradicional comercio que tiene más de cien años de trayectoria.
RECONOCIDOS COMERCIANTES DE NUESTRO MEDIO

Darío y Atilio Bottazzi: “La nuestra sigue siendo una empresa familiar”

Padre e hijo repasan la historia de su tradicional comercio, que arrancó en el año 1900 como un almacén de ramos generales y se reconvirtió hasta asentarse en la venta de neumáticos y servicios asociados.

Ernesto Bottazzi tenía catorce años cuando migró a la Argentina, en el año 1900. Al poco tiempo, y una vez instalado en Junín, abrió un almacén de ramos generales, ubicado en Alsina y Alberdi.
Fue en 1905 cuando compró el lote en lo que hoy es Benito de Miguel y Arenales y, unos meses más tarde, ya había empezado a edificar. Ya en 1911, cuando nació su hijo Alberto, el almacén estaba en el lugar que había comprado.
En los años 20, cuando aparecieron los primeros automóviles, Bottazzi empezó a vender neumáticos, aunque era un rubro más dentro de los muchos que tenía en su negocio. Pero a medida que se fueron sumando más unidades a aquel incipiente parque automotor, incorporó la venta de otros artículos vinculados, como aceite o combustible: de hecho, el primer surtidor que hubo en Junín estaba en esa equina.

Siempre fue importante la inversión en el negocio. Atilio y Darío Bottazzi. Comerciantes.

La única clave para mantenerse son las ganas de trabajar. Atilio y Darío Bottazzi. Comerciantes.

Con el tiempo tomó la representación de Shell con todos sus combustibles y el almacén empezó a quedar cada vez más relegado dentro del local. Y ya en la década del 50 predominaba todo lo que tenía que ver con los automóviles.

Darío y Atilio
Alberto Bottazzi no trabajó mucho en la empresa familiar, pero sí se sumó enseguida su hijo Darío, es decir, el nieto de Ernesto.
A finales de los 50 Darío, ya a cargo del lugar, se dedicó de lleno a la parte de automotores, con un fuerte acento en lubricación, combustibles y neumáticos. En ese entonces era una multimarca y así se mantuvo, hasta que en los 70 Good Year trajo de Estados Unidos el modelo de distribución oficial y Bottazzi quedó como representante de la marca en Junín.
“En ese momento teníamos toda la línea: productos industriales, neumáticos de autos, camionetas, camiones y agrícolas, cámaras y protectores”, recuerda Darío.
A fines de los 70 empezaron a dejar de lado los lubricantes y se dedicaron exclusivamente a los neumáticos.
En 1991 se incorporó formalmente Atilio Bottazzi, cuarta generación dentro de este proyecto. “Y ya estamos pensando en una quinta generación”, dice entre risas el propio Darío, ya que sus hijos, todavía chicos, disfrutan de ir “al taller” con su padre y su abuelo.
Así se consolidó una firma de más de cien años de una trayectoria comercial intachable.

Su actividad
Darío y Atilio remarcan que, para ellos, “siempre fue importante la inversión en el negocio, no solamente para estar a la vanguardia de la tecnología y actualizados en la maquinaria, sino que también supimos diversificarnos”.
Y, además, el acompañamiento de la marca que representan fue fundamental: “Good Year es una empresa que siempre dio apoyo en los momentos difíciles y hay que destacar, también, el aspecto humano”.
En cuanto a los pormenores de la actividad, sostienen que, con el tiempo, el consumo y el mercado se fueron modificando. “Hoy hay mucha variedad –explica Atilio– y se desarrollaron las marcas asiáticas, que en algunos casos hacen productos de buena calidad, pero siempre a muy bajo costo y es necesario diferenciarse de eso. Entonces hay que mostrar que el neumático de uno es superior, tanto en rendimiento como en seguridad, por lo que se hace foco en la calidad de lo que uno tiene. Good Year es una marca asociada a la innovación, es la neumatiquera que más patentes de desarrollos de neumáticos tiene en el mundo y siempre está con la tecnología de punta y pensando a veinte años a futuro”.
Bottazzi tiene un impacto importante en el mercado local, trabajando mucho con el campo. “Hace mucho que estamos enfocados en el agro y tenemos el servicio de instalación de neumáticos en el campo, directamente”, comenta Atilio. No obstante, su influencia abarca una zona que excede largamente los límites del partido: “Junín tiene una gran incidencia en la zona, es un centro de referencia muy importante. Nosotros estamos llegando desde Villegas, en el oeste, hasta San Pedro o Zárate, contra el río, es decir que hacemos casi 250 kilómetros para cada lado desde Junín”.

Empresa familiar
Más allá del crecimiento, Atilio destaca el rumbo que mantuvo su comercio: “Esta sigue siendo una empresa familiar, continuamos con mi papá, y algún día estarán mis hijos, son chicos pero ya quieren estar. La relación con los empleados es muy cercana y creo que no hay muchas empresas en Junín con la cuarta generación trabajando en el lugar”.
Mientras escucha el relato de su hijo, Darío mira a su alrededor, disfruta de lo que supo conseguir y responde cuál es el secreto para haber perdurado durante tanto tiempo: “La única clave para mantenerse son las ganas de trabajar”.
Y en seguida Atilio agrega: “Ahora quedan por delante los desafíos que siempre tenemos en este país. No es un momento fácil, pero hemos salido de tantas situaciones que vamos a salir una vez más. Argentina tiene un poderío económico importantísimo, así que con un administrador que organice las cuentas del país podemos revertir este momento también”.

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